14 de febrero de 2017
14.02.2017
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El silencio más inoportuno de la radiobaliza

Expertos aluden a un cabo como posible causa de que el dispositivo no se activara en el naufragio

14.02.2017 | 03:02

El apopamiento de un barco se produce cuando éste se inclina por la parte trasera, desplazando su eje y dificultando su manejo al extremo. Cuando el buque no tiene velocidad es muy complicado rectificar esa situación, como advierten los marinos consultados por FARO. El Senefand Uno aminoró de 3 a 0,4 nudos para virar durante la maniobra de arrastre, lo que produjo ese apopamiento -por la excesiva carga de los aparejos- y que escorara a estribor. Las redes actuaron a modo de rizón y, sin velocidad, el patrón del pesquero, Vicente Pazos, no tuvo opción para evitar el hundimiento. Ejecutó una maniobra que sí fue suficiente para salvar la vida de ocho de los once tripulantes. La suya, según el testimonio del jefe de máquinas, Fernando Argibay, se quedó en el puente de mando; la de otros dos marineros senegaleses que permanecen desaparecidos se consumió contra la fuerte corriente al tratar de alcanzar las balsas salvavidas.

El punto exacto del naufragio es la clave para recuperar el cuerpo del capitán y es la pista que debería haber evitado que los supervivientes tuviesen que pasar tres días a la deriva, sin agua, sin posibilidad de comunicarse y a oscuras la mayor parte del tiempo. Pero la radiobaliza no se activó pese a que el mar se comió al Senefand Uno por estribor, justo donde estaba este dispositivo, revisado en Vigo el pasado octubre. "Pueden haber pasado varias cosas, aunque lo más probable es que se enganchara a un cabo que le impidiera salir a superficie", explica un técnico naval. Las radiobalizas como las del pesquero siniestrado se activan cuando el liberador hidroestático alcanza una determinada presión, normalmente a unos cuatro metros de profundidad. En cuanto alcanza la superficie emite una señal de emergencia vía satélite para auxiliar a tripulantes.

La radiobaliza no causa un hundimiento, pero su ineficacia complica las tareas de búsqueda. En 2008, por ejemplo, el arrastrero Cordero, de dimensiones similares al Senefand Uno, se hundía a 30 millas de A Coruña por una entrada de agua masiva. De sus ocho tripulantes solo sobrevivieron tres. Fue la radiobaliza la que alertó a Salvamento de una emergencia en este barco ribeirense, y por su posición pudieron acudir al lugar del siniestro pesqueros y medios de rescate. Pero este sistema envió el aviso con una hora y 16 minutos de retraso, lo que impidió la posibilidad de rescatar con vida a todos los marineros. La del Senefand Uno, sometida a inspección el 14 de octubre pasado, cumplía con la normativa IMO y SOLAS, apuntó la armadora.

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