Molares formaliza la venta del atunero «Guria» al grupo ecuatoriano Nirsa
Ha ejecutado la transacción a través de una compañía de su grupo, Atungal; fue acreedora de la anterior dueña, que terminó en liquidación

El «Guria», en el carro de Repnaval, en Las Palmas / Nirsa

Atungal es una sociedad creada en el año 2014 para la «adquisición y enajenación de acciones y participaciones representativas del capital social de sociedades armadoras de buques atuneros», dotada entonces de seis millones de euros de capital social. Es una de las empresas del grupo de la familia armadora viguesa Molares, cuya trayectoria ha sido indispensable en la evolución de la pesca extractiva gallega en el último siglo.
A día de hoy explota el bacaladero Monte Meixueiro y es propietaria de los arrastreros Madrus, Novo Virgem da Barca, Lennuk y Loitador a través de las firmas Valiela, MFV Lootus Osauhing, Pesqueiros de Terra Nova Lda y Profesionales Pesqueros. El pasado mes de julio, como divulgó FARO, Molares certificó la compra de un atunero cerquero congelador, el Guria, que formaba parte de los activos en liquidación de la armadora vasca Nicra 7.
Ya entonces, como indicaron fuentes del grupo, barajaban tres opciones: su explotación en solitario, en alianza con un socio o una venta en el mercado de segunda mano. Esta misma semana, como ha podido confirmar este periódico, llevó a término la última: el Guria, construido por Zamakona y entregado en el año 2015, ha pasado a manos del conglomerado alimentario Nirsa, con base en Ecuador.
Es uno de los pesqueros más modernos de la flota en su segmento. Tiene 81,5 metros de eslora por 14 de manga; su capacidad, expresada en toneladas GT de arqueo bruto o gross tonnage, asciende a 2.158. Su explotación corresponderá a partir de ahora a una de las principales referencias del mercado americano en procesado de túnidos para su venta en el formato de conserva, aunque también tiene oferta de elaborados de langostino, filetes de pescado (atún, tilapia o corvina) o harinas y aceites.
Nirsa cuenta ya con otros 14 buques atuneros, además de 7 sardineros y otras ocho embarcaciones menores, según su información corporativa oficial.

El «Madrus».
El buque ha estado en las últimas semanas subido al carro de las instalaciones de Repnaval, en Las Palmas, un astillero especializado en reparación y conversión de buques de grupo Zamakona. Los trabajos de acondicionamiento del Guria —había llegado procedente de Mindelo, en Cabo Verde— ya fueron supervisados por un equipo de Nirsa, en espera de que se cerrase la transacción. La capacidad de sus bodegas es de 1.708 metros cúbicos.
La quiebra
La anterior propietaria de este atunero solicitó preconcurso — inicio de negociaciones para la reestructuración de deuda— en septiembre de 2023, prácticamente a la par que otras compañías del sector como Atunlo o Actemsa. Su plan de ajuste fue impugnado en marzo de 2024 y, ante la imposibilidad de sacar adelante su hoja de ruta, pidió concurso voluntario; la fase de liquidación se abrió hace ahora un año.
Nicra 7 negoció su reestructuración en paralelo a la mercantil Icube Tuna Fisheries, domiciliada en Curaçao, alegando en un juzgado de Bilbao que constituían un grupo empresarial. Según se desprende de la documentación judicial, en ningún momento estuvieron cerca de conseguir el voto mayoritario de los acreedores —tenían el «ok» del 16% del pasivo afectado— y sus planes de reestructuración, aunque aceptados en primera instancia, fueron impugnados. Y aquí es donde entró Atungal.
La empresa del grupo Molares los rechazó en su condición de acreedora comercial y se sumó en su oposición a cinco entidades financieras —BBVA, Banco Sabadell, Santander, Bankinter y CaixaBank—, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) y el Ministerio de Economía. Antes de la adquisición del Guria por parte de Molares un fondo de inversión se había postulado para hacer lo propio a través de una especie de canje por las hipotecas navales que gravaban al barco; las negociaciones fueron complejas y se prolongaron durante unos dos años. Cuando Nicra 7 lo mandó construir en Zamakona explotaba otros tres pesqueros: Kurtzio, Matxikorta y Albacora.

Bacaladeros de León Marco amarrados en Vigo en 1995. / Ricardo Grobas
Uno de los motivos esgrimidos por esta armadora vasca para justificar su insolvencia parte de las consecuencias del naufragio del Albacora 6 a unas 260 millas al sur de Abidjan (Costa de Marfil), ya que apuntó que el cobro de la indemnización se demoró «años». El hecho es que sus demás buques quedaron embargados por los impagos con «ciertos proveedores estratégicos y marítimos», de ahí que Nicra 7 declarase cero ingresos en el ejercicio fiscal de 2023, el último depositado en el Registro Mercantil.
En el caso concreto de Atungal, la sociedad contaba con una garantía hipotecaria sobre el Guria y cifró en casi 24 millones de euros el crédito vencido frente a Icube. Las empresas insolventes, por contra, solo reconocían a la empresa gallega una deuda de 17,5 millones de euros. La Audiencia Provincial de Bilbao estimó íntegramente las reclamaciones de Atungal, bancos y el Estado en una sentencia con fecha del 13 de diciembre de 2024.
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