Detrás de la falta de relevo generacional
Entre dos mares: cuando los pescadores renuncian al legado familiar en busca de un futuro mejor
El oficio de la pesca, transmitido durante generaciones, pierde fuerza en un contexto marcado por la falta de recursos marinos, la caída de los ingresos y las trabas administrativas. Las nuevas generaciones realizan un cambio de rumbo en la procura de mejores oportunidades laborales.

Javier Costa y su hijo David en la proa de su barco. / Gonzalo Núñez
Ser marinero es a menudo una profesión heredada. Desde jóvenes, los hijos solían acompañar a sus padres al trabajo y aprender el oficio. Una cadena en la que el conocimiento no se extraía de los libros, sino que se aprendía en la cubierta del barco. Sin embargo, con mayor frecuencia las nuevas generaciones se desligan del negocio familiar, ya sea por motivos económicos o por dedicarse a otro oficio que les guste más. Entre esas dos mareas, quedarse y continuar con el legado familiar o marcharse en busca de un futuro mejor, navega David Costa.
Su padre, Javier Costa, el patrón mayor de Cangas, empezó en la pesca artesanal a los 14 años, sumando una generación más de marineros a la lista. «Para mí el barco es una empresa, el vínculo de mi trabajo con el mar», defiende. En esa misma embarcación creció profesionalmente David, que lleva «desde los 16 años hasta ahora, con 33», dedicándose a la pesca artesanal junto con su padre. Ambos representan dos formas de ver la vida. Javier decidió quedarse, David irse. «No fue algo que me planteé, simplemente surgió. Este va a ser el primer año que no vaya con él al mar porque embarco en mayo y vuelvo en septiembre», confiesa.
El pequeño Costa decidió aspirar a ser oficial de puente y actualmente está en el periodo de prácticas, renunciando así a coger el relevo de su predecesor. Aunque «en un primer momento pensaba hacerlo», defiende que los tiempos cambiaron y que la pesca artesanal «da para vivir pero no para que trabaje con él, hacer una casa y tener una familia». «No es rentable», concluye.
«Obviamente me da mucha pena no ir con mi padre al mar, pero llega un momento en el que tienes que decidir y voy a ganar más dinero en la altura. Ahora no hay marcha atrás», proclama el futuro oficial. Pese a que en un principio a Javier «le costó mucho» enfrentar esta decisión, David señala que con el tiempo «se dio cuenta de que aquí no tenía futuro». Considera que antes se ganaba mucho dinero y duraba, mientras que ahora ganas menos y no dura. «Me acuerdo de un día que hice la declaración de la renta y al ver la facturación me di cuenta de que el año que más gané con mi padre no sería ni siquiera la mitad de lo que ganaría de oficial», manifiesta.

Los marineros dentro de la embarcación atracada en Cangas. / Gonzalo Núñez
«Me sentí frustrado. Soy una persona que lleva doce años de patrón mayor luchando lo que no está escrito para que la pesca artesanal tuviera un trato diferenciado, pero a la larga lo tienes que aceptar porque lo analizas fríamente y aquí no va a ser capaz de alcanzar sus objetivos económicos», lamenta Javier, que ya vivió la emigración de primera mano anteriormente con sus tíos: «Algunos se fueron a Venezuela, otros a la mercante y otros a la pesca. Yo seguí los pasos de mi padre, preferí trabajar más y quedarme aquí».
Plan de pensiones
Los marineros que tienen un barco siempre albergan la esperanza de un relevo generacional, pero cuando esto no sucede consideran a la embarcación su «plan de pensiones». «Antiguamente, el que tenía un barquito y se jubilaba, lo vendía y ese dinero era como un plan de jubilación», explica el patrón mayor de Cangas. Era una inversión que a la larga suponía una considerable suma de dinero.
Javier considera que «en 15 o 20 años se perdió totalmente el relevo generacional». La causa para él es evidente. «La mayoría de los de mi edad le tenemos ese amor al mar porque desde muy jóvenes ibas con tu padre y te involucrabas en esa vida. Ahora hay muchas normativas y burocracia que hicieron que se perdiera ese relevo». Por ello, lanza un mensaje claro a las instituciones públicas: «Si no se fomentan y se facilitan las cosas para que la gente se vincule al mar, se pierde el relevo generacional».
El contexto ha cambiado y, debido a esta falta de interés por parte de los más jóvenes, el destino final puede ser muy diferente: «Al final, lo que tendré que hacer, como no hay relevo generacional y nadie se quiere meter en este tipo de embarcaciones, será llamar a Sogama y que me desguace el barco», expresa Javier.
Pesca de supervivencia
La escasez de recursos en el mar es una problemática de la que llevan alertando varios expertos en los últimos años. «Hoy en día cuesta bastante vivir con un barco como el mío. Distintas variedades de pescado y marisco están desapareciendo. Después de once años trabajando a palangre, tuve que apostar por los miños —un arte de malla— porque mi objetivo escaseó. También cuesta porque cada vez hay más leyes y especies que no puedes pescar», asegura el mayor de los Costa. «Estos factores —relata— van en contra de la pesca artesanal». Por eso, la define como «una pesca de supervivencia».
«Somos una pesquería que vivimos de lotes. Cuando hay buen tiempo podemos salir, pescar y facturar para darle de comer a nuestras familias. Pero a veces, como en este invierno, echamos quincenas o treintenas sin poder salir al mar», manifiesta. Durante ese tiempo que dejan de trabajar, los marineros no tienen ingresos. Esta situación impulsó a David a mantenerse firme en su pensamiento. Ejemplifica que «si en un mes no ganas nada y al otro 1.500 euros, son de media 750 euros al mes y con eso no tienes vida».
Además, la situación internacional derivaba del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ha disparado el precio del gasóleo, que «hace casi un mes estaba a 0,57 euros el litro y ahora a 1,20», por lo que el coste es el más del doble. Atendiendo a estadísticas de ventas, el patrón alega que «en comparación con otros años, las últimas son brutales pero no son reales porque antes se vendía todo en B y no había registros. Ibas a la lonja, vendías por lotes y allí no se apuntaba nada. Era un mercado de tú a tú. Luego se fueron fiscalizando mucho más las cosas».
Un sector «muy vulnerable»
Los navegantes hacen hincapié en la significativa disminución de los recursos marinos. «Desde que empecé, no para de ir a menos. Me acuerdo que en los primeros años mirabas volumen y se pescaba muchísimo más», asegura David. Atendiendo a las causas de esta reducción, «muchos hablan de cambio climático, de sobreexplotación... Otros decimos que nos vendieron un saneamiento integral de todas las depuradoras de la costa que no están cumpliendo y están realizando vertidos ilegales que hacen que las especies desaparezcan», proclama Javier. Su hijo refuerza esta idea: «No me creo que en esta ría, con la flota que tiene, haya sobrepesca. Tiene que ver con la contaminación, que baja la fertilidad de las aguas».
Otro aspecto que considera clave es que «no se hace un paro biológico». «Hay un foco central en torno a enero, febrero y marzo donde el 80% de las especies desovan y en esos meses no se para de pescar. Mi padre en estas fechas está pescando más que otros años y creo que es porque, a causa de los temporales, los marineros no pudieron salir esos meses. Realmente ganas porque paras de pescar un mes, pero a la larga vas a trabajar menos y a pescar más. Eso se comprobó este año», argumenta.
Además, critican la falta de apoyo institucional y la «presión burocrática» que sufre el sector «porque la pesca artesanal es una pesquería en la que cualquier autoridad puede multar: la Guardia Civil, los guardacostas de la Xunta de Galicia, los inspectores del mapa, Seprona, la Policía Nacional… Somos un sector muy vulnerable», se queja el patrón mayor. «Los guardacostas nunca van a denunciar un vertido ilegal de una depuradora, pero están esperando a que tú cometas una ilegalidad para ponerte una multa», zanja David Costa.
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