La sobrepesca en África: miseria, cayuco y carnada
Pese al compromiso de Pekín de limitar a 3.000 sus pesqueros de gran altura, la capacidad de su flota en la costa de África no deja de aumentar, elevando la presión sobre las pesquerías pelágicas, sustento de la flota tradicional de países como Senegal. Un informe de Environmental Justice Foundation expone cómo la depredación de las costas fuerza a miles de senegaleses a lanzarse al agua en cayucos para llegar a Europa con miles de muertos al año.
Salvo algunos toldos que cubren puestos de frutas, chapas de remolques de camiones y la Gran Mezquita, en Fass Boye todo es monocromático, de los mismos tonos tierra que los caminos y las paredes de los edificios. Hasta que llegas a la playa, claro, donde explotan los colores vivos de las decenas de pirogues que se agolpan frente a la orilla. Las mismas embarcaciones que están dejando de ser pesqueras para convertirse en solo cayucos, piezas de una cadena de montaje que ensambla el hambre, las despedidas, la muerte y, a veces, una nueva oportunidad.
De esta pequeña localidad costera de Senegal salió, en julio de 2023, una de estas pirogues. Cargada con 101 chavales del pueblo, probablemente todos marineros, con la esperanza de alcanzar las costas de Canarias. Ninguno de los 38 supervivientes, localizados un mes después a la deriva, era familia de Modou Boye Seck; los suyos –sus hijos, su sobrino y un nieto– estaban todos muertos. «Últimamente ningún barco sale a la mar a pescar. Imagínese pasar tres o cuatro días [faenando] y ni siquiera recuperar los gastos. Estas son las dificultades que enfrentan los jóvenes, esto es lo que causó la tragedia», se lamenta. El suyo es uno de los múltiples testimonios recogidos en una nueva investigación de la Environmental Justice Foundation (EJF), remitida a FARO, y que expone cómo la depredación de las costas senegalesas por flota industrial mayoritariamente china ha dejado sin recursos a miles de marineros artesanales. Forzados a embarcar en barcos de madera, miseria y colores vivos.
Un arrastrero chino tiene de media 115 veces más capacidad que una «pirogue» de pesca artesanal
En la imagen, cayuco de pesca con dos buques industriales chinos / EJF
De acuerdo a la evaluación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), seis de cada diez pesquerías del país están en situación de colapso. Y las pelágicas, que son las que dan sustento a la flota artesanal de Fass Boye, Thiaroye sur Mer, Joal-Fadiouth o Bargny, «sobreexplotadas». «El mar se vendió y fue entonces cuando los barcos chinos empezaron con una pesca extremadamente agresiva. Sus redes se llevan todo, incluso peces pequeños. No separan entre lo que les interesa o no, se llevan todo. Si antes teníamos que navegar siete kilómetros, ahora necesitas ir 50 [mar adentro] para encontrar peces. Y cada vez eran más pequeños». Moussa Diop era marinero, llegó a Canarias en una pirogue de mer. Un cayuco.
La armadora con mayor capacidad pesquera de Senegal tiene su sede corporativa en Pekín y forma parte de un conglomerado controlado por el Estado. Se trata de China National Overseas Fishery Corporation (CNFC), de acuerdo al prestigioso think tank Overseas Development Institutethink (ODI) en un análisis de Miren Gutiérrez y Alberto Lemma. Solo la CNFC controla allí 26 arrastreros y 16 palangreros, de los 117 buques con intereses chinos que operan en el país con licencia, tanto con pabellón asiático como de Senegal. El grupo Wenzhou Ocean Distant Water Fishing incorporó de una tacada seis arrastreros a la costa occidental africana: tres a aguas senegalesas y otros tres a Bisáu. «Destruyen nuestras artes de pesca. A veces embisten nuestros barcos, matando a gente a bordo, y luego huyen para que nadie sepa quién lo hizo. Es muy fácil meterse en problemas con ellos», lamenta Souleymane Sady, de 27 años, oriundo de Joal-Fadiouth y migrante en Tenerife desde noviembre de 2020. «Si te acercas a hablar con ellos te echan agua caliente». Ninguno de los testimonios recabados por este trabajo de EJF hace referencia a flota extranjera de otros países, al margen de la china. «Hay que quitar licencias de pesca. Eso es lo que puede reducir la inmigración», remacha Souleymane.
Rescate de migrantes en un cayuco en la Restinga. / G. Finol
Las cifras
Los últimos datos de la FAO, que corresponden al año 2023 y acaban de ser divulgados, otorgan a la flota de Senegal –pabellón local– un volumen de capturas próximo a los 2,09 millones de toneladas. Es más del doble de lo que computan todos los pesqueros de bandera española en un año, también tomando la FAO como referencia. Y las cifras de este país no paran de aumentar, precisamente por la entrada creciente de buques extranjeros de gran porte, no por una expansión de la flota artesanal o tradicional de las poblaciones ribereñas. La pesca senegalesa declara a día de hoy un 23% más de capturas que hace diez años; el doble que hace cuatro décadas. La mayor parte, a razón de 500 millones de dólares anuales –en 2023, último dato disponible–, se exporta. A China. En buena medida, para hacer harina de pescado o para su transformación. Y así es que el consumo de proteína marina no deja de bajar en Senegal, que promediaba 29 kilos al año per capita y ahora no llega a los 18. El poco pescado que llega a los comercios es cada vez más caro.
La gran actividad es cosa de embarcaciones como el Hai Xin 27, arrastrero de algo más de 40 metros de eslora; lleva dos mareas en lo que va de mes, encendiendo y apagando el AIS (sistema de posicionamiento satelital) y operando a unas 49 millas de Joal-Fadiouth. O el Luqingyuanyu50, de 49 metros, más habitual al sur del país; o el Guojin901, con más de 1.900 largadas de aparejo en los últimos cinco años a lo largo de 365 millas de costa, como exhiben sus registros de posicionamiento. Este último pesquero tiene 115 veces más capacidad que una pirogue de mer de 15 metros de eslora. Como la que usaron Souleymane para abandonar su pueblo o la de Memedou Racine Seck, otro exmarinero y migrante en Tenerife. En su cayuco murieron trece personas. «Si pudiera ganar suficiente dinero pescando no me habría venido a Europa». Hay más de 950 millas en línea recta entre la playa de Joal-Fadiouth y el punto más meridional de la isla de Tenerife.
«Si pudiera ganar dinero suficiente pescando no habría venido a Europa»
Memedou RacineExmarinero y migrante
«Yo vivo del mar. ¿Cómo les va a ayudar su mamá si el mar no tiene peces?»
Nafi KebéEmpresaria pesquera
«No hay nada más frustrante que ser un joven adulto que tiene que ayudar a su madre pero termina teniendo que depender de ella para cubrir sus necesidades». Lo dice Nafi Kebé, residente en Bargny y dedicada a la venta de pescado. «Pero tú, tu familia y el negocio de tu madre dependen únicamente de lo que pescas en el mar. ¿Cómo puede ayudarte tu mamá si el mar no tiene peces?».
«Perdí a mis hijos, sobrinos y un nieto. Ningún barco sale a la mar a pescar»
Modou Boye SeckResidente en Fass Boye
«Todos hablamos de cómo pescar pero seguimos sin conseguirlo»
Papá SadyMarinero
EJF describe la ruta desde África Occidental a las Canarias como “la más letal del mundo”. Solo en el año 2023 fallecieron 3.176 migrantes que habían partido de Senegal. Casi todos muy jóvenes, como Moussa. “Imaginen a alguien que termina el bachillerato, va a la universidad y decide arriesgar su vida embarcando hacia lo desconocido. Si hubiera trabajo en Senegal, no lo haríamos”. O Idrisa Seye, con tanta tristeza en la mirada como encontronazos con buques de la flota industrial. “Puedes estar trabajando en una zona y, de repente, verte rodeado por seis o siete barcos. Pescan día y noche, no paran nunca. Y vuelves donde largaste las redes de noche y te las encuentras todas rotas o que no están”. “Subir a un barco para viajar por mar… estás arriesgando la vida”, complementa Mamadou Thiam, otro extripulante de un pesquero senegalés. “No teníamos alternativa”.
«Los marineros no pensábamos en escapar a Europa»
La vida es una cuesta empinada para quien decide quedarse en ciudades como Joal-Fadiouth, como hizo Papa Sady Bieng. Sus dos hijos mayores sobrevivieron a la mortífera travesía a las Canarias. No entendía, al principio, que quisieran marcharse. «Les aconsejé que usaran mi barco para pescar, pero me contestaron que llevaban años haciéndolo sin conseguir nada». Embarcaron rezando a Dios por su padre, cuenta a EJF. Su hijo Abdou, desde Canarias, teme por él. «Si vas al mar y no pescas nada, una vez, dos veces, en todo el mes... te afectará mentalmente a largo plazo. Estás obligado a pedir prestado dinero para vivir. Cuando vas al mar, lo único que tienes en mente al pescar son tus deudas». Que es lo que posee Papa Sady, además de unos aparejos que se afana en preparar por si cambia la suerte.
«Si estos cambios no hubiesen ocurrido [dice sobre la concesión de licencias de pesca industrial a flota asiática], los viajes clandestinos no se habrían vuelto tan frecuentes. Si el mar fuera tan abundante como antes, puedo decir. Los marineros no pensábamos en escapar a Europa».
Todas las imágenes corresponden a EJF, cedidas a FARO. Forman parte del informe de investigación The deadly route to Europe.