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Galicia pone a prueba la acuicultura del futuro

El IIM-CSIC lidera desde Vigo dos investigaciones marinas impulsadas por el proyecto europeo Occam, que se expande también a Noruega, Suecia, Escocia, Islas Feroe, Polonia e Islandia. Usará genética, sistemas RAS o modelos digitales para reforzar la resiliencia climática de la trucha arcoíris y del mejillón de batea.

Vista de la Ensenada de San Simón con la isla y bateas en la ría.

Vista de la Ensenada de San Simón con la isla y bateas en la ría. / Marta G. Brea

Vigo

La batalla de la acuicultura europea contra el cambio climático se va a librar, en buena medida, desde Galicia. El Instituto de Investigacións Mariñas del CSIC, con sede en Vigo, será uno de los actores clave de Occam —acrónimo en inglés de Operationalizing Climate Change Adaptation and Mitigation for Aquaculture—, un proyecto promovido por Bruselas que quiere demostrar que es posible adaptar el cultivo de peces, bivalvos y algas a las nuevas condiciones ambientales para reforzar la competitividad de la industria.

La iniciativa reúne a 22 socios de 10 Estados miembros, cuenta con un presupuesto cercano a los cinco millones de euros y se desarrollará durante los próximos cuatro años, hasta abril de 2029. Uno de los casos que se coordinan desde la ciudad olívica está directamente relacionado con la trucha arcoíris, en colaboración con Caviar Pirinea. En los últimos años, los acuicultores se han encontrado con veranos más largos y extremos, rachas de sequía que reducen los caudales y temperaturas del agua en máximos, que antes apenas se veían. Circunstancias que han provocado un desplome en el oxígeno disuelto, más estrés para los peces, mayor vulnerabilidad a enfermedades y, en consecuencia, descensos en el crecimiento y en la supervivencia.

En el marco de Occam, el trabajo sobre esta especie se apoya en dos grandes líneas. Por un lado, el desarrollo de programas de selección genética orientados a identificar y multiplicar ejemplares con mayor tolerancia al calor, utilizando herramientas genómicas y fisiológicas que permiten medir con precisión cómo responden al estrés térmico. Por otro, la exploración de sistemas de acuicultura en recirculación (RAS) capaces de funcionar con agua salobre en zonas cercanas a la costa, reduciendo así la dependencia de caudales de agua dulce y abriendo la puerta a nuevas localizaciones para las granjas.

La iniciativa cuenta con un presupuesto de cinco millones y durará hasta abril de 2029

El segundo ensayo que liderará el IIM-CSIC se centra en el mayor emblema de la acuicultura gallega: el mejillón de batea. Participará la coruñesa Proinsa y el proyecto creará una herramienta digital que permitirá a las empresas monitorizar, de forma integrada, el rendimiento de sus cultivos y su huella de carbono, incluyendo procesos que suelen quedar fuera de los cálculos, como la respiración de los animales o la formación de la concha. Sobre esa base, se incorporarán módulos que simulen cómo cambian el crecimiento y la eficiencia del mejillón cuando varían la temperatura, el pH, la calidad del alimento o el propio diseño de la explotación.

El propósito no es solo generar informes, sino ofrecer a los productores una especie de panel de control con el que probar distintos escenarios: adelantar o retrasar la siembra, modificar el tamaño de la semilla, escoger emplazamientos menos corrosivos o ajustar la estrategia de cosecha. En paralelo, se ensayarán medidas complementarias, como el uso de redes para reducir la depredación en las cuerdas colectoras, con la intención de reforzar la viabilidad económica en un entorno físico cada vez más exigente.

Un vergel de ensayos

Occam se desplegará sobre el terreno de siete potencias acuícolas europeas, lo que permitirá probar soluciones bajo distintas condiciones y modelos de negocio. En Polonia, por ejemplo, el foco está en la carpa de estanque, un sistema tradicional muy ligado al paisaje rural. Se trabajará en modelos sencillos que permitan a los productores evaluar la disponibilidad y calidad del agua y en fórmulas para reutilizar los sedimentos de estas piscinas.

En las Islas Feroe, en paralelo, el objetivo es abordar uno de los grandes quebraderos de cabeza del salmón en jaulas marinas: el piojo de mar. A fin de combatirlo se diseñarán diferentes herramientas que combinen modelos biológicos y oceanográficos para ayudar a planificar mejor las ubicaciones de las granjas y la densidad de las poblaciones criadas, así como los ciclos de producción.

No será la única iniciativa que pondrá el foco sobre el salmón. Islandia, donde la especie se expande con fuerza en sistemas de recirculación en tierra, abordará los lodos que se genera la industria piscícola. Occam testará distintos procesos para transformar esos residuos en materiales de valor agronómico, con capacidad de almacenar carbono y de sustituir fertilizantes de origen fósil.

El proyecto europeo se centrará también en las Shetland escocesas, donde se analizarán las floraciones algales nocivas que obligan a cerrar explotaciones de mejillón y ostra, impulsando sistemas de alerta apoyados en los datos de los programas de vigilancia oficiales. Más al norte, en Suecia, se realizarán ensayos con ostras —ajustando la profundidad y el momento de despliegue de las semillas para esquivar episodios de calor— y con algas, probando nuevos materiales de siembra y mayores profundidades de cultivo, incluso junto con bivalvos.

El mapa se completa con Noruega, donde se analizará la huella de carbono de los sistemas acuícolas y el potencial de las jaulas y redes que llegan al fin de su vida útil para ser reutilizadas y recicladas, teniendo en cuenta que el sector genera decenas de miles de toneladas de plásticos al año.

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