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Campaña

La interprofesional del palangre volverá a recaudar fondos entre la flota para promocionar el consumo de pez espada y tiburón

«Se ha conseguido poner en marcha una iniciativa necesaria para el sector», señala el nuevo director de Interfish-España, Sergio Acevedo: «Las especies y pesquerías que representamos han estado, en muchos casos, sujetas a percepciones alejadas de la realidad»

Tripulantes de un palangrero gallego izan un ejemplar de pez espada.

Tripulantes de un palangrero gallego izan un ejemplar de pez espada. / Orpagu

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Vigo

Interfish-España puso «toda la carne en el asador» hace un año con una campaña histórica dirigida a relanzar el consumo de pescado. Por primera vez, la flota accedió a destinar una parte de los ingresos procedentes de sus capturas a promocionar especies como la tintorera, el pez espada y el marrajo, con el objetivo de revertir «una pendiente de caída que no reacciona. Y dar un ejemplo, también, para responsabilizar a las administraciones y al conjunto del sector».

La idea era recaudar 200.000 euros destinando solo unos céntimos por kilo para dedicarlos, en exclusiva, a incentivar las ventas, en caída libre en un escenario más que delicado, de generosos sobrecostes e ínfima rentabilidad. «Lo hacemos en el peor momento, pero es también el momento más necesario», admitía en una entrevista con FARO el presidente de la entidad, Joaquín Cadilla. «La responsabilidad es que esos fondos sean eficaces. Que dentro de un tiempo podamos decir que esta herramienta fue útil y sirve», aseguraba.

Han pasado 12 meses y puede decirse que «el balance de este primer año es positivo», reconoce Sergio Acevedo, el nuevo director gerente de la única interprofesional pesquera de España. «Se ha conseguido poner en marcha una iniciativa necesaria para el sector, que permite por primera vez canalizar de forma conjunta recursos destinados a la promoción del consumo de pescado», añade, poniendo en valor el compromiso de todos los armadores que han participado por ser «pioneros, proactivos y destinar recursos aun cuando la situación no es fácil».

Integrada por las organizaciones de productores de A Guarda (Orpagu), Burela (OPP-7) y Marín (Opromar), y con Conxemar como representante de la rama comercializadora y transformadora, la entidad repetirá en 2026 la misma iniciativa para tratar de llevar a más platos el pez espada y el tiburón, siguiendo así el camino emprendido hasta ahora y que se salda, de momento, con su participación en diversas ferias y eventos sectoriales, el lanzamiento de la campaña Pescados Protectores o la elaboración del primer decálogo científico sobre los beneficios del pescado.

«Las especies y pesquerías representadas por Interfish han estado, en muchos casos, sujetas a percepciones alejadas de la realidad. Para revertir esta situación, es fundamental comunicar de forma abierta y transparente. Solo así se puede generar cercanía, mejorar la percepción y, en consecuencia, reforzar el valor del producto», subraya Acevedo, que prevé una mayor aceptación social de la medida conforme pase el tiempo: «Se trata de un enfoque novedoso que, como es lógico, como todo proyecto, requiere un proceso inicial de adaptación y convencimiento. No obstante, a pesar de que solo ha transcurrido un año, resulta muy positivo observar cómo este proceso va madurando».

«Es un modelo reconocido por las propias administraciones», subrayaba por su parte Cadilla durante su entrevista con FARO en mayo de 2025, asegurando que en el sector primario (ganadería y agricultura) ya existían estructuras consolidadas para promocionar ciertas especies con fondos propios del sector. «Y si ven que los productores, en momentos de dificultad, destinan parte de sus ingresos a incentivar el consumo y defender su actividad, quizás entiendan que también debería haber más apoyo institucional», remataba.

El palangre lleva varios años sufriendo una crisis de rentabilidad marcada por la caída de las ventas, la fuerte competencia low cost procedente del extranjero y la necesaria adecuación de los márgenes de la gran distribución, que vende tres e incluso cuatro veces más caro el producto que compra a los productores al filo de los costes. A ello se suma la «demonización» de la actividad pesquera y sus consecuencias, así como la preocupación actual por conseguir cebo suficiente y económico para poder seguir pescando ante la escasez de caballa.

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