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Gustave Flaubert, la escritura perfecta

Doscientos años del nacimiento del autor de "Mme. Bovary"

Gustave Flaubert. Pablo García

Gustave Flaubert nació el 12 de diciembre de hace ahora dos siglos en la localidad francesa de Rouen, hijo de un prestigioso médico cuya muerte llevó al escritor a vivir con su madre en la casa familiar de Croisset, donde residió toda su vida. Vivió una época convulsa en la que se sucedieron las monarquías de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe de Orleáns, las revoluciones de 1830 y 1848, la Segunda República, el golpe de estado de 1851 y el Imperio de Napoleón III. Fue testigo de la guerra franco-prusiana y de los acontecimientos de la Comuna de París. Conoció a George Sand y a los hermanos Goncourt y viajó a Túnez, Grecia y Egipto. El amor de su vida fue Louise Colet, con la que mantuvo una extensa correspondencia. Sus novelas están recorridas por la crítica a la burguesía francesa de su época.

Una obra maestra

Dos amigos de Flaubert, Maxime Du Camp y Louis Bouilhet, a quienes leyó el manuscrito de su obra La tentación de san Antonio le recomendaron que lo quemara y que buscara inspiración en la vida real. No quemó el manuscrito, que se publicó años después, pero les hizo caso, buscó un acontecimiento real para su próxima novela y lo halló en la noticia del suicidio de Delphine Couturier, esposa de Eugène Delamare, un antiguo alumno de Medicina de su padre. También tomó ideas de Las memorias de madame Ludovica, de su amante Louise D’Arcet, esposa del escultor James Pradier. Madame Bovary se publicó por entregas en “La Revue de Paris” en 1856 y al año siguiente ya en forma de libro.

Emma Bovary, en una edición ilustrada del libro de 1905.

Emma Bovary, en una edición ilustrada del libro de 1905. Bruno Gallice

Emma Rouault es la esposa del segundo matrimonio del doctor Charles Bovary. Hija de un granjero rico, huérfana de madre, ha sido una lectora voraz de Walter Scott, de novelas románticas y de poetas como Lamartine. Se casó con Charles Bovary porque esperaba encontrar en el matrimonio la pasión y la dicha que le habían sido esquivas. Pero su marido es insustancial, de conversación “plana como la acera de una calle”, y la ignora. Una vida que la condena a un triste destino en un pueblo provinciano, Tostes. Un baile en el castillo del marqués de Andervilliers, un paciente del Charles, ejerce sobre Emma tal deslumbramiento que le cambia la vida. Se interesa por la actividad cultural de París, por sus salones y por el teatro y la ópera y sueña con vivir allí. Charles pide el traslado a Yonville-l’Abbaye (trasunto de la localidad de Ry, en Normandía, el pueblo donde vivía Delphine) y allí la esposa conoce a León Dupuis, de inquietudes culturales similares, con el que vive una pasión platónica. León se muda a París y Emma inicia entonces una relación adúltera con el terrateniente Rodolphe Boulanger, que la va alejando de su marido y de su hija. El tedio de la vida provinciana decide a Emma a fugarse con Rodolphe, pero este no acude a la cita. El fracaso la hunde en una depresión que la conduce al misticismo religioso y a comportamientos excéntricos. Su reencuentro con León Dupuis en Rouen da lugar a una nueva relación de citas clandestinas, mientras cae en una vorágine de gastos suntuarios y derroches que terminan por arruinar la economía familiar. Hundida y humillada, deshonrada y arruinada, desesperada, no encontrará otra salida que la del suicidio.

"La educación sentimental" fue otra de las grandes novelas del siglo XIX

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Emma Bovary encarna el deseo de una vida sensual que busca el amor y el placer con tal intensidad que el esfuerzo para conseguirlos la lleva a su trágica inmolación. La novela se puede leer como el manifiesto feminista de una mujer insatisfecha sometida al ambiente opresivo de la sociedad provinciana francesa, pero también como una crítica a la vida burguesa, a sus instituciones, sus costumbres y su modelo educativo. La publicación de Mme. Bovary provocó uno de los escándalos literarios más violentos de la historia y casi acaba con su autor en la cárcel, acusado de inmoralidad (en España el editor Gonzalo Losada y el traductor Miguel Amilibia fueron condenados por publicar la novela ¡en 1961!).

La otra obra de Flaubert

Después de Mme. Bovary el público dio la espalda a Flaubert y ni Salambó ni La tentación de san Antonio fueron bien acogidas. Con La educación sentimental, otra de las grandes novelas del XIX, consiguió de nuevo la atención de los lectores, aunque sin alcanzar el éxito de Mme. Bovary. Se trata de una novela-río inspirada en Elisa de Schlesinger, una de las grandes pasiones amorosas del autor. Una obra de plenitud en la que su protagonista, Frédéric Moreau, es ya ejemplo de lo que será el antihéroe en la novela moderna. A través del protagonista Flaubert lanza una mirada que es todo un documento histórico sobre las turbulencias que hundieron la monarquía de Luis Felipe en 1848. Es una pena que Bouvard y Pecuchet, un intento de narrar la evolución política de la burguesía francesa desde 1789, quedase inacabada a la muerte del autor. Aún así, Flaubert culminó con esta obra su ideario literario, histórico y filosófico.

Correcciones en una página del manuscrito original de "Madame Bovary". bovary.fr

Pasión por el estilo

En 1988 se publicaron en Francia los Carnets de trabajo, más de mil folios de notas y borradores que desvelan la génesis de las obras de Flaubert, los métodos de su documentación, abrumadora, y los cientos de libros que leyó a lo largo de su vida (sólo para escribir Bouvard y Pécuchet se documentó en 1.500 obras). Los apuntes revelan una mente creativa y una disciplina de trabajo extraordinarias. Flaubert carga cada palabra de color, expresión, sonido y significado, buscando la musicalidad en cada frase: “Entre todas las expresiones, formas y giros, hay una sola expresión, un solo giro y una sola forma de lo que yo quiero decir”, escribió. Misticismo estético, obsesión compulsiva, agotadora, éxtasis literario. En una época en la que Balzac y Dumas inundaban el mercado editorial, Flaubert tardaba años en alumbrar cada nueva obra. Escribía una o dos páginas diarias, a veces sólo un párrafo, y corregía incesantemente. Con este método comenzó a escribir Mme Bovary en septiembre de 1851 y no la terminó hasta abril de 1856.

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