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Avatares de un músico inexperto

«Logré conducir mi 2 Caballos hasta Oviedo, donde me esperaba mi siguiente cita con la música»

Imagen de archivo de un concierto de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Vigo.

Imagen de archivo de un concierto de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Vigo. / Jose Lores

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Tomás Camacho

En este capítulo me gustaría evocar episodios vividos en una de mis primeras incursiones en el mundo de la escena como intérprete. Corrían los años 70 del siglo XX en una pequeña gira por Asturias. El debut fue en una ciudad cuyo nombre he olvidado. Era una tarde de primavera que parecía empeñada en ser invierno: fría, gris y con esa lluvia fina que calaba los huesos. Quizás por eso el auditorio estaba lleno.

Recuerdo subir al escenario y empezar con mi programa de debutante, una selección de piezas exigentes y disonantes que, en retrospectiva, eran un desafío excesivo para el público. Pronto, el respetuoso silencio se fue sustituyendo por susurros, luego, chismorreos constantes que terminó sonando a charla de bar.

Dada mi inexperiencia en esos menesteres, tal vez me faltó la autoridad de mi admirado Andrés Segovia, quien, en una situación similar detuvo en seco su guitarra y, con voz sonora sentenció: «Por favor, hablen un poco más alto, para que todos nos enteremos de lo que dicen, debe de ser más interesante que lo que yo estoy tocando». Cuentan que tras su desplante, los charlatanes se fueron de la sala sigilosamente y la música siguió de nuevo. Yo, en cambio, no me atreví ni a toser. Seguí dándole a mis disonancias con una leve sonrisa, mientras competía contra una señora de la tercera fila que le explicaba a su vecina, con todo lujo de detalles, su receta para el pote asturiano. Más tarde, de vuelta a casa, mi esposa me reprendió por no haber tomado nota de la receta.

Sobre esto, mi maestro solía advertirnos que no es prudente tocar donde el público busca cualquier cosa menos escuchar música. Sin embargo, apostillaba que un profesional debe crecerse ante la adversidad, ya sea la indiferencia o la incomprensión. Nos ponía un ejemplo claro: así como un científico puede cautivar a un público inexperto transformando datos áridos en una crónica vibrante, nosotros debemos pronunciar cada frase musical enfatizando la dinámica, el timbre y la articulación. Convertir el sonido en una historia apasionante. Y si aun así no logramos conectar con el otro, siempre nos quedará el placer de recrearnos en nuestra propia historia.

Al día siguiente, en Pola de Siero –villa famosa por su sidra–, el público estuvo a la altura y el concierto fluyó por cauces normales. Al terminar, las autoridades locales me invitaron a degustar y escanciar el oro líquido asturiano. Debo confesar que, tras el esfuerzo del escenario, la sed me devoraba y aquella sidrina fresca me supo a gloria. Mis anfitriones, decididos a que no quedase un solo chigre por visitar, olvidaron advertirme sobre la traición de los efectos secundarios. Aquello acabó, como suele decirse, como el rosario de la aurora. Ni yo mismo sé cómo, pero a trancas y barrancas, logré conducir mi 2 Caballos hasta Oviedo, donde me esperaba mi siguiente cita con la música.

En esta bella ciudad, a pesar de estar bastante perjudicado debido a la resaca, pude realizar el concierto sin mayores atrancos. Fue impresionante entrar en aquella gran sala de la Caja de Ahorros de Asturias abarrotada de público, incluso habilitaron el escenario con sillas alrededor del intérprete. Ante aquella situación, y dado mi precario estado, tuve que valerme de los valiosísimos consejos que en su día me ofreció mi maestro para «situaciones adversas».

Por suerte el programa fue del agrado del público, incluso el crítico musical de La Nueva España dedicó elogios al repertorio y, generosamente, a mi interpretación. Destacó de manera especial el Nocturnal Op. 70 de Benjamin Britten, considerada unánimemente una de las obras cumbres de la guitarra del siglo XX. Esta pieza se inspira en el laudista inglés del siglo XVI John Dowland, concretamente en su First Book of Songs or Ayres.

El primer movimiento es una recreación libre y evocadora de la exquisita canción original, Come, Heavy Sleep. Por su parte, el tercero Restless («Inquieto»), supone un reto rítmico para la mano derecha del intérprete: sobre una base constante de negras se superponen corcheas con puntillo, generando gran tensión sonora, aunque de una belleza indescriptible. Este movimiento, al igual que el quinto (March-like), presenta tintes bitonales al situar la melodía y el acompañamiento en tonalidades diferentes. En la marcha, la sencilla melodía en octavas paralelas es contrastada por un discreto acompañamiento de cuerdas al aire. Britten demuestra aquí una maestría única, reinterpretando el universo de Dowland bajo su propio sello personal. Este monumento musical, compuesto por ocho movimientos culmina en la Passacaglia. En ella, el autor despliega una panoplia de recursos técnicos y expresivos que recuerdan a un gran espectáculo pirotécnico. Sobre un osbtinato descendente de seis notas en constante crescendo –a modo de chacona– realiza todo tipo de variantes inimaginables, hasta el extremo de hacerse necesaria la escritura en dos pentagramas para acoger tal despliegue de medios. Tras esta exhibición de energía, la obra alcanza su clímax en un final Molto tranquillo. Es aquí donde, por fin, emerge la canción de Dowland de forma ideal, cerrando el ciclo con una paz profunda y deliciosa.

Querido Parménides –decía mi maestro a su inseparable y fiel compañero– cómo bien sabes tú «el aprendizaje es un largo camino, nunca se sabe todo, en cambio la ignorancia ignora que lo está recorriendo. Y como nadie aprende en cabeza ajena, solo los errores, si estamos atentos, nos enseñan el itinerario a seguir».

En esta gira aprendí lecciones que no me enseñaron en el conservatorio: la primera, seleccionar adecuadamente los programas al lugar de la actuación, y la segunda, que para imponer silencio con la autoridad de Segovia, primero hay que tener su nivel artístico, y también su personalidad.

*Tomás Camacho es profesor y exdirector de los Conservatorios Superior de Música de Vigo y Profesional de Ourense

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