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Faro de Vigo

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Juan Padín Capitán del “Villa de Pitanxo”

“En la balsa se mueren en mis manos seis personas que hoy podrían estar aquí”

“Nos quedamos enganchados y la balsa salvavidas se rajó, teníamos un agujero, y uno se había ido, se coló; esas horas fueron fatídicas” | “Si estuviéramos 10 u 11 personas vivas todos dirían lo que pasó, pero desgraciadamente somos tres”

Juan Padín Costas. FOTOS: MARTA G. BREA

“Quería dar esta entrevista ante lo que están publicando algunos medios, porque considero que se está haciendo mucho daño a las familias, incluida la mía”. Visiblemente afectado, Juan Padín Costas, capitán del buque Villa de Pitanxo, habla por primera vez tras el accidente ocurrido en aguas de Terranova en la madrugada del pasado 15 de febrero. El patrón del navío de Marín, en el que fallecieron 21 tripulantes (12 de ellos no aparecieron), atiende a FARO en exclusiva para explicar lo sucedido, cómo lo vivió, el drama a bordo de la balsa salvavidas y, sobre todo, para responder a las declaraciones que aparecen en los medios sobre el siniestro. Lo hace también después de que lanzasen pintura roja a su casa, donde vive con su mujer y sus dos hijos. “A las familias, también a la mía, nos están haciendo pasar por unos momentos súper difíciles cuando no tenemos culpa de nada”.

“Hablo por las familias, para aclarar cosas que están saliendo que no son ciertas”

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–Se cumple un mes del accidente, ¿cómo se encuentra?

–Fatal. La verdad es que esto no se puede describir con palabras, ni mucho menos. Cada uno lo lleva como buenamente puede. Solo hablo hoy por las familias, para aclarar ciertas cosas que están saliendo en los medios que no son ciertas. Quiero aclarar que el accidente fue súper rápido, que hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano. No hubo nada que no se pudiera hacer, se hizo todo lo que realmente se pudo.

–¿Ha podido hablar con los otros dos supervivientes, Eduardo Rial y Samuel Kwesi, desde su regreso a España?

–Con Eduardo [su sobrino] sí he hablado. Con las familias de algunos de los tripulantes también. A Samuel no lo he vuelto a ver desde que llegamos a Santiago. Ni he hablado ni he tenido ningún contacto con él. De hecho, el día que declaramos ante la Ciaim [Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos] él tampoco estaba porque estaba con un abogado. No he vuelto a saber absolutamente nada de él.

–¿Recuerda cómo eran las condiciones de mar aquel día?

–Para nosotros era un día más. Se puede verificar también que el resto de los barcos que estaban cerca estaban trabajando como nosotros. Estaba el Playa Menduiña Dos, el Novo Virgem da Barca… Y estábamos todos trabajando en la zona.

–¿Había trabajado antes con esas olas y vientos?

–Es que era un día más. Hubo días con peor tiempo y también se trabajaba. Concretamente ese día era uno más. Es Canadá, una zona de frío, de mal tiempo, igual que cuando hay aquí días de mal tiempo y no siempre se sale con calma. Era un día más y tocaba estar ahí, trabajando.

–Hasta ese día, ¿la marea había transcurrido con normalidad?

–Sí. De hecho, hubo días de la marea anteriores en los que las condiciones eran mucho peores.

–Desde el principio dijo, tal y como trasladó la armadora (Grupo Nores) a los medios, que todo se debió a un fallo inicial del motor. ¿Lo mantiene?

–Así es. Estamos en la maniobra de virada, una de tantas, y realmente pasó eso, se paró el motor. Llamé a la máquina [la sala de máquinas], para ver qué había pasado, y se me dice que se paró de golpe. Me dijeron que llamaron al jefe de máquinas, el cual baja a la para ver qué era lo que había pasado. Yo había hablado con el primer oficial de máquinas y me dijo que habían llamado al jefe y que iba a bajar, pero les dije que pusieran el [motor] auxiliar, porque claro, me quedo sin maquinillas. Si me falla el principal, tengo el acceso a maquinilla encendiendo el auxiliar. Pero esto nunca se produce, nunca se llega a encender, y al ver que el agua está entrando constantemente por la popa y el barco empieza a coger una escora, ahí es cuando decido abandonar el buque.

–¿El barco se paró?

–El barco se para y se va hacia atrás, por el peso de los cables y lo que va por la popa, aparejo y demás. Si llevas propulsión vas hacia delante, pero si paras el motor hace efecto contrario, un efecto fuelle. Esa velocidad va en dirección contraria, hacia el mar y el viento, lo que también genera unas olas mayores.

–El motor, ¿se para antes de la entrada del agua o a raíz de la entrada de agua en el barco?

–El motor se para antes de que entre el agua. Estaba virando y algo de agua entra, pero el gran problema es cuando se te para y se crea una contravelocidad: de repente vas hacia atrás. Con propulsión aguantas, pero sin motor no hay qué te lleve para adelante.

–¿Qué papel jugaron las maquinillas o el peso del aparejo en el suceso? ¿Fallaron también a raíz de la entrada de agua?

–[El aparejo] lleno nunca viene, eso ya para empezar. Habría una captura, pues sí, pero el efecto de no tener maquinilla, en este caso en el que ya falló el principal y no se conecta el auxiliar, pues no puedes virar. Ni desvirar. Aunque quisiera soltar el aparejo e izar cable, por decirlo así, tampoco puedes porque necesitas energía.

–¿No hay un sistema de emergencia para que se suelte todo si hace falta?

–No.

–¿Por qué cree que se paró el motor o por qué no se llegó a conectar el auxiliar?

–Sinceramente, no lo sé. A eso no tengo contestación. Yo pido que se me encienda el auxiliar para yo poder manejar las maquinillas, pero nunca se llegó a encender. No tengo contestación. Es cuando veo que está entrando cada vez más agua y empezamos a escorar hacia babor. Y ahí acciono el protocolo de abandono del buque.

–¿En qué momento se dio cuenta de que iban a naufragar?

–Lo sé en el momento en el que a mí no me dan respuesta desde la máquina. No tengo una respuesta y ante ello tengo que adelantarme a los hechos. Dije: “Ostra, es que si esto sigue así voy a tener un serio problema”.

–¿Dio entonces la orden de abandono?

–Claro, ahí es cuando pulso el abandono y la gente ya sube con los trajes al puente, algunos se los estaban colocando y ya empezamos el abandono en sí. Soltamos la balsa de babor entre dos marineros y yo y dejé encargado de esa maniobra al primer oficial de puente. El barco ya estaba escorado y por protocolo unos nos vamos a una balsa y otros a otra. La de babor era la más fácil, porque al estar escorado hacia ahí era teóricamente más fácil acceder a ella. Yo me voy a estribor y con los dos engrasadores la intentamos echar al mar. Pero la escora era tal que no fuimos capaces. Entonces la accionamos en el barco, mecánicamente. Al ir hinchándose conseguí trepar por el costado porque estaba muy escorado y echarla hacia afuera. Cae sobre la regala del puente y ahí empezamos a embarcar. Considero que por mis manos pasaron diez personas. Fui pasando gente, pasando gente, ayudándoles a subir. Cuando ya nos llega el agua el barco se está colando [hacia el fondo] y nos dimos cuenta que estábamos agarrados al buque. Algo estaba sujeto al nido de la balsa o algo así, por lo que nos dio dos golpes hacia abajo. Nos dio y nos soltó, nos dio y nos soltó. Y ahí ya quedamos libres. En ese momento, cogemos del mar a Eduardo y a los pocos segundos escuchamos en el costado a otro marinero pidiendo auxilio, que cogimos y metimos en la balsa entre Eduardo y yo. Ahí entendía que en total éramos 11 personas en la balsa, pero después al hacer recuento faltaban dos.

–¿Por qué?

–Entiendo que por la salida posterior de la balsa (yo estaba en la entrada) es posible que dos personas no estuviesen bien agarradas y se saliesen con esos dos botes que nos pegó hasta que nos soltamos.

–Para las familias esto es de lo más importante. ¿Sabe si salieron todos o cree que pudo quedar alguien dentro del barco?

–Entiendo que es posible que hayan salido todos del barco, porque estábamos todos allí. No puedo asegurar a ciencia cierta que todos hayan salido del puente, pero todos estábamos arriba, preparándonos, con los trajes medio puestos o preparándonos. Yo pienso que no puede haber nadie en el barco. Vamos, estábamos todos allí. Unos teníamos que ir a una balsa y la mitad fuimos a la que estaba yo, que fue la última en echarse al mar.

Las dos balsas localizadas tras ser descargadas del “Playa Menduiña Dos”, que rescató a los tres supervivientes PAUL DALY / EUROPA PRESS

–¿La otra balsa no la volvieron a ver?

–No, porque con la estructura del puente, al estar escorado, es imposible. Estaba en el costado de babor y nosotros estábamos en el de estribor.

–¿Qué llamadas de emergencia activó?

–Lo primero que hago es la señal del abandono del barco y luego hago una primera llamada de auxilio por VHF, para la cual no tengo respuesta, después pulsé el distress [botón de color rojo en el equipo de Llamada Selectiva Digital], que está reflejado, y después voy a la telefonía y también pulso el distress.

–¿Cómo fueron aquellas horas en la balsa?

–Muy malas, porque se mueren en mis manos seis personas. Seis personas que estaban completamente bien y que hoy podrían estar aquí y no están.

–¿No tenían el traje de supervivencia?

–No, el traje no lo tenían. Muchos venían con el chaleco salvavidas, que eso sí lo tenían, pero ante siete horas en el agua la hipotermia…

“Intenté tranquilizar a los cuatro que estábamos en ese momento, vivos, y entre que se acercó [el barco] y no se acercó… William también se fue”

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–¿Qué sintió al ver al Playa Menduiña Dos?

–El primer barco que vimos fue el Novo Virgem da Barca, que iba hacia la otra balsa. En ese momento estábamos cuatro personas vivas. El último en fallecer fue William [Arévalo Pérez]. Yo le decía: “Tranquilo, tranquilo, que ya están aquí”. Pero bueno, en el tiempo en el que se fueron acercando… Vi al Barca, aunque los nombres no los sabía en aquel momento, y después ya vi a otro barco más, que venía hacia nosotros. Era el Playa Menduiña Dos. Intenté tranquilizar a los cuatro que estábamos en ese momento, vivos, y entre que se acercó y no se acercó… William también se fue.

–¿Llegó a pensar que no aparecería nadie para rescatarlos?

–No. Yo luego pensé que tenían que haber aparecido mucho antes. La verdad, mucho antes. Las circunstancias fueron las que fueron, aparecieron cuando aparecieron. Creo que por cercanía y por todo tenía que ser mucho antes, pero bueno, la realidad es la que es.

–Buscaron al resto de la tripulación en el mismo barco que los rescató, ¿cómo lo vivió?

–Sí, nada más subirnos empezó la labor de rescate. Fuimos recuperando gente. El primer día sacamos a cuatro cuerpos del agua, uno era uno de los que teníamos en nuestra balsa, porque cuando nos quedamos enganchados en el barco la balsa se rajó por abajo, teníamos un agujero, y uno se había ido, se coló. Después lo volvimos a recoger. Esas horas fueron fatídicas para nosotros.

–También participaron otros barcos.

–Estaba el Barca, que fue el que nos dio la mala noticia, de que en la otra balsa no había nadie. Porque claro, pensábamos que alguien más tenía que estar. Fue el que nos dijo que no había nadie, absolutamente nadie. Se lo comunicó al Playa. Por eso cogimos las dos balsas, la nuestra, en la que estábamos nosotros, y la otra balsa. Estaba intacta y sin nadie dentro.

–¿Sabe qué pudo haber pasado?

–No lo sé.

Traslado de uno de los cuerpos de los fallecidos en el 'Villa de Pitanxo' a su llegada a St. John’s PAUL DALY / EUROPA PRESS

–Ya en puerto, en St. John’s, ¿tuvo lugar la protesta de mar?

–Bueno, a nosotros ya estando en el Playa Menduiña Dos nos llamaron los peritos de diferentes compañías de seguros. Les fuimos contestando, tanto de forma individual como en conjunto, y les presentamos los hechos como habían sido. Y al llegar a St. John’s igual. Estaba el cónsul español y un notario, nos llevaron a un hotel y nos hicieron un cuestionario que tuvimos que cubrir uno a uno. Yo el que me correspondía como capitán, Samuel el que le correspondía como marinero y Eduardo igual. Cada uno cubrió el suyo y después redacté la protesta de mar. A viva voz expliqué los hechos que habíamos puesto, los tres estuvimos de acuerdo, el notario nos la leyó y después la firmamos los tres.

“Que se estén contando las mentiras que se están contando… me parece no ya desagradable, es inhumano”

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–Estos últimos días han trascendido declaraciones de Samuel ante las autoridades en España. ¿Está de acuerdo con lo que está saliendo?

–Estoy completamente en desacuerdo, porque se está modificando la realidad. Sobre todo, por las familias que no tienen a sus seres queridos. Que se estén contando las mentiras que se están contando… me parece no ya desagradable, es inhumano. ¿Cómo se puede mentir ante esto? ¿Cómo algunos medios sin saber lo que realmente pasó pueden estar mintiendo de esta manera?

–¿Cree que cambió su versión? ¿A qué se debería?

–Samuel se mantuvo al margen desde los primeros días, tiene un abogado que parece ser que es el que está llevando o intentando llevar esto por senderos diferentes, con algún medio incluido, y eso es lo que no entiendo. Quiero que se pongan en nuestra piel, que se pongan en lo que realmente pasamos. No van a ser capaces porque no lo vivieron. Que se dejen de estar contando mentira tras mentira.

“Lo único que le puedo pedir [a Kwesi] es que deje de mentir, que hay familias que no tienen a sus seres queridos a su lado”

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–Le estaría acusando de negligencia, ¿qué tiene que decir?

–Él no lo puede decir. Él puede decir que a cuenta del capitán está vivo. Eso sí que lo puede decir porque lo sabe. Lo puedo ver a la cara cuando sea, hoy, mañana o pasado, y decirle que está vivo porque conseguí echar la balsa fuera. Y él lo sabe. Lo único que le puedo pedir es que deje de mentir, que hay familias que no tienen a sus seres queridos a su lado.

–¿Considera que se pudo hacer más?

–No, y todos los que dicen que se pudo hacer más, que lo demuestren. En dos segundos se demostraría que están mintiendo. ¿Se pudo hacer esto o lo otro? Dime tú cómo.

–El Fiscal de la Audiencia Nacional está valorando si hay o no responsabilidad penal, ¿está tranquilo?

–Estoy tranquilo porque hice todo lo que tenía que hacer. Todo es todo. El que no puede estar tranquilo en este caso es él [Samuel] porque sabe que está mintiendo.

–Las autoridades detectaron COVID en alguno de los fallecidos y se habrían descubierto ya durante la marea, ¿cómo lo puede explicar?

–Es cierto que lo tuvimos. Nosotros salimos de Vigo sin COVID. Hicimos antígenos y todos estábamos bien. A los cuatro días hago de nuevo test y hay dos casos con COVID. Arreglamos un pañol, les hicimos un camarote para ellos y los aislamos completamente. A los tres días vuelvo a hacer otro control y ahí salen cuatro personas más, ya tenemos seis personas con COVID, sin síntomas, pero infectados. Todos vacunados, claro. Hablo con el Centro Radio Médico de Madrid y les explico lo que tengo a bordo. Se puede comprobar. Les dije que a las dos primeras personas pude aislarlas, pero que al salir cuatro más… Es un barco, no puedo hacer más. Me dijeron que procediese, que todos juntos, que habrá gente que se va a contagiar y gente que no. Yo de hecho no tuve COVID y muchos no tuvimos, aun estando juntos. Seguí las instrucciones que me dieron en el Centro Radio Médico: no hay síntomas, están asintomáticos y estáis todos vacunados, así que vida normal. Fue lo que hicimos. Pero esto no incide en nada de lo que realmente pasó y si lo que quieren es darle la vuelta o marear la perdiz como se suele decir, pues se hace.

–¿Qué les diría a las familias de los fallecidos?

–Lo que les podría decir es que todo fue muy rápido, que se hizo todo lo que estuvo en nuestra mano, todos en general. Apoyamos e hicimos todo lo que se pudo… y el mar no perdona. Nos quedamos sin máquina, vamos contra las olas, el agua empieza a entrar y el barco así que coge escora ya no para, va seguido. Son minutos que estás a todo, pero falta el tiempo. Si estuviéramos 10 u 11 personas vivas aquí todos dirían lo que pasó, pero desgraciadamente somos tres los supervivientes. Les diría a las familias que estén tranquilas, que hicimos todo lo que se pudo. Y que, sintiéndolo mucho, no puedo darles lo que realmente querrían, que es que les trajera, como toda mi vida he hecho, a sus familiares para casa.

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