Francisco Rodríguez Pastoriza | Periodista y escritor
“La izquierda se ha opuesto a aceptar los errores del bando republicano”
El autor dedica su última obra a Agapito García Atadell, el gallego al frente de una de las checas más sanguinarias de la Guerra Civil

Pastoriza presentará su libro el mes de mayo en Madrid. / Ana Rodríguez
Una de las checas más violentas que operaron en Madrid durante la guerra civil estuvo dirigida por un sindicalista y luchador antifascista gallego de Viveiro, un personaje que Francisco Rodríguez Pastoriza rescata en su novela “Agapito García Atadell. El invierno del chequista” Medulia). El periodista y escritor de Bueu, colaborador de FARO, plasma en algo más de cien páginas el fruto de su investigación sobre un personaje poco conocido, considerado uno de los más fervientes defensores de la república por unos y ejecutado por el régimen franquista, y la trayectoria que le llevó a pasar de luchar por sus ideales a convertirse en un hombre corrompido por la violencia y la ambición.
– ¿Cómo se encontró con la figura de Agapito García Atadell y por qué decidió dedicarle un libro?
– A mí, como a mucha gente de mi generación, me ha interesado siempre el tema de la guerra civil española, porque fue el acontecimiento más importante de nuestra historia del siglo XX y condicionó el devenir de lo que ocurrió después, y aún en parte de lo que está pasando ahora mismo. En estas lecturas me encontraba con frecuencia con el nombre de Agapito García Atadell, un personaje poco conocido, con una trayectoria que comprende desde una juventud de sindicalista y de luchador antifascista en Viveiro, el pueblo donde nació y vivió en su juventud, hasta la de un hombre corrompido por la violencia y por la ambición. El personaje y su trayectoria me suscitaron interés y curiosidad y por eso comencé a investigar sobre él.
– ¿Cómo fue su proceso de documentación para elaborar la novela y qué aspectos que descubrió le sorprendieron más?
– Curiosamente hay pocas informaciones fiables sobre el personaje porque casi todas proceden de fuentes franquistas y por lo tanto muy sectarias. Localicé algunos libros sobre García Atadell en librerías de viejo, casi todos escritos por autores identificados con estos posicionamientos. Incluso llegué a dar con un libro de uno de los religiosos que lo acompañaron la última noche antes de que fuese ejecutado, donde cuenta cómo fueron aquellas últimas horas. También encontré información en fuentes más fiables, en libros de historia más recientes, sobre todo en estudios dedicados al fenómeno de las checas. Lamentablemente ya no existen personas que lo hayan conocido y me fue difícil encontrar testimonios directos sobre su vida. Al parecer Atadell había escrito una especie de memorias que ordenó a su mujer que las destruyera cuando estaba en la cárcel esperando el consejo de guerra. Y es una pena.
– ¿Por qué ha escogido la fórmula de hacer una biografía novelada y se ha decantado por narrar en primera persona?
– Porque esa escasez de documentación fiable hacía que por momentos me imaginase cómo podían haber sido ciertas circunstancias y caí en la cuenta de que estaba suponiendo detalles y episodios de los que no tenía certeza de que ocurrieran tal como los presentaba. Entonces decidí que el personaje, si no una biografía, podía protagonizar una novela, una de esas novelas biográficas en las que la realidad se mezcla con la ficción. Mi preocupación fue que esas invenciones literarias fuesen siempre verosímiles. Por otra parte, como novela, me interesaba plantear a través de los monólogos interiores del protagonista, una tesis, la de que su conversión al fascismo más que a un convencimiento ideológico se debió a la desesperación de un condenado a muerte que quiere salvar su vida a costa de lo que sea, de la sumisión y de la traición. Y además Atadell creía tener una posibilidad de que la condena a muerte le fuese conmutada porque decía haberle salvado la vida a una hermana de Queipo de Llano, si bien esta postura también descalifica a alguien que, ciertamente, basó muchas veces sus actividades en principios manifiestamente condenables. Y también en la convicción de que alguien que fue un líder de la clase obrera, formado en los principios del socialismo, un luchador por la democracia, un antifascista y un defensor de los ideales de la República, difícilmente puede cambiar repentinamente sus ideas, formadas a lo largo de toda una vida, para abrazar el fascismo contra el que tanto se opuso, si no fuese por una situación de desesperación como la que estaba sufriendo. Y tampoco creo que su matrimonio con Piedad Domínguez, una mujer que estuvo a punto de ser monja, influyese en su cambio de mentalidad. Es cierto que el comportamiento de García Atadell ya había empezado a apartarse de aquellos ideales cuando traicionó los principios de la izquierda y se sumergió en la corrupción y el crimen, pero hasta que fue condenado a muerte y atisbó una posibilidad de que su pena fuese conmutada, nunca se había manifestado en contra de aquellas ideas en las que se formó. De todas formas, su actitud no puede calificarse sino de infame, como la de sus verdugos.
– Sostiene en el prólogo que ambos bandos enfrentados en la Guerra Civil cometieron crímenes de lesa humanidad, pero los perpetrados por las checas se han silenciado, ¿el régimen franquista no se ocupó de divulgarlos?
– El régimen franquista sí que divulgó los crímenes de las checas, incluso los exageró. Los que silenció fueron los que se cometieron en sus filas. Pero desde la transición hasta casi ahora mismo, es verdad que desde la izquierda hubo una cierta oposición a aceptar que también en el bando republicano se cometieron errores.
– García Atadell estaba al frente de la Brigada Amanecer, una de las checas mas sanguinarias que operaron en Madrid, ¿actuaba movido por matar enemigos o para sembrar el terror?
– Yo creo que sobre todo actuaba por ambición política porque tenía pretensiones de ir escalando puestos en la política y conocía a personas influyentes. Creía que la guerra podía darle la oportunidad de demostrar que era más antifascista que nadie, que era capaz de utilizar todo tipo de medios para eliminar a enemigos y a quintacolumnistas y que no tenía límites para actuar de la manera más violenta. El terror venía acompañando esa metodología.
– ¿Cómo le marcó su infancia y adolescencia en Viveiro para la trayectoria política que siguió?
– En Viveiro comenzó sus actividades como sindicalista en el gremio de linotipistas, que era su profesión. Y de ahí poco a poco se fue comprometiendo cada vez más con la política. Primero en el PSOE, después en el PCE y más tarde regresando a las filas del socialismo. Cuando se trasladó a Madrid ya era conocido en ciertos ambientes políticos.
– Dibuja un consejo de guerra en el que la decisión de ejecutarlo ya estaba tomada previamente, sin importar lo que pudieran declarar los testigos ni su posible arrepentimiento.
– Los consejos de guerra que celebraba el franquismo, en su mayoría eran puestas en escena cuyas decisiones ya estaban tomadas de antemano. Se celebraban para darle al régimen un aspecto de legalidad y para legitimar los crímenes que se cometían con las víctimas, muchas inocentes.
– Él intento huir de España con un botín, ¿de haberlo conseguido hubiera pasado a la historia como uno de los héroes republicanos exiliados?
– Yo creo que no, porque no sólo no es que no tenía ningún mérito para convertirse en una figura ejemplar, ni política ni personalmente, sino que además sus propios camaradas y sus compañeros ya eran conocedores de todo lo que había hecho y habían condenado expresamente su comportamiento. De hecho, tampoco recibió ningún apoyo de ellos.
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