Un jardín oceánico germina en Galicia
El proyecto europeo «Ocean Gardens» diseñará una granja de algas de 40.000 metros cuadrados en Canarias que sirva como modelo para extrapolar en el futuro a la comunidad autónoma. La UVigo y la firma olívica HQ Seaweed ayudarán a realizar el estudio de viabilidad que acogerá la costa gallega, con el objetivo de explorar el potencial de sus especies autóctonas para desarrollar celulosa sostenible o biocombustibles.

Descarga de algas comerciales en el puerto isleño / Iñaki Abella
La joven industria de las algas tiene en Galicia a Ceamsa como su principal exponente. La firma que dirige Íñigo Alzueta no para de ganar tamaño al calor de un sector que ha encontrado en el oro verde del mar un nuevo ingrediente para elaborar un sinfín de productos destinados a la alimentación o el farma. Y así lo evidencian los 190 millones de euros que facturó en 2024, así como su expansión internacional y el esfuerzo de la compañía por duplicar sus instalaciones en O Porriño, como adelantó FARO a comienzos de año. Pero la multinacional gallega no actúa sola: es la empresa tractora de un gremio en efervescencia, con innovadoras pymes que están germinando y cuyo crecimiento pasa sí o sí por saltar del alga salvaje a la acuicultura vegetal —de momento inexistente—, con los beneficios que su (im)plantación puede ocasionar en términos de generación de riqueza y empleo en un momento en el que el marisqueo están de capa caída por la elevada mortalidad que asfixia a las rías. Bajo esa premisa, un nuevo proyecto europeo pone ahora el foco en la comunidad para analizar el potencial de los recursos y así poder, en el futuro, diseñar los primeros jardines oceánicos. Parques botánicos arraigados al litoral que darán flores que también podrán aprovecharse para fabricar celulosa sostenible, por ejemplo, o para producir combustibles limpios.
Ese es el fin último de Ocean Gardens, una iniciativa pionera en el cultivo regenerativo de algas en alta mar que convertirá Gran Canaria en su principal centro de demostración con una granja modular de 40.000 metros cuadrados para impulsar diferentes especies. «Abordar el cambio climático y proteger los ecosistemas marinos exige soluciones urgentes y escalables», explican sus promotores: «La dependencia de la biomasa terrestre para la producción de biocarburantes y bioplásticos es insostenible por la presión que se ejerce sobre las tierras cultivables, el consumo de agua dulce y fertilizantes». De ahí que su propuesta sea concebida como «una oportunidad revolucionaria para descarbonizar las industrias del transporte y la química, a la vez que se mejora la biodiversidad marina».
Liderado por la startup canaria Macrocarbon, el proyecto volará más allá del archipiélago español y sondeará también Galicia y el Mediterráneo, con el propósito de «hacer estudios sobre el papel para ver cómo se podría replicar el modelo», señala la CEO de la empresa, Mar Fernández. En definitiva, se examinará el potencial de la comunidad para determinar qué zonas son las más apropiadas para la alguicultura, qué algas son las más adecuadas y qué usos se les puede dar a las cosechas una vez se transfieran al mercado, rentabilizando lo máximo posible la cadena de valor. Para ello, se estudiarán las condiciones ambientales y los tipos de nutrientes que necesitan las plantaciones para salir adelante, con interés en todas aquellas autóctonas y contemplando los marcos regulatorios de cada lugar.
Junto a ello se implementará en tierra una estrategia de difusión que incluirá «talleres que combinen arte y ciencia, participación ciudadana y programas de capacitación específicos para las Administraciones, los pescadores locales y las comunidades inmigrantes», indica el consorcio promotor, que colaborará con la Universidade de Vigo y la empresa olívica HQ Seaweed. El responsable de esta última, Sergio García, comenta a FARO que ofrecerán «toda la infraestructura necesaria», sus embarcaciones y las cuatro parcelas de cultivo experimental de 2.000 metros cuadrados —en la Ensenada de San Simón y en Moaña—, para llevar a cabo los estudios de viabilidad, así como para trasladar la materia prima hasta el puerto vigués y transformarla para así poder explorar sus posibilidades.
Drones y cámaras para monitorizar el cultivo
Ocean Gardens arrancó el pasado octubre, dispone de un presupuesto de 1,4 millones de euros y se desarrollará hasta septiembre de 2028. La granja modular que albergará Gran Canaria contará con un sistema de monitoreo ambiental e integrará sensores, drones y cámaras para evaluar la captura de carbono, la biorremediación de nutrientes y los impactos en la biodiversidad. Todo para demostrar la viabilidad de estas instalaciones, que aspiran a producir 300 toneladas en seco al año y crear «un modelo para la acuicultura sostenible escalable».
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