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La batea de hormigón irrumpe en las rías

La alianza entre Forjas del Salnés y la valenciana Formex cumple 10 años con 90 estructuras de cría de mejillón instaladas, llegando ya a Dinamarca, Croacia o Montenegro. El nuevo material solventa la falta de madera antigua por la alta demanda de eucalipto joven para producir celulosa.

Trabajadores de Forjas do Salnés construyen en Domaio una de las bateas que emplean la solución de Formex.

Trabajadores de Forjas do Salnés construyen en Domaio una de las bateas que emplean la solución de Formex. / FDV

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La madera que emplean las bateas debe ser antigua para que duren mucho y bien. Y no es ningún capricho. «Si no pasa de 40 años no es de calidad para el mar», apunta Rodrigo Méndez, propietario de Forjas del Salnés. Pero el problema es que cada vez es más complicado o costoso encontrar eucaliptos que superen este umbral, como consecuencia de la importante demanda de ejemplares jóvenes para la producción de celulosa. Ante esta situación, la compañía gallega se lanzó a la caza de nuevos productos para reemplazar este material y su sustituto no ha sido otro que un compuesto de hormigón de alto rendimiento elaborado por la valenciana Formex. Una alianza que se tejió entre el Atlántico y el Mediterráneo en 2015 y que cumple 10 años con 90 estructuras de cría de mejillón instaladas, en su mayoría en las rías gallegas, aunque también proyectadas por Europa en las aguas de países como Dinamarca, Montenegro y Croacia.

«Hemos encontrado una solución que mejora la durabilidad y reduce el mantenimiento necesario significativamente», pone de manifiesto Hugo Coll, CEO de esta última empresa. Asegura además que son más sostenibles ya que no es necesario ningún tipo de tratamiento para conservarlas correctamente, como el barnizado o las capas de pintura que sí reciben sus homólogas. El éxito entre los bateeiros es tal que solo este 2025 tienen previsto producir una veintena de plataformas más y para 2026 el objetivo es superar la barrera del centenar. «Ha habido temporadas de pérdida de cultivo, con la semilla, pero es una cuestión cíclica. Ha pasado otras veces. Ahora mismo el sector va bien y vienen buenos años».

Asentada en Meaño y con instalaciones en Domaio, Forjas del Salnés atesora un negocio que suma ya tres generaciones y cerca de un millar de bateas producidas en sus 50 años de historia. «Es el futuro», destaca Méndez sobre el material de Formex, explicando que testaron otros pero no hubo ningún otro que reuniese las mismas condiciones y al final optaron por implantarlo en su catálogo.

La esperanza de vida de las bateas rondaba antes las tres décadas y ahora, ante la falta de madera envejecida, explica que se puede haber acortado perfectamente a la mitad e incluso menos. En el otro extremo, las nuevas estructuras que están fabricando garantizan, según las estimaciones realizadas por la compañía, una longevidad superior a los 40 años. «Las vigas son iguales geométricamente y a la vista. El cambio solo se nota en el tiempo y en su mayor regularidad y estabilidad», agrega por su parte Coll. 

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