28 de abril de 2017
28.04.2017
Tragedia en la ría de Pontevedra

El arzobispo Julián Barrio pide en el funeral de los marineros "más seguridad" para los barcos

Unos 2.500 vecinos convirtieron el funeral de los tres fallecidos en el naufragio en un homenaje multitudinario - Un silencio sepulcral y un enorme respeto se impusieron en el último adiós

28.04.2017 | 03:07
Adrián Ligero (jersey de rayas), otro supervivientee. // Fotos: G.S.

Un silencio sepulcral dejaba entrever la enorme pena que habitaba en el ambiente del entorno del Monasteiro de San Xoán en la tarde de ayer. Cientos de personas quisieron dar el último adiós a los tres marineros de Campelo: Francisco Castiñeira, Jesús Ligero y Florentino Carballa, que perdieron la vida en el naufragio de la madrugada del pasado miércoles a poco menos de un kilómetro de la costa de Combarro.

Eran las 17:30 horas y pese a que muchos se quejaban de que apenas había podido correr la voz sobre los cambios de última hora en los funerales, que pasaron de ser separados a oficiarse conjuntamente, el camino entre el tanatorio y la puerta del monasteiro estaba abarrotado de gente. Destacaban las caras apesadumbradas, los ojos vidriosos y el dolor.

El coche fúnebre del patrón mayor del "Nuevo Marcos", F. Castiñeira fue el primero en llegar. Lo hacía desde el tanatorio Virgen del Camino de Pontevedra, donde descansó su cuerpo ante el aforo completo del de Poio. Justo a las 18 horas arrancaron los tres vehículos fúnebres para recorrer la escasa distancia que los separaba de la iglesia. En los márgenes del camino, los vecinos miraban desolados, todavía sin creérselo. Detrás, siguiéndolos a paso lento, unas familias rotas del dolor después de unas muertes que a día de hoy todavía siguen sin poder asimilar por inesperadas.

Destacaban entre la multitud los dos supervivientes del naufragio. Adrián Ligero y Carlos Carballa, todavía incapaces de entender lo sucedido y la trágica desaparición de sus progenitores. Precisamente fueron ellos los primeros en cargar al hombro los féretros de sus padres camino a la iglesia, mientras Iago Tomé, patrón mayor de Raxó, hacía lo mismo con el de su amigo de la infancia, Paco.

La conselleira do Mar, Rosa Quintana, junto a otras personalidades como el presidente del PP local, Alfonso Rueda, representantes políticos de Poio como el alcalde, Luciano Sobral o los patrones de las cofradías de la ría estuvieron presentes en un templo que se quedó pequeño para acoger a tanta gente.

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, encargado de la oficializar la homilía, comenzó recalcando el "enorme dolor" que sentía y que le hacía preferir mantenerse "callado" como respeto a las víctimas. Barrio apeló a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, alegando por la "dignidad" del trabajo marítimo, mientras que pidió esperanzado que se destinen "más medios" a la seguridad los barcos.

Barrio se refirió a las víctimas mortales de este accidente marítimo como "seres entrañables" que formaban parte de la "convivencia" y la "cercanía" de los habitantes de esta localidad, a los que ha tratado de transmitir "consuelo" en estos momentos de "dolor".

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