Abandonar el barco es la última de las decisiones que quiere tomar el patrón. Si no queda más remedio, las radiobalizas, que utiliza el barco vía satélite y que lo ubican, los trajes de supervivencia, la única opción en aguas gélidas, y la balsas, con objetos de señalización, alimentos y bebidas para la superviviencia, son las únicas opciones para poder salir del trance. En muchas ocasiones hay que realizarlo rápidamente, casi sin pensarlo. Periódicamente los marineros reciben cursos pero la realidad de un naufragio es la gran prueba de fuego.

"El hecho de haber encontrado a tres personas en un bote salvavidas nos da la esperanza de que otros marineros hayan podido ponerse los trajes de supervivencia, subirse a los botes y salir del barco", declaraba Brian Owens, del Centro de Rescate de Canadá, cuando aún buscaban a los desaparecidos. La pregunta es, ¿lograron enfundarse todos los miembros de la tripulación esa vestimenta de seguridad?

El teniente comandante Brian Owens, del Centro de Coordinación de Rescate en Halifax.

Desde que la tripulación del Villa de Pitanxo pidió ayuda hasta que el barco se hundió solo pasaron 13 minutos. “El hundimiento fue muy súbito, muy rápido”, comentó Javier Touza, presidente de los armadores de Vigo.

Si pudieron ponerse o no los trajes de emergencia sigue siendo una incógnita. Esta vestimenta de seguridad está confeccionada con materiales impermeables y tendría que ponerse en no más de dos minutos. Pero era de noche, algunos de los tripulantes dormían, el barco zozobraba y se hundía..., "si es un accidente muy repentino el poner el traje lleva un tiempo”, explica un experimentado marinero.

La tripulación de un barco argentino con trajes de supervivencia.

La tripulación de un barco argentino con trajes de supervivencia. Mar&Pesca

Y es que estos trajes de supervivencia no son fáciles de poner y requieren un entrenamiento previo. Los también llamados trajes de inmersión, reducen la pérdida de calor temporal del náufrago que lo lleve puesto en aguas frías.

De momento, esta respuesta sólo la tienen los 3 supervivientes, el patrón Juan Padín, su sobrino Eduardo Rial y un marinero de Ghana, Samuel Kwesi Koufi.

Abandonar la embarcación es una decisión difícil y arriesgada porque puede hacerse en condiciones desfavorables y peligrosas. Es una última decisión que debe meditarse mientras quede esperanza de que la embarcación siga a flote.

Algunos abandonos pueden ser muy precipitados, en plena noche y con mal tiempo, como parece que ocurrió en el caso del barco gallego. Es necesario estar preparado, física y anímicamente, así como entrenar a la tripulación para esa desagradable eventualidad. Salvamento Marítimo contempla un protocolo de actuación para estos casos avalado por el Ministerio de Defensa y la normativa europea.

Qué hacer para abandonar el barco

  • Prepararse con antelación.
  • Detener completamente la embarcación.
  • Hacer una llamada de socorro y activar la radiobaliza manualmente.
  • Ponerse ropa de abrigo, chalecos salvavidas o traje de supervivencia (si se tiene).
  • Agruparse de dos en dos y reunir el material que queremos llevar. Atención a las mochilas personales de abandono.
  • De noche, que cada persona disponga de una luz.
  • Amarrar a bordo la driza de la balsa salvavidas antes de lanzarla al agua.
  • Volver a leer las instrucciones de la balsa y lanzarla.
  • Tirar de la driza para que la balsa se infle automáticamente. Si no funciona el mecanismo, tendrá que subirla a bordo e inflarla manualmente.
  • Embarcar por parejas, sin mojarse y sin saltar, suavemente para no dañar la balsa, si es posible. Cuando estén todos a bordo, embarcar el material y sujetarlo bien.
  • Llevar consigo la radiobaliza.
  • Cortar la driza en el último momento (debería tener una navaja en el bolsillo).
Gráfico de Salvamento Marítimo que indica cómo acceder a la balsa.

Gráfico de Salvamento Marítimo que indica cómo acceder a la balsa.

  • Acomodarse a bordo, buscando el equilibrio para no volcar.
  • Distribuir pastillas contra el mareo.
  • Achicar y mantener seca la balsa. Usar las esponjas de la balsa.
  • Verificar periódicamente el inflado de la balsa y el estado de las válvulas.
  • En la balsa, según su categoría, se encuentra una bolsa de supervivencia.
  • Si se ve obligado a saltar al agua, hágalo de pie, con las piernas y rodillas juntas, sujetando el chaleco y tapándose la nariz. Mantenga a toda la tripulación agrupada. La balsa puede haberse volteado y necesitará colocarla correctamente.
  • Subir a una balsa desde el agua, con el engorro del chaleco, el viento y el oleaje, requiere cierta destreza, esfuerzo físico y la colaboración de todos.

Así se voltear una balsa, según las indicaciones de Salvamento Marítimo.

Para voltear una balsa, colocarse a sotavento y subir sobre la botella de aire comprimido. En otra posición, la botella puede golpear la cabeza de un náufrago. Tirar de las cinchas que cruzan la parte inferior de la balsa, mientras otros náufragos levantan desde barlovento.

SI NO DISPONE DE BALSA, NO SE DESTRINCA O ESTÁ PINCHADA

  • Salte al agua y no intente nadar. Si tiene que hacerlo, hágalo de espaldas.
  • Lleve consigo la radiobaliza.
  • Mantenga agrupada a toda la tripulación.
  • Súbase a cualquier objeto flotante para reducir la hipotermia.

La normativa señala que los buques de carga deben llevar un traje de inmersión de tamaño adecuado para cada persona a bordo del barco. Los trajes que llevaba el buque gallego eran de un material intrínsecamente aislante y seco, de protección térmica suficiente para que la temperatura corporal no descienda más de 2ºC, tras un período de inmersión de seis horas, en una corriente de aguas tranquilas, cuya temperatura oscile entre 0ºC y +2ºC. Pero esa es la teoría. Hay otros factores que pueden mermar las capacidades de cada tripulante para aguantar más o menos los valores estándar prefijados, y éstos dependen de su fortaleza física o de su energía -quizá condicionados por un desgaste puntual- en ese momento clave de emergencia.