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Tragsa cancela el reparto del quiñón en el «Miguel Oliver»: «Es un castigo»

Marineros de otros oceanográficos constatan «roces» en el reparto del pescado, pero los de este buque achacan la decisión a la denuncia de casos de acoso

El buque oceanográfico Miguel Oliver, en la ría de Vigo

El buque oceanográfico Miguel Oliver, en la ría de Vigo / Marta G. Brea

Lara Graña

Lara Graña

Vigo

El quiñón es mucho más que una retribución en especie para los marineros de buques de pesca. Trasciende a la tradición: una parte de las capturas se reparte entre los tripulantes a su llegada a tierra, y es habitual que se divida después entre familiares o amigos.

La cancelación de los quiñones ha causado incluso conflictos de altísimo calado. A principios de los años treinta la decisión de armadores de O Morrazo, singularmente de Cangas, de no repartir esa parte de la pesca --el gremio de marineros era muy activo políticamente-- auspició una larguísima huelga que forzó a las empresas a reemplazar tripulantes por otros de Moaña o Bueu. La referencia a los «esquiroles» todavía se recuerda entre los más mayores del concello.

En los buques oceanográficos que realizan lances de pesca para la evaluación de pesquerías --no todos realizan estas tareas, ya que hay misiones solo de batimetría, por ejemplo-- también se ha repartido quiñón históricamente. En el Miguel Oliver, adscrito a la Secretaría General de Pesca, se ha dividido entre tripulantes «en los últimos 18 años», indican fuentes de la plantilla. Hasta ahora, que la empresa gestora del buque, Tragsatec, ha decidido prohibirlo.

Extracto del comunicado de Tragsatec

Extracto del comunicado de Tragsatec / LG

El comunicado

A través de un comunicado colocado en el tablón de anuncios del propio buque, ahora amarrado en Vigo, la empresa ha informado que no se podrá repartir quiñón a partir de ahora, una decisión que las mismas fuentes de la tripulación vinculan con un «castigo» por haber denunciado casos de acoso laboral a bordo, como desveló FARO.

«En cuanto se refiere a esta práctica, que se ha venido dando en el buque oceanográfico [...] dejará de realizarse a partir de la publicación de este comunicado», dice textualmente, como ha podido comprobar este periódico. La nota no tiene fecha y no está firmada y solo tiene el sello de la Secretaría General de Pesca.

«La motivación que ha llevado a la empresa a tomar tal decisión se justifica --prosigue el documento-- en la desaparición de pescado de algunos tripulantes, quejas de tripulantes [...] evitar conflictos por repartos de productos» o «problemas de trazabilidad».

El Vizconde de Eza, durante una de sus paradas en Vigo

El Vizconde de Eza, durante una de sus paradas en Vigo / Marta G. Brea

La reacción

A este respecto, tripulantes del Miguel Oliver niegan todas las argumentaciones de Tragsa. «Se vierte una falsedad tras otra ya que realizar el quiñón es voluntario fuera de tu horario laboral, si alguna vez ha desaparecido algo se ha solucionado entre compañeros, tampoco ha habido problemas de aduanas ni trazabilidad ya que ese pescado es para consumo personal y tampoco ha habido problemas con el reparto ya que antes de comenzar las campañas se pone por escrito qué lance le corresponde a cada departamento».

Es cierto que en otros oceanográficos sí han existido problemas, «roces» entre los miembros de la dotación; en el Vizconde de Eza ya no se reparte quiñón desde hace «pocas campañas».

«El problema es que no hay un protocolo fijado desde la oficina, se lavan las manos. Y es una pena, porque sería muy fácil repartirlo y se tira mucho pescado al mar. Mucho», abunda otra persona exempleada de Tragsa, en este caso del Vizconde. «Se podría hacer una división lógica, y que no hubiera discusiones por quién lleva rape y quién no».

Desde el Miguel Oliver, no obstante, insisten en que desde la puesta en circulación del buque, en 2007, jamás ha habido conflictos. Tragsa mantiene abierta una investigación interna para depurar eventuales responsabilidades de al menos cuatro casos de acoso laboral a bordo en las últimas semanas.

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