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Faro de Vigo

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La bajada al “Pitanxo” gana razones: hay un submarino con capacidad para descender 2.300 metros

Ensamblado en Barcelona, es un sumergible acrílico con capacidad para tres personas | Las familias, airadas con Miñones: “Queremos que se vaya a grabar y obtener datos”

El sumergible “DSV Aurelia”, presentado en Barcelona. | // REV OCEAN / CEDIDA

Las familias de los 21 fallecidos en el naufragio Villa de Pitanxo son conscientes de que la recuperación de cadáveres es poco menos que una quimera. Por la situación actual del pesquero, en una profundidad que puede alcanzar los 1.000 metros, y la estructura del mismo: no es un crucero de puertas grandes que permita la entrada de un robot (ROV, Remotely Operated Vehicle) en camarotes o en la sala de máquinas, y puede estar partido o tumbado bajo el mar, enredado en aparejos. Y, por el estado de las corrientes, un cuerpo podría haberse desplazado a cientos de millas de distancia desde aquel 15 de febrero.

Lo que exigen al Gobierno es localizar el barco, bajar hasta él para “tomar imágenes y vídeos que ayuden a tener datos firmes sobre los que argumentar la futura toma de decisiones”. “Le dijimos de forma verbal y por escrito que había que bajar para investigar, y nunca con la condición de encontrar los cuerpos de los desaparecidos”, aclaró la hija del jefe de máquinas, María José de Pazo. A esto, a que las familias solo aspiran a recuperar cadáveres, se aferra Madrid para negar la expedición, como ayer evidenció el delegado del Gobierno, José Miñones.

Si se retira de la ecuación el rescate de los cadáveres, sí hay posibilidades técnicas para realizar esa prospección. Con medios construidos en España, además. Este mismo lunes el puerto de Barcelona acogió la presentación del submarino (sumergible) Aurelia, construido en San Cugat del Vallès por la compañía Triton Submarines. No es un vehículo tripulado a distancia, ya que tiene capacidad para tres personas. Y, sobre todo, puede adentrarse en espacios nunca vistos del océano. Aurelia es un sumergible de inmersión profunda (deep-submergence vehicle, DSV, como se denomina en el argot del sector), capaz de alcanzar profundidades de hasta 2.300 metros. Más del doble que la distancia que podría separar el Villa de Pitanxo de la superficie y de la profundidad a la que quedó para siempre el submarino argentino ARA San Juan, en cuya operación de rescate sí participaron medios de la Armada Española, como publicó este periódico.

Aurelia es un encargo de la compañía holandesa REV Ocean, sin fines de lucro y especializada en investigación oceánica. “Contará con varias otras tecnologías nuevas, que aumentan la resistencia, amplían la utilidad y mejoran la efectividad de maneras que antes no eran posibles”, valoró el cofundador y presidente de Triton, Patrick Lahey. Este submarino se someterá ahora a pruebas de mar en Baleares. Participarán representantes de Tritón, funcionarios de gobierno y certificación, y representantes del propietario, antes de su entrega formal.

La misión

Aunque tanto la denominada caja azul como el AIS o la radiobaliza funcionaron con normalidad en el Pitanxo, y se tengan por tanto las coordenadas precisas del último punto desde donde se recibió la señal del barco, esto no significa que esté justo en posición perpendicular (en el fondo). Por tanto, en primera instancia, sería necesario disponer de equipos con un magnetómetro o sonda lateral –como los que tienen los oceanográficos– para hacer barridos con señales multihaz. El fondo del mar no es una superficie plana y diáfana: esa sonda arrojaría distintos puntos de interés, que potencialmente podrían ser el barco, y que deberían descartarse uno por uno hasta dar con él.

A juicio de familiares de fallecidos –sobrevivieron el patrón, su sobrino y un marinero–, el estado del barco o de los aparejos puede dar información valiosa sobre los motivos por los que el mar engulló al Pitanxo. Máxime habiendo dos versiones contrapuestas: el capitán, Juan Padín, defiende que el motor se apagó de forma súbita, y que eso propició la escora fatal y la vía masiva de agua; el superviviente Samuel Kwesi Koufie alega que falló la maquinilla de arrastre, probablemente por haber embarrado (enganchado) y que Padín no quiso cortar el aparejo.

Los datos técnicos del pesquero, como desgranó FARO, dan la razón al marinero. El motor principal, un Wärtsilä diésel modelo 9L20, no se paró de repente, dejando al pesquero a merced de las olas, el viento y la tensión por popa del aparejo: estaba funcionando solo un minuto antes, cuanto menos, de que Padín accionara el botón distressed de emergencia en el puente de mando.

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