Marco legal
Los observadores marinos atan los primeros cabos de su convenio colectivo para considerar «jornada laboral» todo el periodo de embarque
Apocm pone el foco en el salario, pero también en los seguros por accidente y la formación en seguridad: «Hemos estado muchos años haciendo los cursos de prevención de riesgos que se imparten en las oficinas»
Los profesionales piden conocer de antemano el barco en el que trabajarán para poder rechazarlo si tiene «unas condiciones de trabajo horribles», además de instaurar «medios reales» contra el acoso

El observador Orestes Hidalgo, miembro de la junta directiva de Apocm, en una de sus jornadas en alta mar. / FdV
«¿Para qué voy a arriesgar mi vida en el mar por cuatro duros si voy a ganar lo mismo o más en la tienda de al lado de mi casa?», se pregunta el observador Orestes Hidalgo a cientos de kilómetros de tierra, embarcado, en una entrevista telemática con FARO. Lo dice como quien lanza un grito al cielo, aspirando a mejorar las condiciones del colectivo profesional al que pertenece, algo que pelea día a día como miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesionales de la Observación Científica Marina (Apocm). La entidad aborda en estos momentos con especialistas sindicales la revisión del documento de trabajo en el que se han ido incorporando todas las demandas históricas de los trabajadores, que pugnarán por un convenio laboral propio, por ahora inexistente, para dejar de regirse por otros tan disparatados como el de los encuestadores. «Trabajamos en un ambiente hostil, en un entorno en el que hay bastantes posibilidades de sufrir algún tipo de accidente», asegura Hidalgo, matizando que «no es solo una cuestión de salario». «Hay muchas cosas que mejorar».
Una de las grandes reclamaciones que contempla la agrupación, mayoritaria del gremio al representar a más de 200 observadores españoles, pasa por definir sobre el papel lo que debe ser considerado su jornada laboral, hasta ahora sin acotar ni determinar, con carga de trabajo intermitente y supeditada en todo caso al ritmo de la actividad pesquera. Su propuesta es que esta incluya «todo el tiempo que están embarcados», desde que parten hasta que regresan a puerto.
«Si estamos en el barco un mes, estamos ese mes trabajando. Porque al final no nos podemos ir a casa, no podemos desconectar», subraya Hidalgo, que incide en que el convenio que aspiran lograr, no sin antes pasar por un tira y afloja con las administraciones y los empleadores, también persigue «una mejora muy sustancial» de su salario base, actualmente «ridículo», y la inclusión de numerosos complementos que no se tienen en cuenta, como la antigüedad o los pluses de peligrosidad, nocturnidad y penosidad. «No se puede olvidar que somos todos licenciados, con años de experiencia», señala el observador, que celebra el reciente paso dado con el personal autónomo y su inclusión en el Régimen Especial del Mar (REM). Un hito que permitirá a los trabajadores por cuenta propia solicitar formaciones específicas, reconocimientos médicos y hospederías sin temor a que sean denegados y que «abre la puerta» a que, en el futuro, puedan conseguir el coeficiente reductor que tiene la mayoría de los profesionales marítimos, haciendo posible que se jubilen antes.
Formación y acoso
El marco laboral específico que defiende Apocm para los observadores también pone el foco en los seguros por accidente y la formación en seguridad laboral. «Hemos estado muchos años haciendo los cursos de prevención de riesgos que se imparten en las oficinas», denuncian desde la entidad. Los profesionales también piden conocer de antemano el nombre y toda la información del barco en el que trabajarán, para poder rechazarlo si tiene «unas condiciones de habitabilidad pésimas o unas condiciones de trabajo horribles», además de instaurar «medios reales» contra el acoso. Tanto a nivel laboral como sexual, puesto que «más de la mitad del colectivo de observadores son mujeres que trabajan en un medio masculinizado».
«Al no tener un convenio específico en lo nuestro, se nos van aplicando convenios de ingeniería o convenios tan locos como el de encuestador, que obviamente no se ajustan a nada de nuestra realidad diaria», lamenta Hidalgo, que denuncia que en estos momentos «no es viable que esta profesión sobreviva si no se mejoran las cosas». «No entendemos muy bien si se quiere conservar esta profesión, aunque los datos que recabamos los pida Europa. Porque al ritmo al que va, vamos abocados a la desaparición. Porque nadie quiere trabajar así», sentencia.
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