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Buques históricos

El «Jacqueline» se quedó solo: los 3.100 días de espera en Bouzas del palangrero de Freiremar

Junto a este pesquero, que operó como arrastrero bajo el nombre «Croix de Lorraine» y cuya silueta ilustró un sello de San Pedro y Miquelón, han estado abarloados distintos buques de la armadora como el «Faro», «Folías», «Pitufo», o «Festeiro». Tras el desguace del «Feixe», y escoltado ahora por dos unidades en reparación, el viejo «Jacqueline» ya no tiene consigo a sus hermanos. Lleva en el puerto de Vigo, sin destino, desde octubre de 2017

El «Jacqueline F.I.», en el muelle de Bouzas, en Vigo

El «Jacqueline F.I.», en el muelle de Bouzas, en Vigo / L.G.

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

El palangrero de profundidad Jacqueline F.I. (siglas de Falkland Islands) tiene su propio sello postal. O una parte, al menos. El territorio francés de ultramar de San Pedro y Miquelón lo expidió en el año 1976, solo que entonces este buque era un arrastrero ramplero que andaba al bacalao y se llamaba Croix de Lorraine. Así que, en comparación con la esbeltez que exhibía en las cartas, lo que hoy es el Jacqueline dista mucho de aquella época. No solo porque no tiene ya pórtico en la popa, cambió la pintura de su obra muerta y tiene una chimenea que un día fue amarilla: el barco está ajado, pareciera que podrido, y cumple hoy su día 3.100 en el muelle vigués de Bouzas, del que no se ha movido desde el 9 de octubre de 2017 cuando arribó de Montevideo.

Y, además, se ha quedado solo.

A lo largo de los últimos años, en esta sempiterna escala, el Jacqueline F.I. ha estado acompañado por distintas unidades del mismo grupo armador, Freiremar, abarloadas a él o amarradas a popa y proa en esta terminal. Pesqueros como Faro (ex Fula, hoy registrado a nombre de la marroquí Canamer), Foca (de Cephapeche, también con pabellón de Marruecos), Pitufo, Funcho, Farruco o Festeiro. En junio del año pasado se despidió para siempre de uno de aquellos fieles, el Feixe (ex Cieisa Catorce, ex Le Griot y ex Frioleiro), que partió rumbo al puerto asturiano de El Musel, en Gijón, para su desguace en las instalaciones de DDR Vessels. Bajo la disciplina de Freiremar, el Feixe había tenido cuota en NAFO para la pesca de fletán negro y gallineta.

El sello del «Croix de Lorraine», de 1976

El sello del «Croix de Lorraine», de 1976 / Philatelie Marine

Sobre la herrumbre que salpica el casco todavía perseveran las letras de Jacqueline y del que era su puerto base, el Stanley malvino. De lo que ya van quedado apenas jirones es de la tela de la bandera, deshilachada en su resistencia, en una pequeña asta de popa.

Este pesquero ha protagonizado casi que necesarias aventuras dada su extensísima trayectoria: fue construido en Francia en el año 1970 en las instalaciones de Atelieres and Chantiers de La Manche, una compañía ya desaparecida —sería renombrada como Manche Industrie Marine tras un proceso de insolvencia a finales de los años ochenta— ubicada en la región de Normandía. En mayo de 1988, todavía como arrastrero y como Croix de Lorraine, el buque fue arrestado con 21 personas a bordo —cuatro eran funcionarios públicos franceses— acusado de pesca ilegal por las autoridades canadienses. Las crónicas de la época describen la maniobra del pesquero como deliberada porque Francia reclamaba la jurisdicción de las aguas de San Pedro y Miquelón 200 millas mar adentro, pero Canadá solo le reconocía 12 millas.

Los pesqueros «Foca» y «Faro», en una imagen de archivo en Bouzas

Los pesqueros «Foca» y «Faro», en una imagen de archivo en Bouzas / L.G.

En 2005, ya integrado en las filas de Freiremar, el Jacqueline F.I. llenó páginas en la reducida prensa malvina por un complejo procedimiento judicial iniciado contra la armadora Quark Fishing Ltd, participada en más de un 70% por la pesquera española. Era esta sociedad de capital mixto, de hecho, la propietaria del palangrero.

Quark fue acusada de sobreexplotar la pesquería de merluza negra en las Georgias del Sur utilizando no el Jacqueline, sino el Ibsa Quinto, «superando su cuota de 300 toneladas en aproximadamente un 10%», divulgó entonces el periódico Penguin News. El Ibsa Quinto era propiedad de Freiremar; ahora, de acuerdo a la Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés), es de la gallega Vila Pesquera SL, con base en Boiro. La defensa de Quark alegaría que sus barcos habían sido «conejillos de indias» ante la aplicación de un nuevo sistema de contabilización de capturas por las autoridades de las Georgias.

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