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Un pasadizo al Lovecraft más oculto

Con una edición muy cuidada, llega a las librerías un libro que nunca existió: el «Necronomicón», un supuesto grimorio que el maestro del horror mencionó en sus relatos

Lovecraft.

Lovecraft. / ARCHIVO

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Rafa López

Rafa López

Como el bálsamo de Fierabrás del Quijote o el Aleph de Borges, el Necronomicón de H. P. Lovecraft nunca existió. Aunque el maestro de la literatura de terror lo mencionó en muchos de sus relatos, este supuesto grimorio –libro de fórmulas mágicas usado por los antiguos hechiceros, según la definición de la RAE– solo habitó los anaqueles de su fecunda imaginación. Esto no ha sido obstáculo para que una editorial lo haya publicado como libro-objeto muy cuidado, con magníficas ilustraciones, tapa dura y cantos tintados. Todo un objeto de coleccionista para amantes de quien fue, para Stephen King, «el mayor escritor del relato clásico de horror del siglo XX».

¿Cómo se publica un libro que no existe, un pseudobiblium? Mondadori le encomendó la tarea a Giuseppe Lippi, uno de los mayores expertos internacionales de la obra de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Fallecido en 2018, Lippi, que dirigió Urania, prestigiosa colección de ciencia ficción y terror de esa misma editorial italiana, concibió este Necronomicón, publicado originalmente en Italia en 2017, como una recopilación de relatos lovecraftianos seleccionados por él mismo. El volumen, que lanza en España Duomo ediciones, está dividido en cinco partes y se completa con la Historia del Necronomicón (1927), también de Lovecraft, y varios apéndices, que incluyen una cronología y una bibliografía.

El Necronomicón, como reza el subtítulo de esta especie de facsímil de un incunable inexistente, contiene «los relatos de las Leyes de los Muertos inspirados en los grimorios del árabe loco Abdul Alhazred». Según dejó escrito Lippi en la introducción de este libro «cuya lectura provoca locura», el «árabe loco» Alhazred es un alter ego juvenil de Lovecraft. El escritor de Providence lo inventó cuando, de niño, se enamoró de Las mil y una noches. Necronomicón significa en griego «las leyes que gobiernan a los muertos» (de nekros, «muerto», y nomikos, «relativo a la ley»). Lovecraft basó su título en el del poema Astronomicon Libri o Astronomica, es decir, «libros sobre las leyes que gobiernan las estrellas», del poeta y astrólogo romano Marco Manilio, que vivió en el siglo I. En la imaginación de Lovecraft, el Necronomicón fue escrito en Damasco en el año 730, prohibido por el papa Gregorio IX en 1232 y reimpreso en latín en España en el siglo XVII.

La invención oficial del Necronomicón se produjo en «El sabueso», un relato de 1922, aunque el concepto de este pseudolibro tomó forma hace ahora cien años, en La llamada de Cthulhu (1926). En este relato se dice que el grimorio traducido del árabe describe con un lenguaje ambiguo la existencia de cultos abominables dedicados a una pseudodivinidad llamada Cthulhu. Al año siguiente, en El caso de Charles Dexter Ward (1927), Lovecraft revela que el texto prohibido contiene fórmulas e instrucciones para resucitar a los muertos.

La sección inicial del libro está dedicada a viajes estrictamente terrestres, aun cuando se trate de descubrir paisajes desconocidos. La segunda contiene en su totalidad el ciclo de manifiestos de Randolph Carter, alter ego de Lovecraft. La tercera, titulada «Su mano está en vuestras gargantas», alberga veinte historias de terror que ahondan en la afición del escritor estadounidense por la necrofilia, la necrolatría y la necrosofía. La última sección, «Los espacios limítrofes a lo real», contiene textos que Lovecraft escribió en colaboración con varios colegas o clientes de su actividad como revisor literario. «La narrativa lovecraftiana –escribe Giuseppe Lippi– aspira a definir la realidad a través de su inevitable antítesis, lo irreal».

No todos los textos incluidos en esta recopilación giran en torno al Necronomicón, ni incluye el libro todos los pasajes en los que se cita este grimorio ficticio: existen ocho relatos de Lovecraft no recogidos en esta antología en los que se menciona el Necronomicón.

Mención aparte merecen los inquietantes dibujos originales en blanco y negro y a página completa de Greta Grendel, que ilustran formidablemente esta recopilación de relatos que hablan de universos múltiples, rituales de magia sexual, visiones cósmicas delirantes, sombras del más allá y secretos procedentes del pasado más remoto de la Tierra. La morbosa creatividad de Lovecraft sienta las bases, pero la imaginación del lector pone el resto. En palabras de Giuseppe Lippi, «la característica principal del Necronomicón es no decir nunca demasiado, sino más bien ir revelando las cosas poco a poco, incitando al iniciado a imaginar el resto. Si se revelara todo de golpe, el Libro incumpliría una de las principales reglas del ocultismo, poniendo en grave peligro a quienes lo utilizan. Lovecraft dice, hablando poéticamente, que el lector enloquecería: al verse expuesto a una cultura completamente ajena, a valores que, en lugar de consolidar sus principios, niegan todo lo que daba por sentado, se sentiría proyectado fuera de su propia historia, de los mitos tradicionales y de la vida misma».

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