Jean Echenoz, escritor: «Ironía es tomarse en serio lo que sucede»
Su último libro, 'Bristol', traducido al catalán por Raig Verd y que en 2027 Anagrama publicará en castellano, es, según sus propias palabras, «una gran novela de amor, aventura y acción»

El escritor Jean Echenoz, fotografiado durante su última visita a Barcelona. / Zowy Voeten
Elena Pita
Jean Echenoz es un personaje de carne y hueso que parece recién escapado de las páginas de su última novela. A su vez, el escritor se refiere a sus personajes como si fueran criaturas absolutamente ajenas a él, de vida independiente. Escuchándole hablar desde sus ojos hoy grises a juego con su pelo lacio y ceniza, sintiendo el olor de su dentífrico (viene de almorzar y ya verán que se trata de un ser muy aseado), es inevitable imaginar una tira cómica de esta novela, traducida al catalán por Raig Verd, de la que surgiera en 3D el mismísimo Jean Echenoz que rubrica 'Bristol', que se parece a Robert Bristol, que a su vez es una caricatura de sí mismo: el antihéroe en su catastrófico viaje de vuelta a la realidad (no confundir con paraíso).
Echenoz (Orange, Francia, 1947; sociólogo e ingeniero civil de formación, autor de 21 novelas, ganador entre otros del Goncourt y el Médicis) ha renegado siempre de ser escritor y se ha definido como "fabricante de libros". Hoy, ni eso admite: tal es su descreimiento. Sus silencios compiten en duración con sus respuestas, regurgita, y hay que tener paciencia para no repreguntar, porque se acumula la faena. Una ahí empeñada en desvelar el trasfondo filosófico de su en apariencia tontísima novela y él, erre que erre, hablando de la tramoya del libro: "Una gran novela de amor, aventura y acción", dice.
El viaje del héroe es un gran asunto de la literatura universal pero ¿por qué elige usted de nuevo el viaje del antihéroe, como ya hizo en la galardonada 'Me voy' (Premio Goncourt 1999)?
Porque los antihéroes son más interesantes que los héroes, y se prestan a hablar de experiencia. Todos somos un poco antihéroes y, aunque no se trata de ser autobiográfico, uno puede desarrollar fantasías en paralelo a su propia vida o experiencia.
El ritual de levantarse, desayunar, asearse, todo siempre en el mismo y minucioso orden, estaba ya presente en aquella novela, y se repite. ¿Qué significa para usted, por qué le da tanta importancia?
Sí, y cuando lo escribí en esta novela, me acordé de que ya lo había escrito entonces, así que lo reformulé un poco para no repetirme mucho. Es algo que me enerva, esta repetición matutina, que todos los días comiencen por esta puesta en escena que va de tic en tic y que parece que no se puede alterar, afeitarse por la izquierda, pasar a la derecha… Y lo que me sorprende es la ritualización, como si fuéramos esclavos de unas reglas que no hemos decidido y se nos imponen desde la infancia.
Le confieso que yo a veces intento ducharme al mediodía para sentirme menos alienada…
¿Ah sí?
Pero no se lo recomiendo, es un incordio y no resuelve nada.
Es que no es la solución: estamos obligados a pasar por este proceso, beber siempre en la misma taza de té, con una cucharada de miel, la segunda sin miel… ¿Entiendes?
Sí, nos hace estúpidos… Echenoz, esa sala de cine transformada en tienda de ultracongelados, ¿es una metáfora de la vida de Bristol o de su propia vida?
No es una metáfora, forma parte de la evolución urbana: que la imagen animada se vea sustituida por ultracongelados me parece una visión interesante y, aunque pesimista, es lo que sucede. Pero, en realidad, no quise hacer un paralelismo con los personajes, eso es cosecha tuya.
¿Hasta qué punto ha querido hacer de este personaje una caricatura de sí mismo?
Es una caricatura imaginaria. Todos los personajes, al final, son caricaturas de uno mismo. Para construir un personaje, los escritores tomamos elementos de uno mismo y otros que robamos de fuera. No, no es exactamente mi caricatura, siento más simpatía por mis propios libros que por las películas que Bristol haya podido dirigir, que a veces son un poco pretenciosas.
Una curiosidad, en esa primera imagen en la que un hombre se precipita por la ventana y cae a ocho metros de Bristol, que ni se inmuta, ¿por qué está desnudo el suicida?
Ah, pues eso te pregunto yo. Normalmente sé cómo está estructurada una novela cuando me pongo a escribirla, pero en este caso necesité mucho tiempo para descubrir quién era ese tipo y por qué estaba desnudo. Y la racionalización que me hice es que al suicidarse quiere dejar todo atrás y morir como nació, es decir, desnudo. Pero esto es algo que fui construyendo sobre la marcha. En cambio, sí tenía clarísimo cuál sería la última escena, y en el medio tenía mis dispositivos narrativos.
Que me comparen con Flaubert y Beckett, y desde luego con Kafka, me parece estupendo. Pero creo que es un traje que me va grande
¿Cuántas versiones ha escrito?
Unas tres, más o menos, pero es que ahora con el ordenador es complicado saber cuántas veces reescribes, porque la toma de decisiones sucede en diferido. Cuando escribía a máquina, en mi juventud, el texto no se podía tocar, había que rehacerlo, pero el ordenador es, en cierto modo, una trampa, porque los textos se pueden cambiar indefinidamente.
¿Cree que la resignación, o esa falta de empatía del que observa cómo un hombre se aplasta contra el pavimento, sería lo que nos caracteriza hoy como sociedad?
Espero que no [y se queda en silencio].
Y la soledad que transpiran todos sus personajes, ¿sería el drama de nuestra época?
[Más silencio, largo]. Tal vez las máquinas contribuyan a acrecentar la soledad, sí, o tal vez haya una perversión con esto que se llama… las redes sociales, eso, en las que jamás he metido un pie. Sí pueden tener un efecto paradójico de aislamiento y distancia social.
Cuando le concedieron el Goncourt, el jurado declaró que su novela era un manual de uso para el nuevo milenio: "Una descripción realista de nuestra pérdida de sentido de la realidad", dijeron. Lo situaban entre el realismo poco amable de Flaubert, la estupefacción de Kafka y la misantropía de Beckett. ¿Ahí seguimos o todo esto se ha quedado corto?
Bueno, no está nada mal que me comparen con Flaubert y Beckett, y desde luego con Kafka: me parece estupendo. Pero creo que es un traje que me va grande.
Pero ¿usted imaginaba que la pérdida del sentido de la realidad podría llegar tan lejos como hoy atendemos?
[Silencio]. Tal vez sí, pero al final es siempre lo mismo, nos ocupamos demasiado del simulacro, hay una desposesión del yo a favor de las máquinas. Pero nos estamos poniendo muy filosóficos.
El libro lo es, ¿no?
Bueno, si el lector lo toma por filosófico, me parece perfecto, pero no era mi intención. Yo quise escribir una gran novela de amor, aventura y acción. La frase, la construcción, la estructura, eso es lo que me interesa: contar bien una historia, es decir, lo novelesco, es más el cómo que el qué. El guion es necesario, pero uno puede tomar cualquier incidente y reconstruirlo como si estuviera rodando. Si ponemos como ejemplo Madame Bovary, que para mí es una de las más grandes novelas universales, lo que cuenta en sí no es muy interesante, pero el libro es genial.
Es decir, ¿para usted la historia importa mucho menos que el artificio literario?
Es que no es un artificio. Es un arte, espero, o creo. La historia es muy importante, ha de haber suspense, pero hay que alimentarlo a través de la forma, el ritmo, la estructura, las imágenes, el diálogo.
Importante, pero menor. ¿Es esa la razón para no considerarse tanto un escritor como un «fabricante de libros»?
De nuevo el artificio… A ver, dije esto como reacción a la imagen social del escritor que, sobre todo en Francia, está un poco deificado. Pero yo quise ser escritor desde niño, desde muy pequeño.
¿Y lo consiguió pronto?
Bueno, me gané el pan con otros trabajos anteriores como… A ver… en cositas de psicosociología, que fue lo que estudié.
¿Ha llegado con 'Bristol' al clímax del artificio, la ficción de la ficción, donde el todo es una anécdota y lo importante son las partes?
Sí, claro, por eso este libro es una especie de reflexión sobre la ficción. Bueno, reflexión… Yo reflexiono muy poco.
En estos puzles que 'fabrica', ¿el todo sería usted, y las piezas, aquello que roba a los demás, a los lugares, a las situaciones, como buen 'voyeur'?
Es curioso, al principio, cuando un libro empieza a tomar forma, no hay nada, y, cuando comienza a respirar, uno lo alimenta con pequeñas cositas de la vida cotidiana. El libro se convierte en un imán, y no es magia, pero, como uno no piensa más que en el libro que tiene en la cabeza, todo le vale para alimentarlo. Sin embargo, hay cosas que aparecen como piezas de un rompecabezas, como si el libro las estuviera esperando, y eso me llama mucho la atención. Eso solo ocurre si el libro adquiere vida propia. Mi historia era sobre un director de cine que se iba a rodar a África, era todo lo que tenía, y sabía que había una comunidad de vecinos, y una calle de París, que me interesaba especialmente.
Y luego descubrió que aparece en varias películas, ¿casualidad?
Sí, me había fijado en ella hace tiempo, y me puse a explorarla, y me vino que ni pintado descubrir que era una calle importante para el cine, porque mi protagonista era director de cine. Sí, es la casualidad de la que te hablaba.
Si la casualidad existiera, claro… En el epílogo escribe: "Este libro se remata con la sensación de que el ruido de la política internacional no podría ser más fuerte ni más molesto", a lo que adjunta una cita de Camus. ¿Estamos ante la mayor estupidez humana concebible?
Sí, estamos ante una estupidez enorme, y todo ha empeorado, día a día, desde que lo terminé hace 18 meses: Ucrania, Gaza, Irán, Líbano, Sudán… Etcétera.
¿Qué le parece más peligroso: ironizar sobre los señores de la guerra que tenemos, manifiestamente ridículos, o carecer de ironía frente a lo que acontece?
Creo sin duda que lo segundo: la ironía nunca puede faltar. Pero ironía no significa no tomarse las cosas en serio, sino todo lo contrario: ironía es tomarse en serio lo que sucede.

Bristol
Jean Echenoz
Traducción de Anna Casassas
Raig Verd
192 páginas. 21,95 euros
Publicación en castellano en 2027 de la mano de Anagrama
- Olalla, acogedora de dos hermanos con dedicación exclusiva: «Ni lo haces por ti ni por trabajo o vocación, es una forma de vida»
- Muere una mujer tras precipitarse desde un séptimo piso en Vigo
- Comerciantes y hosteleros empiezan a pagar cuotas voluntarias de 50 euros para el contencioso contra la subida de la basura
- El baile de sillas en la Xunta se atasca: más de 2.100 empleados deben tomar posesión pero hay déficit de plazas para los grupos A1 y A2
- La vía verde más grande de Galicia: 28 kilómetros de recorrido e ideal para los ciclistas
- Dos acusados se enfrentan a 3 años de cárcel por apropiarse de 136.000 euros de la venta de una casa en Baiona
- El Gobierno cederá capacidad pesquera a los jóvenes que quieran dar de alta un barco para emprender en el mar
- CC OO y UGT ratifican el preacuerdo del metal de Pontevedra en sus asambleas