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Investigación

Las rías gallegas ayudan a confeccionar una guía internacional sobre toxinas marinas: «Tenemos uno de los mejores sistemas de control del mundo»

La publicación, en la que ha participado el IEO de Vigo, ofrece una hoja de ruta para prevenir y gestionar mejor los episodios de contaminación que afectan a las principales especies de moluscos

La investigadora gallega Begoña Ben-Gigirey en las instalaciones del  Centro Oceanográfico de Vigo del IEO.

La investigadora gallega Begoña Ben-Gigirey en las instalaciones del Centro Oceanográfico de Vigo del IEO. / Alba Villar

Vigo

La receta de las rías gallegas contra las toxinas marinas, su know-how y todo el conocimiento científico cultivado durante décadas se han tenido muy en cuenta a la hora de redactar la nueva guía internacional que busca prevenir y abordar mejor los episodios de contaminación que se registran diariamente en todo el mundo, con el objetivo de proteger a las principales especies de moluscos que se destinan al consumo humano. En el trabajo ha participado la investigadora del centro vigués del Instituto Español de Oceanografía (IEO), Begoña Ben-Gigirey, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Unesco y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Una publicación que sienta las bases para que las autoridades y entes reguladores, los laboratorios y las instituciones regionales y nacionales puedan implementar ahora programas de monitoreo, si no tienen, o refuercen los existentes.

Para ello se ha elaborado un documento que permitirá impulsar el desarrollo y la armonización de métodos de muestreo, análisis y gestión en las zonas de producción y recolección de bivalvos. Un paso fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, así como la sostenibilidad del tejido productivo. Y que toma como referencia el seguimiento realizado desde la comunidad autónoma.

«Hay que decir que España, y en particular Galicia, tienen uno de los mejores sistemas de control de toxinas marinas del mundo. Es uno de los más consolidados a nivel internacional y un referente para otros países», indica Ben-Gigirey, que explica que los criterios de vigilancia son establecidos por la legislación europea, que es de obligado cumplimiento para todos los Estados miembros, y a partir de ahí se fijan los niveles máximos de las toxinas marinas reguladas, que son las lipofílicas (diarreicas), las amnésicas y las paralizantes.

«Una combinación de factores»

La supervisión de las rías gallegas es competencia del Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño (Intecmar), que monitoriza su estado periódicamente por si hubiese que decretar algún cierre. Conforme señala la investigadora, el aumento de episodios contaminantes como el que echó el candado durante meses a la mayor parte de los polígonos bateeiros, en la recta final del año pasado, se debe a «una combinación de factores», tanto climáticos como oceanográficos, entre otros, que pueden favorecer que se expandan o que aumente la intensidad de los blooms (afloramiento), como se conoce el crecimiento explosivo y descontrolado de microalgas en el agua.

Estas floraciones algales nocivas tienen un impacto significativo en el sector acuicultor de Galicia, que concentra el grueso de la producción española como consecuencia de la fuerte aportación del mejillón, aunque cada vez menor. Con la guía ya publicada, Ben-Gigirey y su equipo trabajarán ahora en llenar otros «huecos de conocimiento» en el campo de las toxinas marinas, focalizando sus esfuerzos en estudiar la presencia de estas sustancias químicas en invertebrados que no sean bivalvos y también en pescado, crustáceos, equinodermos o gasterópodos.

En paralelo a ello, la investigadora forma parte de un grupo de trabajo que está recopilando información de las toxinas marinas que no están reguladas, como la tetrodotoxina, una potente neurotoxina de origen natural que se encuentra en ciertas especies como el pez globo. «En algún país ya se ha detectado, a niveles bajos, en moluscos bivalvos», detalla. De ahí que sea necesario profundizar sobre el caso para «prevenir intoxicaciones, proteger la salud pública y salvaguardar la seguridad alimentaria».

La publicación firmada por la FAO, la Unesco y la OIEA no habría sido posible tampoco sin la contribución vital de otro gallego: Luis Miguel Botana, catedrático de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y un experto reconocido mundialmente en el campo de las toxinas marinas. Él fue el encargado de confeccionar el borrador de la guía y participó en su elaboración durante todo el proceso.

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