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Faro de Vigo

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El desafío del rock progresivo

Porcupine Tree, con tres décadas a sus espaldas, reaparece tras una pausa de 13 años reafirmándose como joven clásico del género

Porcupine Tree.

El legado del rock progresivo, tantas veces cuestionado y que se hizo grande en los 70, se ha acabado filtrando en las propuestas de muchas bandas ajenas a aquel imaginario, pero si hay una que lo ha digerido de un modo literal y sin complejos es Porcupine Tree. ¿Hay espacio para el prog rock en 2022? Pues claro, porque, como ocurre, por ejemplo, con el metal, nunca han dejado de salirle hijos y nietos, aunque den poca señal en el escáner mediático (sin que eso, a estas alturas, les quite el sueño a los aficionados).

Pero, respecto a Porcupine Tree, hablamos de un grupo con 30 años de historia, toda una vida, con sus cumbres aplaudidas por la afición (algunas, no tan lejanas en el tiempo, como Fear of a blank planet, 2007), y su mística y su culto. Grupo que abrió una pausa en 2010 para dar paso a proyectos personales y que ahora reaparece con su primer disco en 13 años. En el camino ha quedado el bajista, Colin Edwin, cuya tarea asume aquí el cantante y líder multitarea, Steven Wilson. A su lado siguen el teclista original, Richard Barbieri, y el batería (desde 2002) Gavin Harrison, a quien Robert Fripp echó el ojo y fichó para las últimas encarnaciones de King Crimson.

Ecos ‘frippertrónicos’

Un trío de abrumadora capacidad técnica que, lejos de la caricatura prog rock del virtuosismo infinito, sirve a la canción y la lleva a estadios aventurados. Lo percibimos a partir de las musculosas notas de bajo de la pieza de apertura, 'Harridan', con su deriva groovy, su estribillo aparatoso y esas zancadas guitarreras que hacen pensar en el vocabulario crimsoniano.

El influjo de Fripp es palpable en muchos momentos: la lírica pacificación de 'Dignity', con su órgano celestial y sus armonías vocales, también con ecos del Bowie más clásico, así como, en otro extremo, el riff disonante a lo Red que sirve de pórtico a 'Population three'. Pero Porcupine Tree desarrolla un lenguaje propio muy asentado, mental y poético, proclive al tour de force pero también a la especulación galáctica con vestigios de funk ('Walk the plank') o a la elegía con poder para llevarte a una realidad paralela: los casi 10 minutos de 'Chimera’s wreck', que se inspira en la muerte, en 2011, del padre de Wilson.

Los temas narrativos son diversos, lejos de la idea de obra conceptual, y apuntan a la política en una de las piezas más abruptas, 'Rats return', donde las ratas resultan ser ciertos dignatarios (Wilson ha hablado de Donald Trump y Boris Johnson). Pero Closure / Continuation apunta en su propio título a la circunstancia de la banda, sin mayores coartadas, indecisa sobre si este trabajo representa un epitafio o un paso al frente. El disco trae, pase lo que pase en el futuro, una desafiante secuencia de música alejada de las rutinas pop y de la noción de hit.

  • Closure / Continuation

    Porcupine Tree, Music for Nations-Sony Music, 2022

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