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El CSI de los depredadores del mejillón

La mexicana Lizbet Gutiérrez dedica uno de los 15 doctorados industriales que acoge la UVigo a investigar qué especies acuáticas se alimentan de la cría del bivalvo para frenar su mortandad. El objetivo es desarrollar un sistema que las repela por medio de IA, cortinas de burbujas y sonidos de corto alcance.

La investigadora Lizbet Gutiérrez en el laboratorio de la Estación de Ciencias Mariñas de Toralla.

La investigadora Lizbet Gutiérrez en el laboratorio de la Estación de Ciencias Mariñas de Toralla. / Alba Villar

Vigo

El fenómeno televisivo de Crime Scene Investigation (CSI) se hizo un hueco enorme en la pequeña con el arranque del siglo XXI y dio para tanto que hasta se convirtió en franquicia. Los maratones pegados al sofá para ver a los polis resolver casos en Las Vegas, Miami o New York ocupan ya décadas de la historia de la televisión, saldándose con miles de horas de entretenimiento y no tantos, pero también muchos, delincuentes ficticios bajo rejas. Son criminales que nada tienen que ver con los depredadores que estudia la mexicana Lizbet Gutiérrez, que dedica su doctorado industrial a investigar qué especies acuáticas se alimentan de la cría del mejillón, con el propósito de desarrollar un sistema que las repela y sirva de apoyo a los bateeiros en épocas de escasez de semilla. El sujeto al que trata de cercar dista al completo de los malhechores que cazan los inspectores de la serie estadounidense, pero sí puede decirse, al fin y al cabo, que su modus operandi es el mismo. Y es que sin la ciencia que emana de los laboratorios y el I+D+i, ninguno tendría éxito en sus pesquisas.

La tesis que realiza Gutiérrez se enmarca en una colaboración entre el Centro de Investigación Mariña de la UVigo y la firma tecnológica Insati, surgida como spin-off de Wireless Galicia y centrada hasta ahora en ofrecer múltiples soluciones para el ámbito sanitario. Su trabajo, aún en fase inicial, busca diseñar un mecanismo que combine sensórica avanzada, inteligencia artificial y herramientas de monitorización para reconocer y disuadir de forma selectiva a los peces e invertebrados —como estrellas o erizos— que devoran la mejilla, contribuyendo de esta forma a reducir su mortandad y a impulsar su disponibilidad en Galicia.

Recipiente 
con estrellas y 
erizos de mar 
que conviven 
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|  Alba Villar

Recipiente con estrellas y erizos de mar que conviven con crías de mejillón para ver comprobar si las depredan. / Alba Villar

«Siempre me interesó la investigación aplicada y este modelo me permitía desarrollar un proyecto útil con impacto real», explica Lizbet, que toma las riendas de uno de los 15 doctorados industriales que acoge la institución académica olívica: una modalidad que conecta directamente el entorno educativo con el empresarial. En su caso comenzó en diciembre de 2024 y para abordar todo el trayecto del estudio combinará dos fases. La primera radica precisamente en la identificación de todas las especies que puedan ser una amenaza para la cría de mejillón, tanto mediante observación directa en los laboratorios como por medio de análisis genéticos del contenido estomacal de los depredadores capturados.

 Una vez reconocidas las principales especies que devoran la mejilla, el siguiente paso será confeccionar el sistema de alerta. La IA servirá para detectar su presencia, a través de cámaras, y activar los mecanismos de disuasión, que serán personalizados. «Podrán ser cortinas de burbujas o la emisión de sonidos de corto alcance», comenta la investigadora. «Estos dependerán en todo caso del comportamiento de cada uno de los peces e invertebrados», matiza. Junto a ello, Gutiérrez contempla la posible instalación de sensores de movimiento, presión y corrientes para analizar también las condiciones ambientales en busca de posibles patrones que influyan en la presencia de depredadores, así como para monitorizar el estado de la semilla y contribuir a mejorar su producción y supervivencia en los recolectores de las bateas.

Aunque buena parte del desarrollo experimental se realiza en los laboratorios del CIM y en la Estación de Ciencias Mariñas de Toralla (Ecimat), el proyecto se apoya también en la interacción directa con los productores. «Hemos hablado con bateeiros de distintas rías para conocer su percepción, qué especies consideran problemáticas y cómo les afecta», indica Lizbet. Pese a que aún no se han realizado pruebas de campo, está previsto llevarlas a cabo una vez esté operativo el primer prototipo.

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