El marisqueo gallego se queda sin jóvenes en su peor año de empleo
Los profesionales de 30 años o menos caen un 30% en 2024 y ya solo suman 43, una cuarta parte de los que había hace cinco años

Una mariscadora de a pie enseña parte de los bivalvos recogidos en la ría de Pontevedra. / Gustavo Santos
Un 93% menos de berberecho y un 86% menos de almeja, pérdidas por casi 45 millones de euros en cuatro años sin contar la inflación y un sentimiento de profunda desesperación. Una mezcla de frustración por la inacción política y el anhelo de un milagro. A falta de datos oficiales, ese es el balance del pasado año por parte de la Plataforma en Defensa da Ría de Arousa, referente en Galicia de la producción de bivalvos, pero la panorámica sirve para ilustrar todos y cada uno de los bancos de marisco de la comunidad autónoma. Spanish fishers in Galicia report «catastrophic» collapse in shellfish stocks (Los mariscadores gallegos denuncian el colapso «catastrófico» de las rías), titulaba el periódico británico The Guardian hace poco más de un mes para informar sobre el impacto, que va más allá del producto y se vuelve a sentir en otro duro revés que encaja el colectivo. Los mariscadores de a pie gallegos se desplomaron de nuevo en 2024. El gremio registra la peor cifra de empleo de su historia y certifica la extinción de cualquier rastro de relevo generacional.
Las pésimas condiciones meteorológicas, la desalinización del terreno y la mortandad al alza de los moluscos. También la dureza del oficio, el cambio de mentalidad de las nuevas generaciones y su estampida de los oficios tradicionales o la lacra del furtivismo. Las aristas del problema son múltiples, claro que se puede analizar desde diferentes perspectivas, pero los números actualizados por el Instituto Galego de Estatística son los que son y corroboran la sangría de trabajadores, que ya rozan los 3.300 (2.470 mujeres y 837 hombres). Son 200 menos que los que registraron el ejercicio anterior y 400 menos que los que había en el arranque de la pandemia del COVID. En porcentaje, los profesionales del marisqueo han caído un 6,3% en el último año, el mayor bajón interanual de la serie.
Dentro del colectivo llama la atención la pérdida del marisqueo joven, que camina hacia su desaparición. Los mariscadores de a pie gallegos con 30 años o menos se redujeron casi un 30% en 2024 hasta los 43; eran 61 en 2023, 91 en 2022 y 118 en 2021. Si se compara con los 163 de 2020, el sector ha perdido en los últimos cuatro años a tres cuartas partes de sus jóvenes. Y es más, las nueve zonas en las que se dividen las rías gallegas están todas en mínimos.
Destaca el caso de Vigo, que en 2024 perdió el último efectivo que conformaba su esquelético relevo generacional, siguiendo la estela de Cedeira, pero también los casos de A Mariña, Costa da Morte y Fisterra, donde solamente quedaba un profesional con 30 años o menos el año pasado. Pocos más eran en las zonas de A Coruña-Ferrol (cuatro), Muros (siete), Pontevedra (11) y Arousa (18), todas lejos de las cifras que sus bancos manejaban hace solo un lustro.
Un ritmo catastrófico
La situación del marisqueo gallego acentuó su insostenibilidad con la llegada del coronavirus de forma generalizada, pero el conflicto se agravó con fuerza hace dos años. A finales de 2023, la Consellería do Mar presentó ante la Delegación del Gobierno en Galicia la petición de declaración de zona catastrófica en las rías gallegas a raíz de la alta mortandad del marisco por los temporales. La respuesta, negativa, llegaría cinco meses más tarde por parte del Ejecutivo central, alegando que el Ministerio del Interior no respondió por escrito porque nunca valoró la solicitud al no cumplir los requisitos básicos. De hecho, justificó que el Ejecutivo autonómico en ningún momento activó un plan de protección civil en fase de emergencia. El conselleiro do Mar, Alfonso Villares, tildó ese «no» de «falta de respeto».
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