Retrato del poeta adolescente
Xaime Toxo publica un libro de relatos que convierten la memoria en literatura

Xaime Toxo, en un dibujo de Xulio Formoso. / Xulio Formoso
Con el título «Só navego na voz con que dis o meu nome», el escritor y poeta Xaime Toxo publica un nuevo libro de narraciones en las que vuelve a su infancia y a su adolescencia para recuperar vivencias que influyeron en su formación personal y en su educación sentimental. Como en «Protexer o invisible», una anterior publicación de 2016, Toxo mezcla la memoria con la imaginación para crear un universo literario en el que expone abiertamente sus sentimientos más íntimos en relación con temas como el amor, el sexo, la amistad y la muerte, y también los ideales que conforman su situación intelectual en la vida. En este libro el autor incluye tres nuevos relatos y rescata de su producción anterior «Unha viaxe de inverno», una historia adecuada a la temática que aborda en esta nueva publicación. Como hiciera Joyce en «Retrato del artista adolescente», Xaime Toxo se sumerge en sus años de infancia y juventud para buscar el sentido de la vida apoyándose, como en Proust, en un lenguaje hecho de memorias y recuerdos sugeridos por imágenes, olores, sabores, sensaciones y viejas fotografías que lo trasladan a un paraíso perdido que se identifica con Bueu, su lugar de origen, el pueblo y el barrio donde nació y en el que se forjaron sus primeras impresiones sobre la vida, el amor y la muerte. Y también al territorio donde en sus años universitarios descubrió la poesía al mismo tiempo que el sexo y se sumergió en una vida de nuevas experiencias. La ciudad de Santiago de Compostela, entre el romanticismo y la especulación, «a urbe túmulo por excelencia, edificada por canteiros campesiños e mantida por feirantes que viñan vender o gando baixo os carballos máis sagrados e silenciosos de Galicia» es al mismo tiempo un «morriñento reino de catedráticos, deáns, rexistradores e rendeiros». Sensaciones íntimas que se mezclan con los primeros signos de libertad durante un régimen político represivo: las primeras pintadas en los muros, el clima contracultural de la Barcelona tardofranquista, la libertad descubierta en un Londres cosmopolita y vivida en el Oporto de la revolución de los claveles… En estas narraciones Xaime Toxo regresa a su infancia y a su adolescencia para enfrentarse a un tiempo y a una realidad que son fruto de aquellas experiencias lejanas. Lo hace desde la atalaya de una edad en la que ya la vida cobra un nuevo sentido y los recuerdos se amalgaman para conformar otra mirada sobre lo que ha sido una existencia inquieta y en búsqueda permanente, siempre esperando a un Godot que no acaba de llegar. Aquí es la amistad el valor principal que une a los personajes de todas las historias. Una amistad unas veces mantenida desde la infancia, otras fraguada durante los años en el instituto y la universidad y muchas veces consolidada durante la edad adulta. La amistad como argamasa que une a unos seres que compartieron experiencias, triunfos y fracasos en unos años en los que el futuro importaba poco.
Los lectores coetáneos de Xaime Toxo (Bueu, Pontevedra, 1955) experimentarán idénticos sentimientos ante ciertas experiencias generacionales. Los juegos infantiles, los libros de la adolescencia, los escritores y ensayistas descubiertos en los años universitarios, el cine de Bertolucci, de Pasolini, de Peckimpah, la lectura de revistas como Ajobanco, y sobre todo la música que fue banda sonora de toda aquella generación: Pink Floyd, David Bowie, Doors, Dylan y Leonard Cohen, el blues de Muddy Waters y John Lee Hooker, el jazz de Miles Davis y John Coltrane y lo que entonces se llamaba canción protesta. Y aunque casi nunca se dan fechas precisas, el tiempo se identifica con los acontecimientos que se citan, casi siempre relacionados con noticias de muertes violentas y asesinatos que han dejado huella en esa memoria rescatada: los del presidente Kennedy, el del cantautor Víctor Jara, el de Puig Antich, el de Carrero Blanco, el de los abogados laboralistas de Atocha… van marcando el itinerario histórico en el que se sitúan las vivencias de los protagonistas.
A lo largo de estos relatos sobrevuela la muerte como una presencia permanente frente a la vida, a todas las vidas. En «Estirpe en soidade» es la de un compañero de la escuela, apenas un niño, víctima de un naufragio durante una noche de tormenta y maruxía. En «Ardentía de verán ate o mar» es otro compañero, ya en la universidad, víctima del sida en los años en los que aquella enfermedad entonces desconocida destruyó las vidas de muchos jóvenes que cayeron en las trampas de la nueva era. Amigos, familiares, conocidos que van desapareciendo de nuestras vidas o se ausentan de ellas a través de la huida, buscando horizontes para dar sentido a las suyas, como en «Unha viaxe de inverno», donde uno de los protagonistas cree que es en la huida donde está el auténtico sentido de la vida. Aunque a veces esa huida impone a su manera la imposibilidad de cambiar el destino.
Como en publicaciones anteriores, el lenguaje de Xaime Toxo está en estas narraciones, escritas en idioma gallego, elaborado con una prosa poética en la que el autor utiliza un rico vocabulario y un lenguaje muy sonoro, que convierte su lectura en un gratificante ejercicio.
Suscríbete para seguir leyendo
- Muere un marinero del cerco en un accidente mientras faenaba en las Cíes
- El Náutico de San Vicente vuelve a instalar una valla opaca para ocultar sus conciertos y reducir los problemas que causan
- Un incendio forestal que ya supera las 20 hectáreas moviliza decenas de medios en Ponteareas
- Manuel Freire y Dolores Pastoriza celebran los 60 años de casados
- La universidad pasa factura emocional en Galicia: casi 500 estudiantes piden ayuda psicológica a sus campus en un año
- Muere en Ourense Marcos Rodríguez Pantoja, el hombre que vivió más de una década aislado con lobos en Sierra Morena
- Un lunes de colapso en las carreteras de O Morrazo
- Portugal perfila los 12 trenes con los que unirá con Alta Velocidad Lisboa, Oporto y Galicia: más de 500 plazas en dos clases y sin cafetería