Allá por los años 80, el cómic patrio vivió una espectacular ebullición creativa. Las revistas de cómics recogieron las ganas de renovación de varias generaciones de autores y autoras, desde los más veteranos curtidos en el trabajo en agencias y el éxito en el mercado americano, que volvían con la esperanza de ser reconocidos en su país, a los más jóvenes que querían expresarse a través del cómic sin la losa de la censura franquista.

El ‘Kraken’ sigue aquí

El ‘Kraken’ sigue aquí Álvaro Pons

Una conjunción afortunada que, añadida a la necesidad de desprenderse de la consideración infantilizante que el cómic había vivido durante décadas se plasmó en un abanico inmenso de obras sugerentes, desde aquellas que bebían de la tradición a las que la rompían desde la vanguardia más rabiosa. Los kioscos se llenaron de revistas dirigidas a un lector adulto que buscaba un tebeo diferente: desde la renovación del género de Totem o Cimoc a la tradición modernizada de 1984 o Creepy, pasando por la vanguardia estética de Cairo o Madriz. La oferta fue tan amplia que pronto aparecieron propuestas que buscaban la pirueta más arriesgada, como la revista Metropol. Nacida desde una iniciativa cooperativista de dibujantes, en la mejor tradición de TioVivo o Metal Hurlant, se diferenciaba por establecer una original oferta en la que todas las historias transcurrían en un espacio único, la imaginaria ciudad de Metropol. Un auténtico “tour de force” que se cimentaba en el talento sin límite de uno de los mejores guionistas del cómic nacional: el valenciano Antonio Segura.

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El ‘Kraken’ sigue aquí Álvaro Pons

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De sólida formación literaria y conocedor profundo del género negro, planteó una compleja obra coral en el que diferentes historias se interrelacionaban entre sí sin perjudicar su esencia individual. Cada serie era autónoma, pero dejaba pequeños detalles y pistas que permitían una segunda metalectura, en dos niveles donde brillaba no solo la inteligencia e imaginación del guionista, sino su compromiso político. Aunque la experiencia apenas llegó al año de existencia, algunas de las series que dibujaron autores de renombre como Manfred Sommer, José Ortiz, Luis Bermejo, Jordi Bernet, Leopoldo Ortiz o Leopoldo Sánchez lograron sobrevivir en otras revistas. Una de ellas fue Kraken, dibujada por Jordi Bernet y reconocida como una de las mejores creaciones del prolífico tándem.

Segura planteó una historia de género negro con ribetes de ciencia-ficción y terror que planteaba las cloacas de Metropol como un auténtico sistema circulatorio que daba vida a la ciudad, pero con apestosos fluidos vitales de miseria, muerte y depravación. El teniente Dante, de la brigada de los krakaneros, era el particular Virgilio del lector para el descenso a los círculos de un infierno lleno de ratas, podredumbre, vidas perdidas y un temible monstruo lovecraftiano sin forma, un mitológico Kraken que abandonaba las aguas oceánicas para quedar recluido en una cárcel de alcantarillas.

Un escenario perfecto para que el valenciano diera rienda suelta a una visión deprimente del ser humano, donde la violencia extrema se convierte en la única forma de relación entre los habitantes de una sociedad corrupta.

Cada historia ahondaba en las monstruosidades del ser humano, la única y verdadera aberración de la creación, con agrias metáforas de la realidad que se podía encontrar en cualquier diario, pero sin atisbo de moralina. Al contrario: los relatos de Segura no tenían nunca un final que permitiera una lectura edificante y el mal campaba a sus anchas sin castigo. La justicia es solo la cara corrupta de un sistema hipócrita y la bondad es tan solo una faceta más de la poliédrica realidad de un ser humano con más sombras que luces.

Un contundente discurso que Jordi Bernet redondeaba en obra maestra con su impresionante dominio de la narrativa gráfica, con páginas que iban desde el terror expresionista a escenas de acción de una fuerza tal que se salía de la viñeta.

Casi cuarenta años después de su concepción, la editorial DQomics publica un cuidado integral de toda la obra en su original y potente blanco y negro, que permite comprobar que sus virtudes no solo siguen intactas, sino que su mensaje es preocupantemente reconocible hoy.