El futuro de la pesca
España acelera la llegada de marineros indonesios para paliar la falta de efectivos
El Gobierno permite que los barcos nacionales puedan fichar tripulantes formados en el país asiático | Lugo cuenta con la mayor comunidad de estos extranjeros (son 539), superando a Madrid o Barcelona

Vista de los grandes barcos de Malvinas y Gran Sol atracados en Beiramar (Vigo). / Marta G. Brea
Con 36 años de media, la flota pesquera española es la que más rápido envejece de la Unión Europea (UE) y ello sin duda supone uno de los mayores problemas que atraviesa el sector. Echados atrás por la dureza del oficio, fundamentalmente físico, en muchos casos durante largas campañas o complicadas tempestades, los jóvenes que quieren dedicarse a faenar son pocos. Y ante esa falta de profesionales nacionales, casi extintos en un siglo XXI marcado por las nuevas tecnologías, el Gobierno busca en el exterior un futuro que garantice el relevo generacional.
Los primeros frutos de esta misión dedicada a captar mano de obra internacional se materializaron esta semana con la publicación de un acuerdo alcanzado entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y las autoridades de la República de Indonesia. El mismo viene a reconocer la titulación de los marineros indonesios, homologándola y permitiendo así que nuestros barcos puedan fichar tripulantes formados en el país asiático. Todo para evitar que tengan que volver a recibir formación aquí, una vez lleguen.
“Es algo en lo que veníamos trabajando desde hace ya tres años”, celebra el secretario general de Cepesca, Javier Garat, explicando en declaraciones a FARO que la idea es “facilitar” la incorporación de estas personas “lo más rápido posible” a las embarcaciones que necesitan efectivos. “Al enrolarse se les podrá dar el permiso de residencia y trabajo provisional, mientras se comprueba el resto de documentación que exige la Ley de Extranjería”, apunta, evidenciando que se trata de “acelerar” el proceso.
Entre otras cosas, esto será evitando los “trámites burocráticos” que se encontraban hasta ahora los marineros indonesios, que pese a estar capacitados tenían que sacarse el certificado español por no estar homologado. “Todo eso ha sido posible tras la negociación entre ambas partes, en la cual se ha comprobado que los títulos eran equivalentes y que se podía hacer ese reconocimiento”, agrega el también presidente de la Coalición Internacional de Asociaciones Pesqueras (ICFA).
A sus ojos, el pacto es más que positivo. Por un lado para España, ya que ayudará a paliar la falta de relevo generacional que lleva sufriendo desde hace años el sector del mar. Por el otro, para los nuevos tripulantes del país asiático, que contarán con mejores condiciones laborales que si faenaran para flotas de otras naciones: “En general, los estándares que tenemos aquí son más altos. Nuestros armadores, patrones y barcos son buenos. Es bueno para ellos y para nosotros”.
Según consta en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el acuerdo publicado esta semana entró en vigor en la fecha de su última firma –el pasado 8 de febrero en Madrid–, tendrá una duración de tres años y se renovará automáticamente por períodos sucesivos iguales al menos que una de las partes notifique por escrito a la otra su intención de terminarlo. De igual manera, “no va más allá de la titulación que habilita a una persona para trabajar como marinero en un buque de pesca marítima”.
La medida podría traer un nuevo aumento de la comunidad indonesia que alberga Galicia, estrechamente ligada a la pesca. La autonomía contaba en 2022 con 650 ciudadanos del país asiático empadronados, sobre todo asentados en las localidades costeras de Burela y Viveiro, siendo la región que aglutinaba un mayor número. Lugo, por su parte, era la provincia española que más indonesios concentraba. Eran 539 (el 83% del territorio gallego), hombres (el 99%), con una edad media de 40,3 años (frente a los 49,8 años de los lucenses) y muchos más que los que se encontraban entonces en Madrid (366), Barcelona (267), Málaga (125) o Las Palmas (67).
Conforme indica Sergio López, gerente de la Organización de Productores Pesqueros del Puerto de Burela (OPP-7), el fenómeno de su localidad y Viveiro –a solo una veintena de kilómetros de distancia– se debe a que las agencias de colocación se centraron en los últimos años en atraer a estos profesionales al norte, algo que contribuyó “favorablemente” a garantizar el relevo generacional en dicha zona. “Los marineros indonesios tienen capacidad de trabajo y tienen buenas artes. En particular en el palangre, porque ya poseen cierta especialización”, detalla, recordando que la provincia de Lugo es “atípica” porque la bajura es prácticamente testimonial: “La altura es lo importante”.
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