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En la mente de un escritor

Se publican las experiencias de Thomas Wolfe y sus relaciones con el editor Max Perkins

Colin Firth y Jude Low en un fotograma de la película “El editor de libros”

Colin Firth y Jude Low en un fotograma de la película “El editor de libros”

En 2016 se estrenó la película de Michael Grandage “El editor de libros”, en la que se contaban las turbulentas relaciones entre el escritor Thomas Wolfe y su editor William Maxwell Evarts, conocido en el mundo literario como Max Perkins. El guión estaba inspirado en el libro de A. Scott Berg “Max Perkins: Editor of Genius”. En 1936 Thomas Wolfe había escrito su propio libro sobre estas relaciones, “Historia de una novela”, que ahora publica en España la editorial Periférica.

Historia de una novela

Historia de una novela Thomas Wolfe

Max Perkins fue uno de los grandes editores de literatura americana. Entre sus méritos destaca el descubrimiento y edición de las primeras novelas de Ernest Hemingway, Scott Ftzgerald, Erskine Caldwell y James Jones, de quien publicó la novela “De aquí a la eternidad”, que Fred Zinnemann convirtió en una película de éxito en 1953.

Después de haber sido rechazada por varios editores, Max Perkins se interesó por la publicación en 1929 de “El ángel que nos mira”, la primera novela de Thomas Wolfe (1900-1938), que se convirtió en un éxito de ventas y fue además muy bien acogida por la crítica. A raíz de esta primera publicación Wolfe se enfrenta a los fantasmas de todo escritor debutante: el temor a no poder mantenerse a la misma altura de su primer libro y a las dudas que asaltan a los creadores para abordar su segunda obra, presionados por la crítica y los lectores.

Wolfe descubre sus intrincados pensamientos durante la creación de su obra

Como dice el propio Wolfe, no es lo mismo desear ser un escritor a serlo de verdad. Se enfrentaba además al rechazo de los habitantes de su pueblo, Asheville, en Carolina del Norte, que criticaron el retrato que en su primera novela había hecho de muchos de ellos y de la localidad en sí, puesto que el libro, sin ser una autobiografía, recogía muchos recuerdos de infancia del autor que no gustaron a sus convecinos, quienes además manipulaban las historias que se recogían en la novela cuando no inventaban aspectos totalmente falsos sobre ellas. Estos acontecimientos hundieron al escritor en una depresión y en un estado de ánimo del que vino a rescatarlo Max Perkins, a quien Wolfe atribuye el logro de terminar su segunda novela.

El mérito de “Historia de una novela” es el de poner al descubierto los intrincados pensamientos que asaltan al escritor durante la elaboración de su obra. Wolfe analiza y expone las dificultades y los problemas del oficio de escribir, de encontrar al fin el método y dar con las salidas para resolver la parálisis que con frecuencia se apodera de los escritores mientras están entregados a una actividad que les aísla de la sociedad, que les obliga a olvidarse de vivir para dedicar su vida a la escritura. La mayor parte de este pequeño libro (apenas 100 páginas) está dedicada a estos problemas a los que Wolfe se enfrenta durante la redacción de su segunda novela, “Del tiempo y el río” en la que invirtió más de cinco años durante los que residió en varios países europeos y en los Estados Unidos. El resultado de aquel trabajo fue un manuscrito de dimensiones descomunales, imposible de publicar, que contenía varias novelas en una y al que, además, cuando Wolfe se lo entregó al editor faltaban otros diez capítulos aún sin terminar. Perkins tomó la decisión entonces de rechazar esos capítulos y recortar todo lo que fuera posible para convertir el original en una novela con posibilidades de ser publicada y leída. Junto con Wolfe inició una frenética labor de recortes que dejó el manuscrito en menos de la mitad y además el primer capítulo, que según el propio editor era un texto de una gran calidad, fue extirpado sin contemplaciones. De esa experiencia Wolfe sacó enseñanzas que transmite a los escritores que se encuentran con este problema: “algo que en sí mismo está bien escrito no necesariamente tiene por qué encontrar un lugar en el manuscrito final”.

La novela fue uno de los grandes éxitos de 1935, el año en el que por fin se publicó, y situó a Thomas Wolfe entre los mejores escritores de Norteamérica.

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