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La escasez de caballa deja sin cebo a los barcos gallegos que pescan tiburón y pez espada
La flota palangrera teme que el fuerte descenso de la cuota del pelágico duplique o triplique su precio, lo que mermaría su rentabilidad
Orpagu estudia diferentes opciones para sortear el impacto, como importar xarda del extranjero o usar otras especies como carnada

Pescadores de un palangrero gallego izan un ejemplar de pez espada. / Orpagu
La caballa es, junto a la sardina y el jurel, uno de los tres principales pelágicos que captura la flota basada en Galicia. Es esencial para mantener a flote la economía de los barcos artesanales de menor eslora, como los cerqueros, que prácticamente viven en exclusiva de estas especies, pero también para que puedan pescar los palangreros que faenan en el Atlántico, el Índico y el Pacífico, que cada campaña compran toneladas y toneladas de este pequeño pescado y lo emplean como cebo.
La también llamada xarda (o verdel) es la miñoca que usan los buques gallegos que pescan tiburón y pez espada. Un manjar irresistible para estos grandes depredadores, que devoran los anzuelos arrojados al mar y acaban siendo izados entre varios marineros mientras aguantan su descomunal peso. Porque un solo ejemplar de emperador suele superar los 100 kilos con facilidad y llega a alcanzar los 500, en el mejor de los casos. Uno de tintorera, por su parte, se sitúa entre los 80 y los 200.

Pescadores de un palangrero gallego extraen del mar otro ejemplar de pez espada. / Orpagu
El caso es que la caballa es clave para capturar ambas especies, pero ya el año pasado se le atragantó a la flota palangrera al ser incapaz de conseguir suficiente, al menos al mismo precio. El kilo pasó de estar por debajo del euro a pagarse a más del doble, tras recortarse la cuota disponible. Una situación que el sector advierte que será peor este 2026, teniendo en cuenta que la cantidad máxima que se permite pescar de Scomber scombrus se ha reducido un 70% en la Unión Europea (un 56% en España tras lograr más mediante distintos intercambios), con el objetivo de garantizar la conservación del recurso.
«Solíamos comprar producto nacional, pero no va a haber suficiente para atender el consumo humano y el de las empresas pesqueras», explica Juana Parada, directora gerente de la Organización de Palangreros Guardeses (Orpagu). «No va a haber producto y el poco que haya va a estar tan caro que las empresas que se dedicaban a congelarlo y vendérselo a los barcos igual ya no se arriesgan ni a cogerlo», matiza.
Intento fallido con la sardina
Orpagu cuenta con más de 70 barcos entre sus filas, fundamentalmente espaderos. Su mayor temor es que el fuerte descenso que van a sentir las descargas de caballa duplique de nuevo el precio de la especie e incluso lo triplique, catapultándolo al entorno de los 4, 5 o 6 euros/kilo, lo que mermaría completamente su rentabilidad, puesto que el kilo de pez espada se comercializa en primera venta a aproximadamente 5,5 euros.
Al encarecimiento de la principal especie que el palangre utiliza como carnada (junto a la pota, que ya se ha vuelto «un artículo de lujo») se suma el disparado precio del combustible marítimo, que ya ha superado la barrera del euro por litro en los surtidores de los puertos gallegos. A fin de sortear el impacto relativo al cebo, la asociación guardesa está estudiando diferentes opciones para garantizar que todos los barcos cuentan con producto suficiente esta campaña. Y entre las alternativas está la de importar xarda procedente del extranjero, pero también explorar el uso de otros pelágicos.
El plan B era precisamente este último, con todas las esperanzas depositadas en sustituir la caballa por sardina. Pero el bloqueo de las exportaciones de sardina congelada procedentes de Marruecos y la caída de la cuota en España han acabado por desechar esta opción, ante la dificultad de abastecerse de este recurso.
Lo cierto es que el cebo es un asunto capital para la flota palangrera y supone, tras el carburante y los salarios de la tripulación, uno de sus mayores costes de explotación. Un palangrero puede gastarse entre 60.000 y 150.000 euros por marea, cargando una media de 40 toneladas.
«Esta situación complica la operativa», lamenta Parada, recordando que el sector también está sufriendo problemas de avituallamiento y de relevos en las tripulaciones por el conflicto de Oriente Medio, que ha reconfigurado parte de las rutas marítimas y ha cerrado temporalmente algunos aeropuertos estratégicos.
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