El dictador en su laberinto
Se publica «El caudillo», la única novela escrita por el padre de Jorge Luis Borges

Los padres de Borges, Leonor y Jorge Guillermo, en 1938.
Jorge Luis Borges siempre consideró a su padre como una de las grandes influencias en su vida. Era un hombre culto que tenía una gran biblioteca (su hijo se refirió a ella en varias ocasiones), se relacionaba con escritores e intelectuales de la época (Macedonio Fernández fue su mejor amigo) y era conocido en los ambientes literarios porteños. Estudió Derecho pero ejercía como docente en Buenos Aires y escribió una sola novela, El caudillo, que no tuvo ningún éxito. Tras su muerte se encontró el manuscrito inédito de un proyecto de título La senda. Su hijo manifestó varias veces la intención de volver a publicar la novela, corregida por él, pero nunca lo hizo. Ahora Centro Editor publica en España El caudillo respetando la versión original de la novela y añadiendo una colección de fotografías relacionadas con la familia Borges.
En Buenos Aires Jorge Guillermo Borges Haslam (Paraná, 1874-Buenos Aires, 1938) vivía de las clases de literatura y de las traducciones de obras del inglés (su madre era inglesa), como Belleza Negra de Anna Sewell. En 1914 se trasladó a Ginebra con su familia, su mujer Leonor Acevedo y sus hijos Jorge Luis y Norah, para que un médico suizo lo tratase de su miopía degenerativa. La estancia en Europa se prolongó durante cinco años a causa de la Primera Guerra Mundial. Parte de este tiempo, desde 1919, los Borges lo vivieron en varias ciudades de España, donde Jorge Luis inició su carrera literaria vinculada al movimiento ultraísta. Antes de su regreso a Argentina en 1921, el padre de Borges hizo estampar El caudillo en la imprenta Guasp de Palma de Mallorca. Los 500 ejemplares de la edición los llevó consigo a Buenos Aires y se distribuyeron sobre todo entre amigos, familiares y conocidos del autor.
Hijo de un militar (el coronel Francisco Borges Lafinur), profundo conocedor de la historia de Argentina, de su estructura política y social, y de la sarta de golpes militares, asonadas y pronunciamientos que jalonaron el siglo XIX argentino, Jorge Guillermo Borges sitúa la acción de El caudillo en el ámbito rural de un país azotado por la pobreza, la violencia y la inseguridad política.
La acción de la novela se desarrolla en los parajes rurales de Espinillo, en los terrenos propiedad de Andrés Tavares, un cacique a quien todos llaman El Caudillo, que domina la vida de aquella comunidad y que vive en un rancho criollo desde cuya terraza se divisa la extensión de sus propiedades, cuya visión completa sólo interrumpe un terreno y una arboleda propiedad de un francés que vive en Buenos Aires. El hijo de este francés, Carlos Dubois, llega para establecerse allí y hacerse cargo de la hacienda. Es una persona culta y moderna, conoció el París de finales del siglo XIX y trae consigo un baúl lleno de libros, un violín y una escopeta de dos caños que no sabe manejar. Deja en Buenos Aires una novia enamorada con la que piensa volver a reunirse.
Los avatares personales de los protagonistas se complican con los acontecimientos políticos que sacuden el mundo rural de aquella comunidad. El Cacique ha de poner todos sus esfuerzos en mantener el poder que ejerce sobre las vidas y haciendas de los pobladores de aquel territorio manteniéndose fiel a sus principios (apoya la causa de Ricardo López Jordán en Entre Ríos, frente a las fuerzas de Justo José de Urquiza), traicionándolos cuando es necesario y volviendo a ellos si las circunstancias lo aconsejan.
Durante su estancia en Espinillo, un nuevo amor, el de una hija del Cacique, se cruza en la vida de Carlos Dubois y lo conduce por derroteros que abocan a un desenlace en el que la política interfiere en la vida privada y decide su destino. Para el Cacique, las mujeres, incluyendo a su esposa y a sus hijas, representaban «la vida torpe, lo débil, lo incomprensible, estaban para el fácil comercio de sus placeres y fuera de la cama no servían». Rotos los puentes que comunican a los bandos en conflicto (metafóricamente encarnados en la destrucción por una tormenta del puente que enlaza las dos orillas del río) la fatalidad va a decidir los destinos de los protagonistas.
A destacar también la serie de personajes que secundan el desarrollo de la trama: el Gaucho, que sueña con un futuro en el que predomine la educación, el progreso y la cultura, todo lo contrario del Caudillo, que piensa que a los jóvenes «la soberbia los pierde y el saber los envenena». El Gringo es un trotamundos de origen italiano para quien «la política que no sirve al bolsillo no sirve para nada porque gobernar es enriquecerse», que termina sus días víctima de sus obsesiones. El viejo Comandante, un militar fajado en numerosas batallas, fiel a unos principios de lealtad que nadie puede revertir. Y el Juez de Paz, que interpreta las leyes en beneficio del Caudillo.
Totalmente ignorada, esta obra del padre de Jorge Luis Borges puede considerarse como un antecedente del género de la novela de dictadores que practicaron los escritores del boom (Vargas Llosa, García Márquez, Roa Bastos); incluso es anterior al Tirano Banderas de Valle-Inclán, que fue publicada en 1926.
Suscríbete para seguir leyendo
- No cojas pájaros del suelo: la Sociedad Española de Ornitología recuerda lo que debes hacer si encuentras una cría fuera de su nido
- Hallan con vida a la vecina de Beade desaparecida desde el domingo por la tarde
- Nuevo paso para que se pueda viajar en AVE desde Galicia a otras comunidades del Norte sin pasar por Madrid
- La reapertura del policlínico Cíes lleva ocho meses paralizada a la espera de una autorización de la Seguridad Social
- La ambiciosa transformación de la avenida de Madrid de Vigo alcanza uno de sus hitos: «Ahora empezará lo más visible»
- Muere el patrón de una embarcación de recreo en Chapela al caer al mar, mientras su lancha seguía navegando sin rumbo
- Una plantilla de 70 personas, entre ellos 30 socorristas, se ocupará este verano del parque acuático y complejo de Monterrei
- «Las primeras medidas para reducir las bajas laborales irán este mes. Estoy seguro de que bajarán las cifras»