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Naufragio

El pesquero de Freiremar «Dorneda» sí se hundió con problemas de estabilidad: la Ciaim no tendrá que rehacer su investigación

Rechazado el contencioso-administrativo formulado por la armadora contra las conclusiones del informe de la Comisión de Investigación, que determinó que el barco colapsó por una vía de agua, que trabajaba «sobrecargado» o que solo tres de los 27 tripulantes tenían todos los títulos y la formación exigida

Fallecieron dos marineros

El pesquero gallego «Dorneda», en una imagen de 2014 con el agua al borde de la patente

El pesquero gallego «Dorneda», en una imagen de 2014 con el agua al borde de la patente / Ciaim

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

El buque pesquero Dorneda fue construido en el año 1988 por el desaparecido astillero coruñés Valiña. Tenía 42,74 metros de eslora y 9,4 de manga, con un arqueo bruto (gross tonnage o GT) de 748 toneladas. Pertenecía a la compañía Centropesca SA, una de las subsidiarias del grupo Freiremar. En la madrugada del 11 de julio de 2018, a más de 300 millas de tierra firme y en medio del Atlántico sudoccidental, se fue a pique con 27 personas a bordo. Dos de ellas, de origen peruano, fallecieron en el siniestro; el cadáver de uno de ellos nunca se recuperó.

En un amplio informe divulgado en 2022, la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim) determinó que el pesquero salió a la mar “sobrecargado e incumpliendo los criterios de estabilidad”, con “buena parte de la tripulación” sin la “formación requerida por la normativa” y con un problema que, finalmente, resultó fatal: la tolva de desperdicios (o trancanil), utilizada para tirar los desechos y por la que entró el agua que inundó el parque de pesca y la sala de máquinas, no se podía cerrar de forma manual debido al “despliegue de equipos para el procesado de la pesca”.

Centropesca formuló un recurso contencioso-administrativo al entender que el informe de la Ciaim contiene «diversas inexactitudes» que deberían motivar su modificación. La armadora realizó una primera reclamación contra la propia Ciaim, que fue desestimada, y el caso llegaría después al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que acaba de confirmar el contenido del documento. El fallo, contra el que cabía recurso de casación, fue emitido el 27 de febrero de este año 2026.

«El objeto del presente recurso [...] es una solicitud de reapertura de la investigación», expone la sentencia, firmada por los magistrados Cristina Cadenas (presidenta del tribunal), Javier Aguayo, Ramón Fernández Flórez y Luis Fernández Antelo (ponente). Pero, determina la sala, no ha sido aportada «nueva información distinta de la que ya constaba en el expediente [...] donde no se observa óbice de invalidez alguno».

Supervivientes del Dorneda, en Argentina. LG.jpg

Supervivientes del Dorneda, en Argentina. / L.G.

El siniestro

Durante la maniobra de largada del aparejo, el patrón advirtió una escora de 5º a estribor, que atribuyó al viento. Entre olas de 3 y 4 metros, el Dorneda se dispuso a virar el copo pasadas tres horas y media. En ese momento, los marineros «advirtieron que entraba agua», tanto en la sala de máquinas como en el parque de pesca, «a través de la tolva de desperdicios» que se encontraba a estribor, «abierta» y «sin poder precisar cuándo ni quién la había abierto».

El buque escoró y la entrada masiva de agua provocó un black out, lo que hizo que el buque se quedara «sin propulsión y sin poder operar sus sistemas». La situación se hizo «insostenible» y el capitán decretó el abandono del buque. El Farruco —de la misma armadora— y otro pesquero, el argentino Beagle I, rescataron a 26 tripulantes, uno de ellos ya fallecido.

La Ciaim indica en su análisis que el barco fue modificado en 2005. En la reforma, la tolva de desperdicios quedó «50 centímetros más cerca del agua» al mantener su emplazamiento original, algo que a juicio de los investigadores «no debería permitirse salvo en circunstancias excepcionales». A ello suman que el grueso de la tripulación «carecía de la formación requerida por la normativa para tripular un buque pesquero de bandera española». De hecho, solo tres de los 27 (era su primer embarque juntos) tenían todos los títulos y la formación exigida.

Sobre la armadora, Freiremar, la Ciaim habla de «una falta de cultura de seguridad» y de «fallos graves en la gestión» de la compañía, «llegando al incumplimiento de la normativa».

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