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Faro de Vigo

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Rock duro: nostalgia y negocios

El veterano periodista Mariano Muniesa dedica su último libro a repasar la historia de este estilo musical y a desmontar los mitos que lo rodean

Imagen de un concierto de Judas Priest, cabeza de cartel del Resurrection Fest de Viveiro este verano. Fredrik Persson/Efe

La combinación de nostalgia y estrategias empresariales hace que, cada cierto tiempo, determinados géneros musicales del pasado vuelvan a ponerse de moda y conquisten aquellas audiencias que, por edad, no pudieron disfrutarlos cuando aparecieron por primera vez. Así ha sucedido con el rock and roll clásico, el pop anglosajón de los sesenta, la música italiana, las cantantes ye-ye francesas, la psicodelia, la movida madrileña, el punk o el indie. Uno de los pocos géneros que no ha disfrutado de esa vuelta triunfal ha sido el heavy metal, sencillamente porque nunca se fue.

“El heavy metal no se ha quedado anquilosado en una fórmula. Cuando surgió en los años 70, lo hizo con una determinada idiosincrasia, la cual cambió en los años 80, volvió a cambiar en los noventa y, en los años 2000 y 2010, se diversificó. A partir de entonces, surgieron tal cantidad de géneros y subgéneros, que lo único que demuestran es que el heavy metal es un estilo musical muy rico y en constante evolución”, explica Mariano Muniesa, periodista musical que acaba de publicar en la editorial Almuzara Esto no estaba en mi libro de historia del Heavy Metal.

  • Eso no estaba en mi libro de Historia del heavy metal

    Mariano Muniesa, Almuzara, 368 págs.

En este ensayo, para el que cuenta con la colaboración de Mariskal Romero, Muniesa se aleja conscientemente del academicismo y el enciclopedismo, para presentar una versión del heavy metal despojada de prejuicios y de esa imagen, entre chusca, burlona y condescendiente, que acostumbran a dar de él los medios de comunicación.

“Incomprensiblemente para mí, el heavy metal sigue asociado con estereotipos completamente absurdos. Para mucha gente, el prototipo de alguien al que le gusta esta música es un sujeto al que no le preocupa leer, que es prácticamente un ignorante y al que lo único que le interesa es escuchar la música a todo volumen y fumar porros. Básicamente, el protagonista de El día de la bestia, del malhallado Santiago Segura”, comenta Muniesa. “Por eso quería hacer un libro que rompiese con ese estereotipo y que enseñara cosas que no se han contado nunca como, por ejemplo, la profundísima relación que hay entre el heavy metal y la literatura, la poesía o incluso la Biblia. Se habla siempre de que es un estilo satánico, pero hay muchos grupos que han buscado la inspiración en ese libro, con independencia de que sean creyentes o no”. Además de los mencionados, entre los mitos que desmonta Muniesa en su personal historia del heavy metal está el de la supuesta apatía y falta de compromiso político de los seguidores de este género musical que, al menos en España, vivió su momento de mayor popularidad en una complicada coyuntura histórica, marcada por la crisis económica, el desempleo juvenil y el consumo de heroína.

"Se habla siempre de que es un estilo satánico, pero hay muchos grupos que han buscado la inspiración en la Biblia, con independencia de que sean creyentes o no"

Mariano Muniesa

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“Aunque ya se había recuperado la democracia, la situación social de los años 70 y 80, especialmente para los jóvenes, era muy complicada. A eso se sumó el desencanto que supuso la llegada al gobierno del PSOE, que se pensaba que iba a apostar por políticas juveniles destinadas a ayudar a la gente, pero no fue así. Eso provocó que, en las grandes ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona, el heavy captase los sentimientos de esos jóvenes y los trasladase a sus letras. Fue esa idea de rebeldía, de querer cambiar las cosas lo que hizo que muchos músicos se acercasen al partido que estaba más comprometido con esos planteamientos y que, en esa época, era el PCE”, afirma Muniesa, que, aprovechando la referencia a la época de la Guerra Fría y al Partido Comunista, desmonta también la leyenda de que en la URSS el heavy metal estaba prohibido.

“Aunque no era un tipo de música especialmente apoyada por las autoridades, porque en esos países se le daba mucha preponderancia a la cultura autóctona y había cierta desconfianza por las músicas que procedían de occidente, durante años hubo en Europa del Este una escena rockera muy potente. Como no se podía viajar al exterior y no llegaban discos de fuera, la experiencia no fue fácil, pero, a pesar de ello, hubo una cantera de músicos a los que les gustaba el heavy metal, que se buscaron la vida para conseguir discos de occidente y crear una escena que ha sido invisibilizada, pero me apetecía reivindicar".

Ideología progresista

Aunque la preocupación por la política se ha atenuado considerablemente en comparación con el pasado, los aficionados al heavy metal siguen mostrando una mayor simpatía hacia las ideologías progresistas que a las conservadoras, como demuestra la normalización dentro del colectivo de personas LGTBI, una evolución en la que ha sido clave el vocalista del grupo Judas Priest, Rob Halford.

“El fenómeno de la homosexualidad en el heavy metal es comparable a lo que sucedió con Brokeback Mountain. Hasta el estreno de esa película parecía que en el mundo del country no existía la homosexualidad, cuando era evidente que también la había. Hoy en día, salir del armario, romper los tabúes y decir públicamente que una persona es homosexual es algo que también se ha producido en el mundo del heavy metal. Ahí la punta de lanza ha sido Rob Halford, entre otras cosas porque era el músico que encarnaba la figura del frontman más masculino del mundo, el más macho alfa de todos. Aunque es verdad que todo el que lo conocía sabía cómo era su vida privada, cuando decidió dar el paso y decir que era homosexual, provocó un cataclismo que, al mismo tiempo, ayudó a cambiar la mentalidad imperante y a romper tabúes”.

Muniesa se aleja del academicismo para presentar una versión del heavy metal sin prejuicios

A pesar de ese innegable cuestionamiento de las estructuras de poder y de su capacidad para adaptarse a los cambios de la sociedad, el heavy metal no siempre ha sido un movimiento ejemplar. Una de las críticas más habituales de las que ha sido objeto es su innegable sesgo machista y, en ese, como en los demás temas que aborda el libro, Muniesa no rehúye la pregunta.

“Si la cuestión es si hay machismo en el heavy metal, en honor a la verdad hay que decir que sí. Afortunadamente cada vez hay menos, pero durante mucho tiempo lo había, como lo ha habido en todos los ámbitos de la sociedad. En el caso de esta música era un machismo que se canalizaba principalmente en las actitudes de algunos artistas y en las portadas de los discos, en las que la mujer era representada como un objeto sexual porque, durante los años 80, la mujer como objeto de conquista del macho alfa metalero era un estereotipo muy habitual. En el disco Lovehunter de Whitesnake, por ejemplo, aparece una serpiente que está poco menos que violando a una chica medio desnuda. Ahora todo eso está en recesión. De hecho, recuerdo un caso reciente de un grupo con una portada en la que salía un hombre que marcaba a fuego el muslo de una mujer como si fuera una res. El movimiento organizado en contra de esa portada fue enorme y muy saludable, porque ayudó a entender que es inasumible aceptar ese tipo de cosas”.

La referencia a las portadas de los discos de heavy metal pone de manifiesto otro de los elementos relevantes de este movimiento, que, aunque acostumbra a pasar inadvertido, en ocasiones, ha sido tanto o más importante que el musical: el aspecto gráfico.

“En el caso de grupos como Kiss o Iron Maiden, la industria del merchandising les genera tanto o más dinero que sus discos. Aunque yo soy más fundamentalista y me preocupo más por la música y la filosofía que hay detrás de ella, es evidente que el heavy metal ha creado una subcultura en el mundo del diseño que, después de muchos años, está empezando a ser absorbida por la gran industria.”

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