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Reivindicación de Leopoldo Alas

Se cumple el 125 aniversario de la muerte del autor de «La Regenta»

Leopoldo Alas, Clarín.

Leopoldo Alas, Clarín.

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Además de ser un gran escritor, Leopoldo Alas, que firmaba sus obras con el seudónimo de Clarín, fue el crítico literario español más importante del siglo XIX. También el más combatido, protagonista de apasionadas polémicas con Emilia Pardo Bazán (llegó a dimitir como colaborador de La España moderna para no coincidir con ella en las mismas páginas), Navarro Ledesma, Luis Bonafoux y otros escritores de la época. Sus reseñas influían en la acogida de los libros de los que hablaba, y los autores lo veneraban y lo temían al mismo tiempo. Desde sus críticas literarias dio a conocer en España la obra de autores como Oscar Wilde, Baudelaire, Nietzsche, Ibsen o D’Annunzio. Interesado y conocedor de la literatura portuguesa, amigo de Joaquín Araujo y Antero de Quental, promovió la creación de una Liga Literaria Hispano-Portuguesa y la fundación de una revista bilingüe, iniciativas que no llegaron a cuajar. Recogió sus artículos en varias recopilaciones y también escribió estudios sobre escritores (Núñez de Arce) y políticos (Cánovas). Tras su muerte la censura impidió una proyección más general de su obra, sometida a un silencio oficioso entre otras causas porque su hijo, rector de la Universidad de Oviedo cuando estalló la guerra civil, fue fusilado por orden expresa de Franco, que había visto una foto suya sentado al lado de Pasionaria. También destruyeron el grupo escultórico dedicado a Clarín, obra de Víctor Hevia y Manuel Álvarez-Laviada, erigido en el Campo de San Francisco de Oviedo, y sustituyeron el busto del escritor por una cabeza de burro. Su liberalismo reformista y anticlerical influyó en el silencio impuesto a su obra y a su figura. El nombre de Clarín no comenzó a incluirse en los manuales de literatura hasta bien entrados los años sesenta del siglo XX. Pablo Ladrón de Guevara, en su obra Libros buenos y malos lo calificó de «crítico presuntuoso, de mala ley, que se precia por tener por su gran maestro al novelista francés cuyo nombre las gentes decentes no pronuncian sino con mucha repugnancia» (se refiere a Flaubert). El obispo Martínez Vigil dijo que La Regenta era un libro «saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas».

Clarín empezó a escribir crítica literaria en los periódicos madrileños El Solfeo (donde publicó sus famosos Preludios), El Porvenir, El Imparcial, El Globo, Madrid Cómico y La Ilustración Española y Americana y en los barceloneses La Publicidad y La Ilustración Ibérica, desde una conciencia crítica propia de la Restauración canovista, promotora de la reconciliación de las discordias abiertas por La Gloriosa, la revolución de 1868. También escribió, desde los 16 años, en el periódico humorístico Juan Ruiz. Impartió Economía política en las universidades de Salamanca y Zaragoza, y de Derecho Romano y Natural en la de Oviedo. Fue testigo de la evolución de una sociedad en la que la burguesía emergente se hacía con el poder e imponía sus costumbres; las de un mundo en el que los oligarcas ovetenses regían los destinos de la ciudad mientras jugaban al tresillo en el casino, fumaban cigarros caros que guardaban en lujosos estuches labrados en plata, acudían con gemelos de oro y pedrería a palcos del teatro reservados a su nombre y a veces se retaban a duelo de pistola para dirimir lances de honor.

Como escritor Clarín consiguió fama internacional con La Regenta, publicada en dos volúmenes entre 1884 y 1885 cuando tenía 33 años, una novela que algunos consideran como la mejor española de todos los tiempos después de El Quijote, en pugna con Fortunata y Jacinta de Pérez Galdós quien, por cierto, escribió el prólogo a la segunda edición de la novela de Clarín. Galdós y Clarín intercambiaron una extensa e interesantísima correspondencia. Su primer libro fue Solos de Clarín, de 1881, con prólogo de José Echegaray. Publicó otras cinco novelas cortas, con las que no llegó a conseguir la valoración que obtuvo con La Regenta a pesar de que algunas (como la trilogía que forman Doña Berta, Cuervo y Superchería, en las que se manifiesta su formación krausista), influyeron en autores como Unamuno y Pérez de Ayala y se consideran precursoras de la Generación del 98. Mejor suerte tuvo con las más extensas, sobre todo Su único hijo, de 1891, en la que refleja el ambiente provinciano en el que un padre pretende sublimar sus propias frustraciones en el hijo al que somete a una educación que considera perfecta. Y también la olvidada Cuesta abajo, precedente proustiano publicado por entregas en La Ilustración Ibérica entre 1890 y 1891 (una novela inacabada que no se publicó en formato libro hasta 1986). En todas ellas se manifiesta el enfrentamiento entre lo que Gonzalo Sobejano, autor de la mejor edición crítica de La Regenta (Castalia), llama «romanticismo crítico de la desilusión» contra el mundo prosaico de la burguesía.

Adulterio

La Regenta se inscribe en la corriente de las novelas decimonónicas que tratan el tema del adulterio: a saber, Ana Karenina de Tolstoi, Madame Bovary de Gustave Flaubert o El primo Basilio de Eça De Queiroz, un tema tabú en una sociedad machista de convencionalismos opresores en la que el protagonismo de la mujer era prácticamente inexistente. En la novela de Clarín, además, Ana Ozores comete adulterio con un sacerdote, Fermín de Pas, en un relato en el que el conflicto que enfrenta el sentimiento amoroso con los valores tradicionales de una sociedad decadente se refleja en el enfrentamiento entre la religión y la pasión sexual. Por eso Ladrón de Guevara, en la obra citada, dice que La Regenta «…rebosa porquerías, vulgaridades y cinismo». La acción se sitúa en Vetusta, trasunto de la ciudad de Oviedo, cuyo tedio y mediocridad Clarín retrata a través de los personajes de la trama: Víctor Quintanar, los Vegallana, Álvaro Mesía, el obispo Fortunato Camoirán… El escritor Ricardo Labra describió minuciosamente esta relación en su libro El caso Clarín, publicado por Luna de Abajo. Benito Varela Jácome escribió con el título Alas Clarín (Edaf) el mejor estudio sobre su vida y su obra.

Leopoldo Alas, Clarín, nació accidentalmente en Zamora el 25 de abril de 1852 y murió en Oviedo, la ciudad en la que vivió desde su infancia, el 13 de junio de 1901, hace 125 años. Tenía sólo 49 años y una salud minada por una tuberculosis intestinal que no limitó su actividad creadora, a juzgar por las muchas obras que dejó inconclusas: Palomares, Tambor y gaita, Spiraindeo. Al parecer los problemas económicos lo obligaban a dedicar más tiempo a la crítica que a la literatura.

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