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Pesca internacional

La depredación en el caladero de Mauritania: flota gallega alza la voz contra las prácticas de buques turcos

La pesca industrial turca irrumpió en el caladero mauritano hace diez años con licencias para especies pelágicas antes reservadas a la flota artesanal

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

Vistos desde el aire parecen espinas. Son cientos, miles los barcos artesanales (o pirogues) abarloados entre sí en el puerto pesquero de Nuadibú, la segunda mayor ciudad de Mauritania. Una urbe en la que esta flota tiene que convivir con la actividad industrial de pesqueros especializados en cefalópodos y, desde hace algunos años, con arrastreros pelágicos que explotan el recurso que antes estaba reservado a los pescadores locales. Entre ellos, un batallón de buques de pabellón turco. O gigantes como el Right Whale, de bandera de conveniencia (Ghana), el arrastrero que el año pasado se llevó por delante al Tafra 3, con capital vigués; murieron cinco marineros.

Pirogues o cayucos de pesca artesanal en Nuadibú

Pirogues o cayucos de pesca artesanal en Nuadibú / Google Maps

La fiebre de la harina de pescado es lo que ha masificado las aguas de la República Islámica de Mauritania en los últimos años. La especie preferida para este negocio es la sardina marroquí, sardinela redonda o sardinela plana, por su elevada concentración de aceite y proteína. «La presión sobre estas poblaciones ha aumentado aún más no solo por la aparición de fábricas de harina y aceite de pescado en algunos países, sino también por la llegada de cerqueros semiindustriales y arrastreros pelágicos», reza un estudio divulgado en la publicación Fisheries Research, de enero de 2024.

Hacen falta cinco kilos de pescado para obtener un kilo de harina, lo que empuja a este tipo de flotas a subir a bordo todo tipo de tallas. Legales o no. El capitán de uno de los barcos que opera en la zona da cuenta, con imágenes, de cómo no respetan los tamaños mínimos. «La talla mínima de sardina marroquí es de 16 centímetros»; las fotos que envía desde su pesquero, de este mismo miércoles, acreditan la ilegalidad. Uno de los barcos identificados, como se aprecia en las imágenes, es el Turkmenler, cuyo propietario acreditado es el grupo Turkmen, con sede fiscal en Estambul. Tiene 35 metros de eslora.

Opera sin parar: solo en el último mes ha acudido al puerto de Nuadibú a descargar en nueve ocasiones, de mañana o de tarde.

El caladero

Mauritania ha captado en los últimos años importantes inversiones de capital gallego para la pesca regulada de cefalópodos. Compañías como PescapuertaPereira Baipesca han reforzado su capacidad, con socios locales, y buques como los ex Monte VíosManuel MascatoBalamidaAvedalRamos Primero o Portomayor. El problema, indican patrones consultados, es la actividad de flota pelágica de gran capacidad que ha elevado la presión sobre las pesquerías a un nivel «insostenible». ONG locales han defendido la confiscación de barcos turcos por operar en áreas protegidas como el Banco de Arguin.

«La sardina marroquí es migratoria pero cada año se ven menos. La ronde está igual. Lo demás, jurel y la caballa, ya casi no se encuentran». La vida se apaga para acabar en polvo, en harina, porque estos cerqueros ni siquiera tienen capacidad efectiva de congelación a bordo. Todo vale para la trituradora.

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