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Faro de Vigo

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Las incógnitas del Pitanxo, a un Alto Tribunal

La Audiencia Nacional asume la investigación del naufragio para determinar si existe responsabilidad penal en la gestión del capitán | El testimonio de Samuel Kwesi, superviviente, difiere del de Juan Padín y Eduardo Rial

Traslado de uno de los cuerpos de los fallecidos en el 'Villa de Pitanxo' a su llegada a St. John’s PAUL DALY

Martes, 15 de febrero. A unas 250 millas al este de Isla de Terranova, el marinero Edwin Córdova Salinas (mayo, 1993) manda un mensaje a su esposa. Es uno de los tripulantes del pesquero Villa de Pitanxo, de Grupo Nores.

– Cuida de los niños.

Son las 4:57 horas en España. No escribe nada más.

Solo veintisiete minutos después, el Centro Nacional de Coordinación de Salvamento Marítimo (CNCS) de Madrid recibe una primera señal de socorro del buque, a través de un dispositivo de emisión vía satélite. Un botón denominado distress que comunica el DNI del barco (técnicamente, el MMSI) y la ubicación exacta, y que tuvo que ser accionado por un tripulante en el puente de mando. Inmediatamente después llegó una segunda señal, pero de la radiobaliza; el pesquero, de 50 metros de eslora y con 24 tripulantes, ya había escorado lo suficiente como para que este sistema de emergencia se accionase por la presión que ejercía el agua. El Pitanxo ya se estaba hundiendo.

El primer pesquero que logró llegar a la zona, el Playa Menduiña Dos –se encontraba a 40 millas al sur del lugar del naufragio–, localizó dos balsas salvavidas a las 10:37 horas (05:37 en Canadá). Solo había tres personas con vida y varios cadáveres. Se recuperarían nueve cuerpos; los doce restantes –ya han sido declarados fallecidos por un juzgado de Vigo– continúan desaparecidos.

Estas son las únicas certezas, cronológicas, del mayor siniestro marítimo para la pesca gallega desde 1978. El Juzgado de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional será el encargado de despejar las múltiples incertidumbres. También de aclarar las contradicciones. Porque la declaración de uno de los tres supervivientes, Samuel Kwesi Koufie, sobre las circunstancias que precedieron al hundimiento del barco, son distintas a las manifestadas por Juan Padín Costas (capitán) y Eduardo Rial Padín (sobrino del anterior). Ha sido la Guardia Civil de la Comandancia de Pontevedra la que ha remitido a Madrid las diligencias. A partir de ahora será el Alto Tribunal el que deberá determinar si hubo responsabilidades penales en la tragedia.

Las versiones

En el momento en que el arrastrero Villa de Pitanxo fue a pique se encontraba realizando la maniobra de virada del aparejo, que estaba colmado de fletán. Según la versión aportada por la armadora, y que a su vez le trasladó el patrón, se produjo “una repentina parada del motor principal, que dejó el barco sin propulsión ni gobierno, expuesto al viento y las olas, sufriendo golpes de mar que lo escoraron y hundieron de forma muy rápida”. Ante un escenario así, los aparejos se convierten en una especie de ancla, lo que ata al barco por popa. Sin gobierno –los motores auxiliares no permiten mover el buque, sino que solo aportan electricidad o el servo (lo que maneja el timón)–, el pesquero se vuelve totalmente vulnerable, abofeteado por babor y estribor por las olas y el viento. Sin motor, el Pitanxo no pudo aproar (ir de proa) el fuerte oleaje, de hasta seis metros de altura. No se ha aclarado todavía por dónde se produjo la vía masiva y definitiva de agua. Es algo que deberán explicar los tres supervivientes, que también han prestado declaración secreta ante los instructores de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim).

Juan Padín (izq.), Eduardo Rial y Samuel Kwesi, a su llegada a St. John’s. Paul Daly

Circunstancia aparte es la que han apuntado marineros de pesqueros que participaron en los trabajos de búsqueda. Su relato, en lo que concierne a la maniobra que estaba realizando el Villa de Pitanxo (virada del aparejo), arranca del mismo modo. Ahora bien, aluden a que la parada repentina del motor principal se produjo como consecuencia de una entrada masiva de agua, y no al revés. Es una posibilidad. De acuerdo a esta versión, con el copo del aparejo lleno de capturas, éste se habría embarrado (enganchado) en el fondo del mar, tensionando hacia popa el barco por los cables del aparejo. Las maquinillas de cubierta son las que ejercen esa tensión, si es que no se libera o rectifica el rumbo desde el puente de mando. Un pesquero puede sufrir una vía masiva de agua por la boca de popa, agudizada en caso de que no estén estancos compartimentos críticos, hasta ahogar la sala de máquinas.

En ninguna de las investigaciones sobre hundimientos realizadas desde 2008 por la Ciaim –es un organismo que no impone sanciones–, consultadas íntegramente por FARO, se alude a un fallo del motor principal como causa de un naufragio.

Esclarecer si la entrada masiva de agua se produjo antes del fallo del motor será determinante 

Sea como fuere, los marinos consultados son tajantes. “Si te quedas sin el motor principal lo pierdes todo. Los auxiliares te dan luz, bombas de achique, el servo (lo que maneja el timón)... Pero no va a servir. Estás perdido”.

El hecho de que el Villa de Pitanxo no pueda ser reflotado –está a unos 1.000 metros de profundidad– dará mayor importancia todavía a los testimonios de los supervivientes. Como figura en la sentencia de la Audiencia Provincial de A Coruña 306/2021 sobre el hundimiento del atunero Txori Urdin. “El buque no fue inspeccionado durante el hundimiento y, por tanto, fuera de las declaraciones de los tripulantes que hablan de una vía de agua sin concretar su situación ni su causa, no resulta posible excluir como causa del naufragio cualquier motivo externo al buque”. En el Txori Urdin no hubo víctimas. En las condiciones actuales no es posible acometer una operación que permita acceder al buque, por las condiciones climatológicas, pero para las familias de los fallecidos la inspección visual del Pitanxo sí permitiría arrojar algo de luz a la investigación. Con ocho marineros en cubierta, y otros dos en el puente de mando –también, como publicó FARO, según el testimonio recabado entre marineros–, el resto de los tripulantes estaba dentro del pesquero. En la bodega, el parque de pesca, sala de máquinas, camarotes (como el joven investigador del IEO Manuel Navarro) o la cocina.

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