Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El otro Wittgenstein

Se cumplen 65 años de la muerte del pianista, hermano del filósofo

Paul Wittgenstein, que perdió el brazo derecho en la guerra, al piano.

Paul Wittgenstein, que perdió el brazo derecho en la guerra, al piano. / © Bettmann Corbis

Cuando se habla de Wittgenstein todo el mundo piensa en Ludwig, el filósofo, el autor del Tractatus lógico-filosoficus, ese libro que todo el mundo cita pero que casi nadie ha leído y sobre el que su autor decía que la segunda parte era la más importante. Nunca la escribió.

Sin embargo muy pocos se acuerdan de su hermano Paul, el músico, el pianista, que tenía por delante un futuro como concertista mucho más prometedor que el de su hermano, un futuro que vino a malograr la guerra. En 1913 dio un concierto que deslumbró a los asistentes de un auditorio ciertamente exigente, el de la Ópera de Viena. Al año siguiente estalló la Primera Guerra Mundial.

Cuando comenzó la guerra, ambos hermanos, el filósofo y el músico, se alistaron voluntarios y llegaron a participar en primera línea de fuego en batallas por la defensa del imperio Austrohúngaro. Ludwig escribió gran parte del Tractatus desde aquellas trincheras y desde su cautiverio en Montecassino cuando los italianos lo hicieron prisionero.

En el territorio hoy ucraniano que entonces pertenecía a Polonia, Paul fue herido en el brazo derecho cuando llevaba solo tres días en el frente, y los rusos lo hicieron prisionero, lo sometieron a una operación-chapuza en la que le amputaron aquel brazo y lo internaron en un campo de concentración en Siberia, el mismo en el que había estado Dostoievski.

Los Wittgenstein eran una de las familias más ricas de Viena, empresarios de origen judío convertidos al cristianismo, que vivían en un palacio en el que recibían con frecuencia visitas de personalidades de la cultura y sobre todo de la música, como Johannes Brahms, Gustav Mahler y Richard Strauss, con quienes Paul comenzó a tocar en uno de los siete pianos de cola que había en aquella mansión.

A pesar de aquella acomodada situación, la familia sufrió el drama de la pérdida de tres de sus hijos, que se suicidaron. Hans, que también había sido un niño prodigio de la música, se mató en los Estados Unidos en 1902. Rudolf se quitó la vida en Berlín en 1904 y Kurt, oficial del ejército austrohúngaro, se pegó un tiro en 1918, al final de la guerra, cuando se desmoronaba el imperio por el que había luchado y que daba sentido a su vida militar. Estos suicidios influyeron en la vida de los hermanos. Ludwig pensó también varias veces en suicidarse.

A la muerte de los Wittgenstein su gran fortuna la heredaron los hijos, pero Ludwig rechazó su parte porque pensaba que la riqueza iba a interferir en su creatividad y en su dedicación a la filosofía, lo apartaría de su vida monacal y lo convertiría en un burgués. Siguió viviendo en el aislamiento de una cabaña que se había hecho construir a orillas de un fiordo de Noruega, dio clases de filosofía en una escuela rural de Austria y trabajó como jardinero en un monasterio de Suiza.

Por su parte, Paul invirtió aquella fortuna en pagar a grandes músicos de la época para que le compusieran piezas para piano que pudiese tocar con una sola mano, con la izquierda. Así lo hicieron Benjamin Britten, Paul Hindemith, Richard Strauss, Prokófiev y también Maurice Ravel, que compuso para él «Concierto para la mano izquierda en re mayor», que se estrenó en París en 1933 con Ravel dirigiendo la orquesta. Josef Labor, que había sido su profesor cuando Paul era muy joven, aunque ya estaba ciego, también compuso una pieza para Wittgenstein. Gracias a aquellas composiciones pudo continuar con su carrera de concertista.

En estas circunstancias hizo en 1928 una exitosa gira por varias ciudades de los Estados Unidos y en Hollywood le propusieron hacer una película sobre su vida, a lo que se negó.

Durante la anexión de Austria por el régimen nazi los Wittgenstein fueron perseguidos por sus orígenes judíos y Paul y Ludwig se refugiaron en Inglaterra, mientras sus hermanas Helene y Hermine fueron confinadas en su casa de Viena, aunque simpatizaban con Hitler. Desde el exilio, los hermanos tuvieron que entregar a los nazis todas las propiedades y los activos que la familia tenía en Alemania, por un valor de seis millones de dólares de la época, para que permitiesen a sus hermanas continuar viviendo en el palacio familiar sin ser arrestadas.

Se dice que con aquel dinero los nazis financiaron durante tres años los gastos de armamento. Al final de la guerra, en 1946, Paul se trasladó definitivamente a los Estados Unidos con su esposa Hilda, una exalumna medio ciega con la que se casó cuando ella tenía 18 años y Paul 47, y la familia, con tres hijos, pasó en América el resto de su vida. Paul Wittgenstein murió el 3 de marzo de 1961, hace 65 años. En 2008 Alexander Waugh publicó La familia Wittgenstein, un libro fascinante que cuenta las vidas de todos los componentes de tan peculiar familia.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents