El cerco gallego alerta de falta de cuotas y urge ayuda para “entre 30 y 40” desguaces
Las continuas reducciones de cupos ahogan al sector y desde Acerga piden “adecuar capacidad de pesca”
La idea es “dejar la flota preparada para otros 15 o 20 años”

Barcos pesqueros de cerco marrados ayer en O Berbés. / Marta G. Brea

La flota de cerco de Galicia arrastra problemas con difícil solución. Algunos son transversales entre los segmentos de la pesca del país, como es la escasez de tripulantes y de relevo generacional. Sin embargo, los cerqueros que operan en el caladero Cantábrico Noroeste o en aguas del Golfo de Cádiz pelean con otros factores que les tocan más de cerca, siendo el peor de todos la falta de cuotas. Los cupos de jurel, anchoa, sardina o caballa son insuficientes para estas unidades costeras que en los últimos años han tenido que modificar mucho sus patrones de pesca. El jurel, por ejemplo, ha desaparecido ya como captura principal; la sardina, por su lado, estuvo a punto de colapsar en la segunda mitad de la pasada década por motivos todavía desconocidos y se mantienen grandes limitaciones pese a los avances. Con este contexto, desde el sector avisan que la situación es ya “insostenible”. “Nos guste o no nos guste, tenemos que empezar a hablar de reestructuración”, apunta el portavoz de la Asociación de Armadores de Cerco de Galicia (Acerga), Manuel Suárez, que calcula que solo en la comunidad se acogerían a los desguaces “entre 30 y 40” barcos.
El segmento del cerco en Galicia contaba a cierre del pasado año con un total de 144 embarcaciones, aunque la cifra ha ido menguando en los últimos años. Solo desde 2021, la flota perdió un total de ocho buques, principalmente con motivo de la exportación a otros países, como puede ser Mauritania. Con ello, los armadores se desprendían de su negocio por motivos de jubilación (y falta de reemplazo) o porque, directamente, no veían viable la actividad. Solo en Vigo, a comienzos de este año había cuatro barcos con el cartel de “se vende”, aunque estaba previsto que la cifra aumentase.

Barcos pesqueros de cerco marrados ayer en O Berbés. / Marta G. Brea
“Vemos que la capacidad no está en sintonía con las cuotas disponibles”, apunta el portavoz de la organización de productores, que precisamente se creó como asociación hace más de diez años para compartir cupos entre los barcos y poder lograr cierta estabilidad. “Pero cada vez llegan más recortes y esto lo que hace es afectar al sector”, recuerda.
Y razón no le falta. El jurel, que siempre ejerció de “salvavidas” en detrimento de otras cuotas, solo se puede capturar de forma accesoria en la zona VIIIc (de Fisterra al País Vasco), mientras que en la IXa (de Fisterra al Golfo de Cádiz), donde sí hay muchas toneladas disponibles, apenas se deja ver. Para colmo, precisamente para esa zona los científicos aconsejan un severo recorte del 66% para 2025. Y lo mismo para la anchoa, con una recomendación de descenso del 54%.
Y si esas dos especies atraviesan dificultades, está por ver qué pasa con la sardina. En su último informe, los expertos del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES, por sus siglas en inglés) apelaban a reducir la presión pesquera con una reducción del 10% en el tope máximo acordado entre España y Portugal, que finalmente establecieron un máximo de 44.450 toneladas, una rebaja del 21,5% respecto a las 55.604 toneladas que se repartieron entre 2023.
En la actualidad, el cerco se ha quedado prácticamente sin opciones para culminar el año más allá de la sardina, pero Suárez recuerda: “Si se tiene en cuenta el precio de la sardina, en el mejor de los casos a 1 euro el kilo, 1000 kilos son 1000 euros y a repartir entre 7 hombres… no da para poder vivir”.
Por todo ello, desde Acerga insisten en solicitar a las administraciones “un plan para poder adecuar la capacidad de pesca a las cuotas disponibles”. “Todo el cerco, sea o no de Acerga, apoya una reestructuración que permita dejar la flota preparada para otros 15 o 20 años”, añade. Solo en el caso de esta agrupación que cuenta con 109 barcos (seis de ellos son racús), el portavoz calcula que habría solicitudes de desguace para “entre 30 y 40” unidades, que “se irían si es posible”. “Pero también están los cántabros o los vascos, que se encuentran en la misma situación; además hablamos de una flota vieja y hay que darle una salida digna”, lamenta.
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