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Faro de Vigo

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Tragedia en el mar: el accidente

Sin motor y sin gobierno: el “Pitanxo” fue un juguete en manos del Atlántico

La pérdida de propulsión dejó al pesquero a merced de las olas y el viento, según ha desvelado la armadora, con el copo lleno de fletán | Escoró y se hundió de forma “muy rápida” | Los generadores dan electricidad, pero no permiten dirigir el buque

Tripulación del “Villa de Pitanxo” picando hielo en la proa del pesquero. En el recuadro, la embarcación naufragada. Cedida

En algún momento durante la faena, pasada la medianoche del pasado martes día 15, el pesquero gallego Villa de Pitanxo sufrió una “repentina parada del motor principal”. A unas 250 millas al este de la isla de Terranova, faenando fletán. Capeando olas de hasta seis metros de altura, habituales en el despiadado caladero de NAFO, y con vientos de unos 40 nudos. La sensación térmica acariciaba los -17 grados centígrados y la temperatura del agua estaba estaba próxima a cero. Bajo los mandos del veterano capitán Juan Padín, y con ocho tripulantes en cubierta, el buque estaba realizando la maniobra de virada del aparejo, como avanzó FARO desde el primer momento en que se tuvo constancia de este accidente. Fue la casa armadora, Grupo Nores, la que ayer expuso estas causas de la tragedia, basadas en el testimonio que les trasladó el patrón.

El aparejo, con capturas, se movía de un lado a otro generando aún más inestabilidad

En cuestión de minutos, el Pitanxo sucumbió al mar. De nada sirvieron ni el grupo electrógeno auxiliar, el de emergencia o las bombas de achique. El pesquero, de 50 metros de eslora, se volvió un juguete en manos del invierno atlántico. Ni siquiera dio tiempo a una llamada a la armadora desde el buque, que suele producirse en caso de un accidente grave: hubo señal de evacuación y, después, cinco horas a la deriva –para algunos de los tripulantes– esperando al frío en una balsa salvavidas. La mayoría de los hombres del Pitanxo estaban dentro, en camarotes, bodega o parque de pesca.

En esa maniobra de virada, y a raíz de la “repentina parada del motor principal”, la embarcación quedó sin propulsión ni gobierno. Quedó expuesto a las condiciones meteorológicas, viento y olas propias de la zona, “sufriendo golpes de mar”. El Pitanxo escoró. No tuvo tiempo para nada. Se hundió “de forma muy rápida”. Sobrevivieron tres de sus 24 marineros; con nueve cadáveres localizados e identificados, los cuerpos de otros doce –incluido el observador de control, el canario Manuel Navarro–, no han aparecido.

Exterior del “Pitanxo”.

Exterior del “Pitanxo”. Cedida

Tendrá que ser la Ciaim (Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos) la que ha de aportar la conclusión final, todos los factores que precipitaron este desenlace, en unos trabajos de pesquisa que se podrán demorar un año. Sus técnicos habrán de basarse en el testimonio de los supervivientes, principalmente el del propio Padín, amén de los datos de localización, señal de socorro, las declaraciones de los barcos que asistieron a los náufragos (Playa Menduiña Dos, França Morte), los miembros del operativo canadiense (Rescue Coordination Centre Halifax) y las escasas pruebas recogidas. Como las dos balsas salvavidas que se desplegaron fueron desplegadas, hechas jirones, en el puerto canadiense de St. John’s. Del lugar del naufragio apenas se pudo obtener un pequeño pedazo del aparejo. El material de cubierta estaba trincado para evitar desplazamientos de peso, y las redes quedaron atadas a las maquinillas de arrastre.

Sucedió lo peor, en el peor sitio, en la peor estación del año, con el peor de los desenlaces

La prueba principal –con el pulmón y corazón del arrastrero, el motor–, yace a unos 1.000 metros de profundidad. No se podrá recuperar.

El fallo catastrófico

Los marinos consultados son tajantes. “Si te quedas sin el motor principal lo pierdes todo. Los auxiliares te dan luz, bombas de achique, el servo (lo que maneja el timón)... Pero no va a servir. Estás perdido”. Habla un hombre de mar, bregado en mil batallas. Incluida una, susto mediante, precisamente en NAFO. “Se nos rompió el servo, íbamos a virar”. Quedaron sin gobierno, en el que era su estreno en un caladero enamorado del frío, inclemente. Entonces había parejas de pesqueros operando a la vez, tenían otros buques cerca y otros a la capa (a resguardo del temporal). “Trincamos el timón desde dentro, con cadenas, para que no se moviera”. Y tiraron por la borda todo el peso que pudieron.

Meteorología en la zona

Meteorología en la zona Copernicus Atmosphere Monitoring Service

No sufrieron la inestabilidad plena y fatal del Villa de Pitanxo. En una zona como la del naufragio, con profundidades tan abruptas, tampoco existe posibilidad de fondeo, en la que un timón permitiría que el mar no revolviese a su antojo un barco como este pesquero de Marín, uno de los mejores de la flota en esas aguas. “No hay cadena que alcance eso”.

Pasó lo peor, en el peor sitio, en la peor estación del año, con el peor desenlace.

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