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El desamparo de Iván, un cangués "cautivo" en Luanda

Embarcó en noviembre en el "Cuteta", de la armadora angoleña Crisgunza - No ha visto la cara de su bebé; lleva meses si cobrar

El desamparo de Iván, un cangués "cautivo" en Luanda

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Vigo

Esta es la historia de Iván Diéguez, de Cangas. Un jefe de máquinas de 35 años, padre de un bebé -tiene otros dos críos- que solo ha visto a través de la pantalla de su móvil. Un amor en píxel y en la distancia. Lleva en Angola desde el pasado noviembre, embarcado en el pesquero Cuteta. O exiliado, más bien, porque no ha visto un euro de su nómina. Ni él ni Eugenio, el capitán del barco, que se casa este sábado. "Si Iván se marcha allí no queda nadie. Queremos reclamar pero no sabemos dónde". El barco es un viejo conocido de Vigo. Construido en 1987 en Factorías Vulcano, hasta hace tres años respondía al nombre de Golden Touza, de Chymar. Pasó entonces a manos de Construções & Empreendimentos Angola SA (Crisgunza), un holding angoleño que también se dedica a la extracción de petróleo, diamantes o la organización de viajes en grupo. Y tiene una banda folclórica por aquello del "relevante componente social del grupo". Aunque no paga a sus marineros. FARO trató de contactar con la Embajada de España en Luanda, sin respuesta.

No hay mucho que hacer en el Cuteta, fondeado en Luanda, al margen de arriesgarse a marchar, salir del país por su cuenta y perder medio año de salario. "No hay material como para hacer trabajos, poco más que vigilar que el ancla no se suelte y el motor auxiliar no se apague o dé algún fallo", explica Iván. Él empezó como segundo de máquinas, pero fue ascendido con la promesa de una subida de sueldo. Cero. "La empresa no dice nada desde hace una semana". Ni rastro de los 5.000 euros que le habían prometido el viernes pasado.

El desamparo de Iván, un cangués "cautivo" en Luanda

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El desamparo de Iván, un cangués "cautivo" en Luanda

Tito (engrasador), EMilia (segundo de máquinas) e Iván Diéguez. // FdV

"Teníamos la esperanza de que el barco fuese a reparar a Walvis Bay (Namibia) -continúa el capitán-, porque allí sí hubiesen retenido el barco hasta que pagasen a la tripulación. Esto no lo habría permitido el Gobierno". En Angola no funcionan así las cosas y, con aparentes lazos entre la armadora y la administración, el desamparo de los gallegos es total. Antes de Eugenio ya habían dejado el Cuteta Emilio (segundo de máquinas), Santiago (antiguo jefe de máquinas) o Tito (engrasador). Ayer mismo se marcharon del barco siete marineros senegaleses; quedaban a bordo cuatro angoleños y un caboverdiano. Y el joven Iván Diéguez.

Eugenio está oficialmente de vacaciones, regresó a Ribeira el pasado día 18 para preparar su boda. "Nos fueron dando algún anticipo cada dos meses, pero yo llevo un año sin cobrar una nómina. Cuando me vine el armador nos dijo que nos iban a pagar todo, pero de momento nada". El responsable de la empresa no le contesta al teléfono. Sus ganas de pelear por lo que les pertenece se empotran, lamenta, contra un sistema judicial que desconocen y empresarios con vínculos en el Gobierno. "Tampoco tengo mucha esperanza en recuperar sueldos, pero por lo menos que se sepa y no les pase a otros", explica el cangués."El problema -añade Eugenio- lo tenemos los expatriados", que son los marineros gallegos, de Senegal, Ghana y Cabo Verde. "Los locales sí que cobraron". Confían en recibir amparo de la Embajada o la administración española, porque no saben a qué ventanilla dirigirse. "¿Dónde vamos? ¿Dónde reclamamos?"

Iván espera a bordo, casi en soledad. Conociendo a su pequeña por whatsapp.

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