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Naufragios sin rastro, sin lápidas y sin supervivientes: el luto por descarte

Las costas gallegas están colmadas de sepulturas. Recovecos, salientes o islotes que se han llevado por delante decenas de barcos a lo largo de la historia; en el mejor de los casos, la mar tenía a bien devolver los cuerpos a las familias. Pero ha habido naufragios enfundados en el silencio, tragedias que dejaban, con suerte, algún testimonio en forma de trozos del casco o de los depósitos y tras las que había que dar por muertos a los tripulantes únicamente por descarte, por ausencia. Más allá del Montrove, que desapareció sin dejar rastro en 1984, pesqueros como el San Miguel, Aslaug, Josefa, San Martín o María Mercedes tampoco llegaron ni a despedirse; fallecieron todos a bordo.

Restos del «San Martín», pesquero de Cangas desaparecido en agosto de 1977

Restos del «San Martín», pesquero de Cangas desaparecido en agosto de 1977 / Cameselle

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

«En la playa de la Lanzada fue hallado un trozo de la trainera María Mercedes, que faltaba desde el viernes último con sus cuatro tripulantes, los hermanos Gago. No cabe ya la menor duda de que éstos han perecido. Se supone que alguna ráfaga de viento hizo zozobar y volcar la embarcación, y que ésta fue empujada por las olas hacia la costa, donde se estrelló, mientras sus desgraciados tripulantes morían ahogados". Aquel miércoles, 2 de agosto de 1911, a Manuela Portela le fueron arrancados sus hijos José Carlos, Francisco, Jesús y Antonio, de entre 24 y 14 años. De aquella chalana solo se recuperaron pedazos del casco y un par de remos forrados. La mujer era viuda y había perdido ya a su padre y tres hermanos en los naufragios del Gallego y el Falucho; en las oficinas de FARO DE VIGO se recaudarían entonces 295 pesetas «para socorrer a la madre de los hermanos Gago».

La costa gallega, y la pesca en su extensión, están salpicadas de historias de dolor e incertidumbre. A lo largo del siglo XX en los puertos no solo se contaban los siniestros a puñados, casi como una letanía, sino que también se salía a buscar a ciegas a aquel bou, vapor o trainera que no habían regresado de la faena. Se cuentan por decenas las vidas apagadas sin mayor explicación que un seguramente fue un golpe de mar o un se cree que fue contra las piedras. En el mejor de los casos aparecían restos del barco a modo de certificado de defunción.

El bou María Luisa había sido adquirido en Reino Unido en 1923 para operar en Pasaia y en 1941 pasó a manos del empresario asentado en Vigo José Romero Núñez, natural de Outes: tenía 37 metros de eslora y algo más de 4 de puntal. Acababa de ser renovado por 2,6 millones de pesetas en un astillero de Bilbao —cambió las máquinas de carbón a fuel— cuando desapareció regresando a la dársena de O Berbés con 16 tripulantes. Tenía que haber arribado antes de la medianoche del 11 de noviembre de 1950; se estrelló previsiblemente contra las piedras de la isla de Onza. Aparecieron algunos cadáveres y no hubo supervivientes.

De lo que no quedó ninguna señal fue del Justo, una pequeña barca que andaba al racú y que fue echado en falta en noviembre de 1963 en el puerto de Cambados. Nada devolvió la mar: ni a los cuatro marineros, ni aparejos, ni pertrechos. Se dedicaba a la sardina y se hundió en algún punto entre Sálvora y el muelle de O Salnés.

Secadero de redes en Bouzas

Secadero de redes en Bouzas / Archivo Pacheco

Familias

Eran muchas las familias que sufrían de la pérdida súbita de varios miembros en un mismo siniestro, como le sucedió a la madre de los hermanos Gago. O a la esposa de José Hermelo Hermelo, de O Hío, que el 1 de noviembre salió a la mar con sus cuatro hijos en una lancha a vela; las rompientes de Ons solo devolvieron el cadáver del padre días después. También la traniera de Cangas Josefa se fue al fondo en la oscuridad de la Costa da Vela con cinco personas a bordo: murieron todos, incluido el patrón y su hijo, en abril de 1934. De Cangas también eran los cinco marineros de la Dolores, lancha de pesca de la que solo apareció parte de la cubierta, junto a Balea, en enero de 1931.

El San Miguel era un pesquero a vapor de Bouzas —donde era conocido como el Repinica— que trabaja en pareja con el San Antonio y a bordo del cual iban 10 tripulantes. La última vez que fue avistado la mar estaba picada, iracunda; era el mes de enero de 1910. En el muelle vigués empezaron a temer lo peor en la mañana del día 27: el San Antonio salió en su búsqueda pero solo fueron localizados dos cadáveres por parte de unos vecinos de Baiona que se trasladaron a pie hasta la ciudad para contar lo ocurrido. Tres de los marineros eran hijos del armador, Francisco Carrera.

Internacional

Hasta la página 13 del periódico australiano Brisbane Courier llegó la noticia, en diciembre de 1929, del fatal destino del Aslaug, un mercante noruego cargado de bacalao con destino a Vigo. Una catástrofe que las gentes de Baiona convirtieron en copla con música del tango La última copa de Carlos Gardel, recuperada por Esperanza Fernández Vernet de boca del marinero Urbano Vasconcellos.

Noticia del naufragio del «Aslaug», acaecido en Baiona en la Nochebuena de 1929, del diario australiano Brisbane Courier

Noticia del naufragio del «Aslaug», acaecido en Baiona en la Nochebuena de 1929, del diario australiano Brisbane Courier / LG

El suceso ocurrido en Nochebuena / Nochebuena jamás la olvidaré / naufragó el Aslaug en Farallones / cuantas almas fueron a perecer [...] Con pitadas y señales de auxilio / en el mundo nadie les socorrió / noche fiera y desconsolada / cuantas almas destrozó. Del buque no se recuperó nada tras haber embestido contra las piedras aquel día de Nochebuena y nada pudieron hacer los vecinos por los 24 tripulantes.

Quizás el caso más conocido, y también el más reciente, es el del Montrove, un pesquero con casco de acero de 33,13 metros construido en Astano en 1964. Su última marea arrancó el 19 de julio de 1984, cuando partió del puerto de La Luz (Las Palmas) con 16 hombres en la tripulación. A bordo llevaba piezas de repuesto para otro pesquero, el Porlamar, que fue el que dio la voz de alarma: ni había recibido esas piezas ni sabía nada de los compañeros. Era ya día 13 de agosto. Nunca más se supo nada del Montrove. Se especuló sobre un secuestro del Frente Polisario o la reconversión del buque para actividades de piratería o contrabando. La mayoría de sus tripulantes era de Bueu.

El «Montrove», construido en Astano, durante las pruebas de mar

El «Montrove», construido en Astano, durante las pruebas de mar / FdV

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