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Desafiando los estereotipos

Ellas también navegan: las alumnas del Instituto Marítimo Pesqueiro de Vigo agarran con firmeza el timón

La evolución de la mujer en el sector marítimo es como una travesía en pleno cambio de marea. Todavía quedan tormentas por superar, pero cada vez son más las que consiguen no ahogarse en los prejuicios y salir a flote, marcando un nuevo rumbo hacia la igualdad. Actualmente, 11 de cada 100 estudiantes del Instituto Marítimo Pesqueiro de Vigo son mujeres.

Alumnas y personal docente del Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico.

Alumnas y personal docente del Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico. / Pedro Mina

Vigo

En un sector mayoritariamente masculinizado como es el marítimo, cada vez más mujeres salen a flote desafiando los estereotipos y luchando por hacerse un hueco en el mundo del mar caracterizado por unas «duras condiciones laborales», pero en el que «son tan válidas como los hombres», tal y como asegura Ana Otero, directora del Instituto Marítimo Pesqueiro do Atlántico, en Vigo.

La presencia de la mujer en este sector ha pasado en los últimos años de estar prácticamente a la deriva a comenzar a coger el timón de su propio rumbo. De los 194 matriculados en el centro durante el curso actual, 22 son mujeres (el 11,34%). Es decir, 11 de cada 100 estudiantes. Se trata de la promoción que registra una mayor proporción femenina. «Desde la pandemia, aumentó mucho el número de alumnas. Hubo años en los que no había ninguna, pero sobre todo en los últimos cinco hubo un repunte», confirma Otero. El porcentaje se duplica en comparación con el curso 2020-2021, cuando se inscribieron diez chicas de un total de 188 anotados (el 5,3%). Los ciclos impartidos se dividen en dos secciones: puente y máquinas. Se aprecia un claro interés femenino por la primera opción, 15 frente a 4, respectivamente.

La directora y la profesora Melisandra junto a las aprendices Valeria, Carla y Antía.

La directora y la profesora Melisandra junto a las aprendices Valeria, Carla Isabel y Antía. / Pedro Mina

Durante años, muchas amantes del mar se quedaban en puerto, frenadas por prejuicios o por la falta de referentes. Hoy, aunque todavía son minoría, ya no se trata de casos aislados, sino de una presencia constante que empieza a consolidarse. «Antes de entrar vienes con la mítica imagen de que es un sector muy rudo y difícil, un trabajo para el que hay que valer porque tienes que estar dispuesta a asumir muchas cosas negativas en tu vida laboral. Al final, llegas aquí y te rodeas de gente que te hace ver el sector de una manera diferente a como se percibe», señala Antía Gómez, una estudiante de máquinas de 20 años. «Una vez que entras te das cuenta de que cualquier persona puede trabajar de esto y te sientes muy cómoda. Pensaba que se necesitaba mucha fuerza, pero es todo lo contrario», comenta su compañera Carla Isabel Lago, de 28 años. «Creo que la gente se está dando cuenta de que es un mundo tanto para mujeres como hombres, vamos avanzando», añade.

Valeria Aguirre abandonó el sector sanitario para cursar el Ciclo Superior de Transporte Marítimo y Pesca de Altura, aún «con muchas dudas y expectativas bajas». Confiesa que al principio «tenía mucho miedo y estaba asustada». Incluso se llegó a replantear no estudiar el ciclo «por si no me integraba bien». Finalmente, la joven de 23 años no se arrepiente de la decisión y lanza un mensaje a las siguientes promociones de mujeres: «No os asustéis y animaros, hay muchas salidas laborales. Los profesores te motivan y son superamables». Las tres alumnas coinciden en que sus compañeros siempre les respetan y les dan su lugar. «Lo normalizamos un montón. Cuando alguno suelta una coletilla o mal comentario, después piden perdón porque se dan cuenta de lo que están diciendo», apunta Antía. Además, «las clases son más graciosas con chicas», opina Valeria.

Mayor implicación

Lejos de hundirse ante las dificultades, las profesoras destacan el interés mostrado por sus alumnas. «Por norma general, las mujeres suelen ser académicamente mejores», afirma Ana Otero. Además, presentan menos absentismo y una menor tasa de abandono. «Me llama la atención como los hombres suelen decir que tienen que llevar al niño al médico, etcétera. Sin embargo, las mujeres no suelen faltar por temas de conciliación», destaca Fátima Díaz, docente de varios módulos del centro y oficial de la Marina Mercante.

Mientras algunos alumnos parecen perder el rumbo, ellas están convencidas de su destino: «Las chicas que vienen aquí tienen muy claro lo que quieren, están concienciadas y luchan por ello», apunta la directora. Antía Gómez es un ejemplo de ello: «Estudiaba Ciencias del Mar en la universidad y me di cuenta de que me gustaba algo más técnico y de trabajo manual».

Visibilidad

El impulso de la presencia femenina no es fruto del azar, sino de un trabajo constante por visibilizar el papel de la mujer en el mar. Desde el Instituto Marítimo se organizan jornadas y visitas para que las nuevas generaciones puedan conocer de cerca esta realidad. «Intentamos darnos a conocer siempre que podemos, le abrimos las puertas a todos los centros que quieran venir», comentan desde dirección, conscientes de que mostrar referentes es clave para que más mujeres se animen a embarcarse en esta aventura. Uno de los próximos eventos será el 19 de mayo, con un acto por streaming sobre la mujer en el mar. «Es una salida profesional en la que hay trabajo y en la que es tan válido un hombre como una mujer», remarca la directora.

Ana Otero, directora del centro.

Ana Otero, directora del centro. / Pedro Mina

La profesora de primeros auxilios, Melisandra Rubio, considera que «debería publicitarse más este sector en las mujeres, con unas imágenes más femeninas y adecuadas». «Por ejemplo, hasta que Pilar Rubio, alguna modelo o actriz famosas no salieron dándole golpes a un saco, en boxeo había muy poquitas chicas. Hubo un aumento de licencias de mujeres a raíz de eso», defiende.

El «boca a boca» también actúa como viento a favor. La existencia de trabajadoras en pequeñas travesías, como en «los barcos que van de Vigo a Cangas o a las Cíes», contribuye a la normalización porque, al igual que en otros ámbitos, ver a mujeres navegando abre camino a quienes dudan si dar el paso.

Corrientes en contra

A pesar de los avances, no todo es 'viento en popa a toda vela'. Persisten obstáculos que dificultan una plena integración. Uno de los más relevantes es el acceso al embarque. «Tengo alumnas que no han podido embarcar por ser mujeres. También hay hombres a los que les cuesta, pero no por ser hombres, sino por otro motivo. Hay armadores e incluso patrones que no les gusta ir con chicas porque piensan que son un problema», relata Fátima Díaz. Aunque reconoce que el sector está cambiando, advierte de que todavía hay mentalidades ancladas en el pasado. Melisandra Rubio confirma la situación: «Se nota la preferencia por los chicos a la hora de hacer las prácticas, a las mujeres las consideran una carga».

Mientras que múltiples empresas consideran un inconveniente que las chicas tengan un camarote propio, varias alumnas recalcan que no tienen problema en compartir espacio con los hombres, siempre que haya respeto, al igual que muchas lo llevan haciendo con sus padres o hermanos toda su vida. «Un barco de altura es una casa y una industria al mismo tiempo, así que hay que tener en cuenta muchos factores psicosociales, emocionales y culturales para poder hacer un cambio de tripulación, independientemente de si van a embarcar mujeres. También se puede dar con los embarques de personas de diferentes culturas», explica Antonia Alfaro, profesora de mecanizado.

Igualmente, existen impedimentos en los equipos de protección individual. «Hay EPIs que no están adaptados a las mujeres porque a veces tallamos menos, lo que hace que las prácticas empeoren», alerta Melisandra. Un problema que afecta a «todos los sectores» porque «ya están estandarizados y conseguirlos diferentes es difícil».

Un clima «muy positivo»

El personal docente del Instituto Marítimo considera que «la dinámica de las clases no ha cambiado». Tampoco se aprecian intereses o enfoques particulares. «Las personas que vienen a la escuela para alcanzar una formación que les permita trabajar tienen unas motivaciones comunes, independientemente del género, raza u orientación sexual», argumenta Antonia Alfaro. La maestra cuenta que con el incremento de mujeres «fue necesario hacer reformas, como incluir vestuarios femeninos y redistribuir los baños».

Eloy Rivas, un alumno de 22 años, valora que el aumento de compañeras en el ciclo «es algo muy positivo para la clase porque mejoran la convivencia y siempre aportan diferentes puntos de vista». «Me parece muy valiente por su parte porque es muy complicado empezar en un lugar donde no es habitual que haya chicas. Son muy importantes para romper los estereotipos tradicionales que hay en este sector», manifiesta.

Eloy Rivas, estudiante del ciclo superior en Transporte marítimo y pesca de altura

Eloy Rivas, estudiante del ciclo superior en Transporte marítimo y pesca de altura. / Pedro Mina

Rivas vaticina que la tendencia se mantendrá en crecimiento, haciendo alusión a la normalización en las nuevas generaciones, «como pasa en el fútbol». «En cambio, los armadores de generaciones anteriores no sé si les da miedo, pero no lo tienen normalizado y les cuesta más. Es cuestión de tiempo, en cuanto se vea que las mujeres son igual de valedoras, no van a tener ningún problema», concluye el joven.

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