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La conserva gallega sondea alternativas ante la negativa de Marruecos a enviar más sardina

El sector confía en que la UE evite el corte de suministro previsto a partir del 1 de febrero, pero ya se prepara para lo peor

Prevé reforzarse con otros proveedores, colaborar más con la flota española o elevar la producción del resto de especies

Descargas de sardina de barcos marroquíes en el puerto de Dakhla.

Descargas de sardina de barcos marroquíes en el puerto de Dakhla. / Adrián Amoedo

Vigo

La conserva gallega sigue muy de cerca estos días las últimas noticias que llegan desde Marruecos. La intención de Rabat de cancelar las exportaciones de sardina —la tercera especie que más trabaja el sector después del atún y el mejillón— amenaza con dejar sin stock a las principales plantas de la comunidad, España y el resto de la Unión Europea a medio plazo. Y aunque todas las confianzas están depositadas ahora mismo en que el Ejecutivo comunitario logre revertir esta situación, o al menos minimizar el impacto, las empresas también tienen claro cómo blindarse ante el potencial veto, vigente a partir del próximo 1 de febrero.

Poniéndose ya en lo peor, las compañías sondean fuentes alternativas para sortear la interrupción del suministro de Sardina pilchardus, clave para su abastecimiento. Entre las opciones que barajan está importar más de otros países, como Filipinas o Croacia, colaborar más con la flota española o elevar la producción de otros pescados, moluscos y cefalópodos, con el objetivo de paliar el descenso de la facturación procedente de los enlatados elaborados con el pelágico marroquí.

El régimen de Mohamed VI anunció la suspensión provisional de las exportaciones de sardina congelada por un problema de escasez de producto, toda vez que sus descargas se han reducido un 46% entre 2022 y 2024, de las 965.000 toneladas a solo 525.000, como consecuencia del cambio climático, la contaminación y la sobrepesca. La medida llega envuelta de polémica no solo por su aplicación —teniendo en cuenta que supone un quebranto de las relaciones comerciales—, sino por el contexto. Y es que Rabat se prepara para dejar entrar en sus aguas a la flota rusa para pescar esta y otras especies durante los próximos cuatro años. Un cupo de entre 90.000 y 100.000 toneladas anuales a cambio de 6,6 millones de euros por ejercicio, así como un pago extra equivalente a una parte del valor de las capturas.

Operarias de una planta consevera de Marruecos trabajan en una línea de sardina.

Operarias de una planta consevera de Marruecos trabajan en una línea de sardina. / Adrián Amoedo

«Confiamos en que se llegue a un entendimiento», destacó ayer en declaraciones a FARO el secretario general de Anfaco-Cytma, Roberto Alonso, asegurando que el sector vive este momento «con cierta calma pero expectante». Hablando de futuribles, la afectación en las empresas «dependerá del stock de cada una, dure lo que dure, y de la entrada de materia prima», incidió, destacando que «algunas tomarán medidas antes que otras» en función también del ritmo de ventas.

España y Galicia, en desventaja

El escenario que plantea Marruecos —adoptado para blindar el aprovisionamiento de su industria transformadora y contener los precios del pelágico ante la falta de producto— tendrá a priori más impacto en España y Galicia que en el conjunto de la Unión Europea, ya que la sardina que traspasa nuestras fronteras lo hace en bruto —no en conserva como ocurre en muchos países de los Veintisiete que no tienen plantas procesadoras— para ser trabajada aquí, generando valor añadido y riqueza. Solo entre enero y octubre de 2025, la comunidad gallega importó 3.448 toneladas por 4,6 millones de euros. A nivel nacional, la cantidad ascendió a 27.400 toneladas.

Preocupa de igual forma la incursión de Rusia en el caladero africano, donde el bajo rendimiento es evidente y una mayor presión puede jugar en contra de la sostenibilidad del recurso, agravando aún más la situación. «Lo que no se puede es prohibir la exportación y seguir pescando igual», resaltó en este sentido Alonso, apelando a gestionar la población «de forma científica y objetiva».

Para el secretario general de Anfaco-Cytma, la entrada de Moscú en la pesquería supone «un toque de atención a la Unión Europea y su política pesquera internacional». El último protocolo de pesca con Marruecos expiró en julio de 2023 y hasta ahora no se ha firmado un nuevo acuerdo, si bien Bruselas acaba de reactivar las negociaciones con Rabat con vistas a revalidar su alianza.

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