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El ‘final’ de la pandemia devuelve a los furtivos a las costas gallegas

La cantidad de kilos de productos decomisados aumenta un 33% en 2021 | La llegada del verano supone un aumento de esta práctica ilegal debido a una mayor demanda

Mariscadores de Vilagarcía faenando en la playa. | // NOE PARGA

Hay preocupación entre los mariscadores gallegos. El final de la pandemia, sumado a la mayor demanda de producto que siempre se experimenta en verano, supone un aumento significativo del furtivismo, una práctica que, por una parte, merma el beneficio que obtienen los profesionales legítimos del sector y, por otra, pone en peligro la salud de los consumidores, que en ocasiones comen un producto que no reúne las condiciones higiénico-sanitarias mínimas. Los últimos datos de Gardacostas ponen negro sobre blanco la evolución de esta práctica en Galicia: entre 2020 y 2021, los kilos de producto decomisado pasaron de 46.206 a 61.629, es decir, aumentaron un tercio en solo un año. Los productos medidos por Gardacostas, eso sí, incluyen tanto el furtivismo de marisco como de los demás productos marítimos.

El furtivismo “aumenta en verano, en Semana Santa y en Navidades porque la demanda aumenta; es cuando más se quejan las cofradías”, cuenta a FARO el presidente de la Federación Provincial de Confrarías de Pontevedra, José Manuel Rosas. Cuando hablamos de furtivismo, apunta, “el perfil es el que está organizado, el que tiene una clientela para la mercancía”. Estas personas “tienen infraestructura, tienen un canal de mercado organizado y tienen hasta embarcaciones”, apunta. “El que se dedica a esto lo hace todo el año, pero cuando más aumenta es cuando más demanda hay”, advierte.

Pero hay un factor que ha hecho que aumente esta práctica ilegal con respecto a 2020: el final de la alerta sanitaria. El año de confinamientos, de restricciones y de locales de hostelería cerrados a cal y canto produjo la consecuente disminución tanto de la demanda de producto como de la capacidad del furtivo para salir de su casa. Pero la vuelta a la normalidad ha significado una vuelta a las viejas prácticas, ilegales incluidas.

En este sentido, entre 2020 y 2021, el Servizo de Gardacostas vio cómo aumentaba un 17,8% el número de incautaciones, un 33,3% los kilos de producto decomisados y un 17,2% el número de infracciones. Además, el número de personas detenidas e investigadas por estas prácticas pasó de 81 a 112, lo que supone un aumento del 38,2%. Hay que tener en cuenta, no obstante, que estos datos no solo incluyen el furtivismo de marisco, sino también de otros productos del mar, entre los que destacan el pulpo, el jurel y la sardina. En lo tocante al marisco, eso sí, las especies preferidas por los furtivos fueron la centolla, el mejillón y la almeja japonesa, detallan desde el Servizo de Gardacostas.

Por zonas geográficas, las que registraron el mayor número de incautaciones a lo largo del año pasado fueron las de Vigo-A Guarda, San Vicente-Ría de Pontevedra, Arousa Sur y el área comprendida entre Fisterra y Porto do Son. Mientras, aquellas donde más cantidad de producto se decomisó fueron la que va de Fisterra a Porto do Son, la ubicada entre la costa lucense y Ferrol, San Vicente-Ría de Pontevedra y Vigo-A Guarda.

Ni los paros por toxinas detienen esta práctica: “La gente no sabe lo que come”

Mari Carmen Vázquez, patrona mayor de la Cofradía de Pescadores Santo André de Lourizán, en la ría de Pontevedra, está cansada de ver a “los mismos de siempre” mariscando de manera furtiva en la zona. “Incluso en la semana de toxina, que estuvimos parados, pillaron a los mismos de siempre, a los reincidentes”. Se trata de personas a las que ya habían juzgado y prohibido acercarse a la playa, pero “¿eso qué es?”, se pregunta Vázquez, indignada. Desde el sector alertan de que es difícil cuantificar las pérdidas que supone esta práctica para los profesionales, pero que son “importantes”.

El culpable mayor es el que lo compra, lo digo clarísimo, porque, si no hubiera nadie que se lo comprara, ellos no irían”, protesta Vázquez. En este sentido, fuentes del sector alertan de que los furtivos “pueden vender a vecinos, a cualquiera que haya por la calle e incluso a restaurantes” y el presidente de la Federación Provincial de Confrarías de Pontevedra, José Manuel Rosas, advierte del “peligro que supone comer un producto que no ha tenido la trazabilidad adecuada” y que, “a veces, la gente no sabe ni lo que come”. Se muestra de acuerdo con él la patrona de la cofradía de Lourizán, que añade: “Y luego espera tú que no le pase nada al consumidor final, porque puede haber disgustos”. En Lourizán, el furtivo tipo es el organizado, ya que, al estar la playa al lado de la autovía, el acceso es más difícil, lo que disuade al llamado “furtivo de bañador”, es decir, al bañista que aprovecha su visita a una playa para coger producto mientras pasa el día en el arenal, pero sin intención de venderlo, sino de llevárselo a su propio plato.

“Este no es el que hace daño”, explica el patrón mayor de la cofradía de pescadores San Telmo de Pontevedra. “Los peligrosos son los organizados, los que vienen con lanchas, porque en una noche se pueden llevar lo mismo que lo que se llevan en todo un año los que hacen menudeo”, añade.

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