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El haiku brilla más que el tuit

Alba Editorial reúne los orígenes, historia y modernidad de la poesía japonesa en “La semilla y el corazón”, con la versión original traducida por Teresa Herrero y en castellano por Juan F. Rivero

Grabado tradicional japonés. | // FDV

Los que aprecian el sushi, el manga, el anime, las artes marciales, a Murakami, el sake o la moda nipona no pueden perderse La semilla y el corazón, una antología única de casi quinientas páginas para introducirse en el haiku y por extensión en el fascinante mundo de las bellas artes japonesas.

A mediados de julio, el exprimer ministro belga y expresidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, se reunió en Tokio con el primer ministro nipón Fumio Kishida, en su condición de Embajador Haiku para la Amistad Japón-UE, y anunció su propósito de hacer que la poesía japonesa de 17 sílabas sea Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, si Japón quiere.

La explosión digital ha beneficiado al haiku, pero al contrario de esos breves textos de las redes sociales, la poesía japonesa fascina sin estridencias, y por tanto desata la imaginación. Ahí está la clave de su popularidad, milenaria tanto entre los moradores del sol naciente, y luego en el resto del planeta con su boom en el siglo XX.

Juan F. Rivero contextualiza en el preámbulo de La semilla y el corazón todo lo que hay que saber sobre el haiku, además ofrece una extensa bibliografía para quien necesite bucear más en esta literatura popular que impregna todas las artes niponas. Su propósito en la antología y una breve historia de la poesía japonesa desde sus orígenes hasta 1945 –fecha hasta dónde llega el libro–, hace de la introducción una amena y necesaria lección para todos los lectores que decidan aproximarse por primera vez a la poesía japonesa.

La división del volumen en cinco partes –“Los orígenes”; “La poesía clásica: Nara y Heian”; “La época medieval: Kamakura, Nambokuch¬ö, Muromachi y Azuchi-Momoyama”; “La poesía de Edo”; y “La era Meiji y el siglo XX hasta 1945”–, corresponde a las cinco grandes etapas del desarrollo de la poesía japonesa. Un gran trabajo que recoge la amplia nómina de autores, así como la diversidad de estilos y propuestas. Con una especial atención al papel fundamental de las mujeres en el florecimiento de la poesía en japonés, pues los primeros versos nipones se escribieron en kanshi, ya que el chino era la lengua de prestigio y en la que eran educados las élites masculinas, mientras que las mujeres de la corte recibían una esmerada formación en japonés. Y como destaca Rivero, el hecho que las mujeres no supiesen chino obligaba a los hombres a comunicarse con ellas en japonés.

Una revolución poética

Como se sabe, el haiku es un poema breve de diecisiete sílabas, escrito en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, que el poeta Matsuo Basho popularizó en su forma actual en el siglo XVII, y que en principio incluyen contrastar imágenes, hablar de la naturaleza y mencionar una palabra que aluda a la estación del año.

Basho nació en 1644 y aunque no fue un monje budista, sostuvo que el quehacer poético era como una fuente de elección espiritual que además de en el poema debía reflejarse también en la vida y carácter de los escritores. Su propuesta para que los versos surgieran de la contemplación de los seres vivos de manera espontánea y, de las emociones de su autor, es el mejor resumen de lo que es un haiku, la expresión de la sorpresa cotidiana, donde la importancia de la naturaleza y el simbolismo de sus estaciones marca los ideales estéticos de los poetas

Desde el primer haiku anónimo “Susanoo”: “Ocho nubes protegen / el palacio de Izumo, / el de ocho vallas; / ocho vallas que guardan / a mi esposa feliz.”; hasta el último, “Suzuki Shizuko”: “La flor del cosmos / no muere si se le sopla / con suavidad”; la antología La semilla y el corazón de Alba condensa 1.300 años de poesía, una selección única en el panorama editorial español.

Por cierto, el título está inspirado en el binomio corazón/semilla de las ideas poéticas de Ki no Tsurayuki, que a principios del siglo X, en su prefacio al Kokinshū, considerado el primer texto crítico de la literatura japonesa, comparó la poesía del país con las hojas de una planta que tuviera por semilla el corazón de los seres humanos. “Afirmar que los poemas de Japón tenían por semilla el corazón de las personas significaba por tanto vincularlos al espíritu y a la voluntad de todo un pueblo, que a través de la voz de un poeta u otro iba dejando textos en la memoria común”, explica Rivero.

Los quimonos de primavera, el coro de cigarras en verano, el color de las hortensias en otoño o el carácter invernal del ser humano, tiene más corazón que algunas redes tóxicas y, por supuesto, son las semillas nutritivas para los mejores sentimientos.

La semilla y el corazón

Traducción del japonés de Teresa Herrero, versiones en castellano de Juan F. Rivero.

Alba Editorial. 472 páginas

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