La pesca también tiene capitanas
A sus 31 años, Natalia Fernández Medina es la responsable del arrastrero «Playa de Tambo», propiedad de la pesquera marinense Pesmar
«Si antiguamente las mujeres quedaban en casa con los niños, nosotras también podemos dejar a nuestros hijos con sus padres», reivindica

Natalia Fernández, capitana de pesca, en el puente de mando del «Playa de Tambo». / FdV
El Playa de Tambo luce sus 65 metros de eslora entre las aguas de la milla 201 —un área inmensa ubicada frente a las costas de Argentina— y el caladero gestionado por la Organización de Pesquerías del Atlántico Noroeste (NAFO), a la altura de Canadá. Anualmente hace dos campañas, una en cada zona. En la primera, la más larga, para pescar merluza y pota; mientras en la segunda captura otras especies como el bacalao, la raya, la gallineta o el fletán. El buque, un arrastrero congelador propiedad de Pesquerías Marinenses (Pesmar), cuenta con 30 tripulantes entre sus filas, capitaneados por la tinerfeña Natalia Fernández Medina desde el año pasado. «Aquí prevalece la idea de que no embarcan hombres o mujeres, sino personas», dice a FARO por llamada telefónica desde Uruguay, a pocos días de volver a zarpar. Y lanza un mensaje dirigido a las jóvenes que están planteándose entrar en el mundo de la pesca: «Que embarquen. Que no se lo piensen. Que luchen y que no se rindan. Porque cuantas más seamos, más fácil será».
Fernández cursó el Grado en Náutica y Transporte Marítimo y estuvo un tiempo trabajando en tierra hasta que una amiga le sugirió que probase en el mar. No se lo pensó dos veces y, tras iniciarse primero en un barco canario, acabó entrando como segunda oficial en noviembre de 2019 en el pesquero de la armadora gallega. Ahora, a sus 31 años, es la responsable de guiarlo desde que sale hasta que entra en puerto, de sus capturas y de velar por el bienestar de toda la dotación. No habría sido así sin la confianza de Daniel González, su predecesor, que apostó por ella desde el minuto uno.
«Sin su apoyo y el de Pesmar no estaría aquí», destaca la capitana, que pone en valor el papel de la empresa marinense a la hora de fomentar la igualdad y la inclusión en sus tripulaciones, habiendo incorporando ya a cinco mujeres a lo largo de su historia y dejando las puertas abiertas a todas las que, como ella, también quieran empezar y desarrollar su carrera profesional a bordo de esta nave, construida en 1987 y hermana de los buques Playa Pesmar Uno, Playa Pesmar Dos y Playa de Galicia.

Fernández, delante del «Playa de Tambo». / FdV
«Aquí no existen paternalismos ni tratos machistas»
Es un trabajo de estrés, de mucha responsabilidad, en el que la vida gira en torno a pescar y atender mil y una preocupaciones, pero que se lleva mucho más fácil si se cuenta con un equipo sólido. Y Fernández tiene claro que el suyo lo es: «Son las personas en las que tú te vas a apoyar». Desde el personal de máquinas hasta la marinería, los contramaestres y los oficiales. «Aquí no existen paternalismos ni tratos machistas. Y en verdad es algo destacable porque en la vida en general, por el patriarcado, siempre hay ciertas conductas que poco a poco se van paliando», asegura.
«Sí que es cierto que hay pocas mujeres, muy pocas», reconoce la capitana. Y quizá una de las mayores barreras sea, como apunta, «la conciliación familiar», complicada cuando las mareas son de seis meses. Ese es el tiempo que pasa hasta que vuelve de la primera campaña a casa, y «pesa» perderse la vida doméstica; ver, en las pequeñas instantáneas que le permiten sus dos descansos anuales, cómo su sobrino se hace cada vez más grande, por ejemplo. «Cuando entras en un barco piensas que la vida en casa para y será igual cuando vuelvas, pero tanto tú como persona te desarrollas en el barco y estás creciendo de forma profesional, igual no tanto personal, como tu familia, tus amistades y tu pareja, que siguen creciendo en tierra. Y cuando llegas, notas ese cambio», afirma.
Pero es algo con lo que se puede convivir, recalca Fernández, pese a que haya momentos «muy duros» en los que uno se cuestione si compensa. «Si antiguamente las mujeres quedaban en casa con los niños, nosotras también podemos dejar a nuestros hijos con sus padres, o con su otra madre», reivindica. Y la pesca también tiene sus puntos fuertes, como las impresionantes vistas que dejan los amaneceres en medio del Atlántico; sentir de cerca la fauna marina en su hábitat natural, «donde tiene que estar»; o navegar y navegar y navegar, «aprender y probarte» en el mar y pescar.
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