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El cierre del jurel en Atlántico Nordeste abre el debate de la obligación del desembarque

Un arrastrero en la lonja del Berbés, en Vigo | // R. GROBAS

Se cierran las posibilidades para la flota del Gran Sol gallega de pescar jurel en el Cantábrico Nordeste. Ayer fue el último día en que la flota de altura, de gran altura y buques palangreros mayores y menores de 100 toneladas de la comunidad pudieron capturar esta especie en estos límites geográficos, ya que la Secretaría General de Pesca decretó el cierre de la pesquería a partir de las 00.00 horas de hoy. Desde esta fecha no se permite pescar esta especie y las capturas no deseadas de este stock se verán sujetas a la orden de desembarque.

Considera la Secretaría de Pesca que “a la vista de los datos actuales de consumo” de los que dispone, que la cantidad global asignada de 700 toneladas de jurel en esta zona para 2021 está próxima a agotarse. Motivo por el cual se ha procedido al cierre de la citada pesquería. Lo cierto es que la única flota gallega afectada por esta decisión es la del Gran Sol, comenta Edelmiro Ulloa, gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi). “A cada flota le corresponde una cantidad concreta y ésta ha agotado la utilización de su cuota para este año”.

El jurel no es, no obstante, una especie principal ni para la flota del Gran Sol ni para los palangreros. “Es una especie que tiene escaso valor para nosotros”, expone Ulloa. El experto razona que se trata de una especie de varios días, pero compite con el pescado del día de otras flotas. Si bien el jurel es una especie de interés para la flota de altura, lo cierto es que su actividad se dirige, realmente, a otras como el rape, el gallo o algo de la merluza. “El valor comercial nunca va a ser el mismo”, argumenta Ulloa.

La decisión tiene, en todo caso, una incidencia para la flota gallega del Gran Sol en la medida en la que ese jurel entre en las capturas. “No lo puedes descartar por la obligación de desembarque, y no lo puedes vender porque no se puede pescar”, ilustra la controversia el gerente de Arvi. Dado que esta flota no efectúa una pesca dirigida hacia el jurel, la situación genera un dilema pues la legislación obliga a retener lo pescado a bordo y los mecanismos de compensación apuntan que lo capturado debe compensarse con otras especies a las que sí se hace pesca dirigida. “Esta es la peor parte”, resuelve Ulloa.

La controversia continúa vigente con la obligación de desembarque, que entró en vigor en enero de 2019 y obliga a todos los buques a computar y desembarcar todo lo que pescan de las especies sujetas a cuota. “¿Qué haces con ese jurel que suba a bordo?”, cuestiona Ulloa. “¿Qué hacemos, paramos la flota? Es algo que podría gestionarse de otra manera”. El portavoz de Arvi considera que la norma genera una incongruencia y reclama que los mecanismos sean más flexibles para que la flota pueda continuar abasteciendo y que “podamos tener soberanía alimentaria”. Así solicita que se flexibilicen las normativas que rigen el comportamiento de las flotas en aguas comunitarias porque son de las flotas más “restrigindas”.

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