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Persona muy grata

Jorge Edwards cumple 90 años

El escritor chileno Jorge Edwards. |  // FDV

El escritor chileno Jorge Edwards. | // FDV

Entrevisté unas cuantas veces al escritor chileno Jorge Edwards y en cada una de ellas tuve la oportunidad de confirmar la generosidad y el afecto de una persona más allá del escritor que llega a los noventa años (este 29 de junio) dejándonos una obra literaria digna de la mejor consideración.

Aunque ya llevaba años publicando libros de relatos (“El patio” en 1952 y “Gente de la ciudad” en 1961) y había tenido cierto éxito con la novela “El peso de la noche” (1964), Jorge Edwards irrumpió con fuerza en el panorama político y literario cuando, después de ejercer como embajador de Chile en Cuba, nombrado por el Gobierno de Salvador Allende, Fidel Castro lo expulsó del país considerándolo “persona non grata”, término que Edwards aprovechó para titular su libro de crónicas publicado en 1974 por Barral en el que cuenta sus experiencias en la isla, un manuscrito que Carmen Balcells custodió celosamente en un banco durante dos años. El episodio que desató la decisión del Gobierno de Cuba fue la crítica que Edwards y otros intelectuales hicieron al régimen de Castro a raíz del caso Padilla, el poeta cubano encarcelado por el castrismo y obligado a una vergonzosa autoinculpación pública. La publicación de “Persona non grata” le granjeó enemistades en la izquierda de aquellos años, identificada con la revolución cubana, y algunos escritores del “boom” también evitaron su trato. Pocos años después del golpe de estado de Pinochet, la dictadura militar expulsó a Jorge Edwards del cuerpo diplomático y lo condenó a un largo exilio en Lima, Barcelona y Calafell (en esta localidad terminó su novela “Los convidados de piedra”). En 1978 volvió a Chile y retomó su carrera diplomática como embajador del país en la Unesco.

La literatura de Jorge Edwards juega con la realidad, la ficción y la memoria en escenarios de Chile

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La literatura de Jorge Edwards juega con la realidad, la ficción y la memoria en escenarios de Chile. Entre el exorcismo y la catarsis, en sus novelas fue dejando testimonios autobiográficos, como en “Los convidados de piedra” (1978), “El museo de cera” (1980) y “Adiós, poeta” (1990). En este último recoge su relación de años de amistad con Pablo Neruda, a quien trató en La Habana y en París en los mismos años que a Vargas Llosa, García Márquez y Julio Cortázar. Este género entre la autobiografía y la ficción culmina con “El inútil de la familia” (2005), su mejor novela, donde rescata a otro de sus antepasados, Joaquín Edwards Bello, personaje vividor, irreverente, pendenciero, tahúr y también escritor (“El Roto”, “El inútil”, “Criollos en París”), y nada mediocre, a juzgar por el Premio Nacional de Literatura con el que fue galardonado en 1943.

Jorge Edwards utiliza la figura de su tío para contar su propia vocación literaria, unida a su familia y a su época, y aprovecha para recorrer la historia política de Chile a lo largo del siglo XX. Esta utilización de realidad y ficción en su literatura la justifica el propio Jorge Edwards cuando en el prólogo a esta novela escribe: “La ficción reduce la proliferación confusa de los hechos. En algún sentido, simplifica, introduce en el caos de los acontecimientos algo que se podría llamar coherencia”. Una de sus últimas obras, “La última hermana”, es también la biografía novelada de otra tía del escritor, María Edwards McClure, militante antinazi que ayudó a los judíos perseguidos en Francia y salvó decenas de vidas de recién nacidos en el hospital Rothschild de París cuyas madres eran trasladadas a campos de concentración

Jorge Edwards recibió el Premio Cervantes en 1999 y al año siguiente le fue concedida la nacionalidad española

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Pero este género, que actualmente se sitúa en los aledaños de lo que se viene llamando autoficción, no es el único que practicó Jorge Edwards. En “El museo de cera” trata la decadencia de la alta burguesía chilena y una visión paródica del pensamiento reaccionario y en “La mujer imaginaria” (1985) hace una reivindicación de la libertad de la mujer enfrentada a los prejuicios familiares y sociales. “El anfitrión” (1987) y “El sueño de la Historia” (2000) son reflexiones sobre el poder político; la primera desde el territorio de las dos Alemanias de la posguerra mundial y la segunda desarrollada entre el Chile colonial del siglo XVIII y los años de la dictadura de Pinochet.

Jorge Edwards recibió el Premio Cervantes en 1999 y al año siguiente le fue concedida la nacionalidad española. Felicidades, maestro y siga regalándonos su literatura muchos años más.

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