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Lecciones de literatura

Un ensayo de Santiago Alba Rico relaciona personajes y obras literarias de la alta cultura y de la cultura de masas

Santiago Alba Rico.

Santiago Alba Rico. / Miki López

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Qué tienen en común las aventuras de Tintín creadas por Hergé y la novela «Moby Dick» de Herman Melville? ¿Cómo se relaciona «La metamorfosis» de Kafka con los cuentos cursis e inocentes de una autora como Beatrix Potter? ¿Qué puede unir a Don Quijote de La Mancha con los personajes de «Los papeles del Club Pickwick» de Charles Dickens?... A veces la lectura de una obra literaria nos remite a otras que hemos leído o de las que hemos oído hablar, y encontramos características de los personajes de algunas de ellas en otros con los que aparentemente no tienen ningún vínculo y que, sin embargo, después de leerlos descubrimos que, en efecto, hay como un hilo invisible que va de unos a otros. Es lo que hace Santiago Alba Rico en su último libro «Elogio de la literatura. Obras paralelas», recientemente publicado por Akal. Alba Rico dice que no leemos los libros desde el mundo sino desde otros libros, y que desde estas lecturas configuramos nuestra propia idea del mundo. Lo justifica con una afirmación contundente: «Entre la realidad y la mentira hay un Tercero: la literatura y, en general, la ficción, ese gran descubrimiento de la Humanidad».

Además de establecer las relaciones citadas, también incluye capítulos dedicados a analizar las semejanzas del protagonista de «El idiota» de Dostoievski (el príncipe Mishkin) con el soldado Svejk de la gran novela de Haroslav Hasek; de los personajes creados por Carson McCullers en «El corazón es un cazador solitario» con los del «Frankenstein» de Mary Shelley, y los de la novela «Orgullo y prejuicio» de Jane Austen nada menos que con los de «En busca del tiempo perdido» de Marcel Proust, en un ejercicio de imaginación que es al mismo tiempo un riguroso estudio literario.

Alba Rico cita como precursoras de esta obra las «Vidas paralelas» de Plutarco y «El correo del otro mundo» de Torres Villarroel y, más recientemente, las diferentes Antígonas del ensayo de George Steiner sobre el mito griego. Hay que decir antes que nada que, además de estas relaciones de las que habla en los capítulos de este libro, se trata de una crítica profunda y exhaustiva de cada una de las obras que se analizan. Así, en el capítulo dedicado a «Los dos idiotas» se trata a fondo la obra Dostoievski y fundamentalmente su novela «El idiota», los géneros literarios que utiliza el autor y el descenso a las profundidades del alma de sus personajes. Al mismo tiempo se estudia el carácter metafísico de la peculiar idiotez de Svejk y sus registros narrativos: la comicidad, el humorismo y la caricatura, vertientes concomitantes y distantes al mismo tiempo. Y las afinidades morales entre los «graciosos» personajes de Dostoievski y el disparatado Svejk, así como sus idioteces diferentes: silenciosa y auditiva la de Mishkin, de una locuacidad incontinente la de Svejk, ambos personajes sin familia y desclasados de los extremos del arco de la integración social: uno de la clase alta y otro de la clase baja.

En el capítulo dedicado a «La metamorfosis» Alba Rico identifica a Gregorio Samsa, su protagonista, con ciertas características del propio Kafka y de su biografía (Grete, la hermana de Samsa sería Otta, la hermana de Kafka; la severidad del padre de Samsa sería la misma que la del padre de Kafka). «La metamorfosis», por lo tanto, sería un relato de auto-ficción en el que el autor hace literatura hablando de sí mismo. Además, desde este relato se hacen incursiones a otras obras del propio Kafka, como «El proceso» y «El castillo», cuyas atmósferas recuerdan a las de la oficina de la empresa de seguros en la que trabajaba el autor.

Es sorprendente la identificación que Alba Rico descubre en la obra de la escritora de la época victoriana Beatrix Potter, muy poco leída en España, cuando identifica a los dos cerditos de uno de sus cuentos con los judíos del Berlín nazi de 1941, y las concomitancias de algunos de sus personajes con los de las obras de Kafka: «escondió a propósito ese abismo angustioso en la más empalagosa cursilería sólo para revelarlo mejor», señala Alba Rico.

En fin, podríamos extendernos sobre los descubrimientos a veces insólitos que nos sugiere el autor de este ensayo literario entre las obras y los personajes de Cervantes, Dickens, Frankenstein, Herman Melville, Proust, Gregorio Samsa, Mary Shelley… pero es mejor que ustedes los descubran leyendo este libro, interesante y a la vez entretenido.

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