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Cuando el fotoperiodismo es arte

Se publican un centenar de fotografías inéditas del fotoperiodista Steve McCurry

Anciana en Cuba.

Anciana en Cuba. Steve McCurry

Desde sus inicios como fotógrafo independiente en la India, Steve McCurry (Filadelfia. 1950) ha forjado su carrera en las filas del mejor fotoperiodismo de guerra. Su obra comenzó a ser conocida internacionalmente cuando, disfrazado de nativo, se infiltró en Afganistán desde la frontera paquistaní días antes de la invasión soviética de 1979 para hacer unas fotografías por las que fue galardonado con el premio Robert Capa en 1980 y facilitaron su entrada en la Agencia Magnum. Desde entonces ha cubierto algunos de los conflictos bélicos más importantes: Camboya, la antigua Yugoslavia, las guerras de Afganistán y del Golfo, Birmania, Yemen, Cachemira… Los atentados del 11-S lo sorprendieron en su estudio de Nueva York, tan próximo a las Torres Gemelas que desde la ventana pudo tomar la serie de fotografías que se recogen en el documental “Desde mi perspectiva”.

Niñas en Togo. // S.M.

La fotografía más conocida de McCurry es el retrato de Sharbat Gula, una joven afgana del campamento de refugiados paquistaní de Nasir Bagh Peshawar, publicada en la portada de National Geographic, a quien volvió a encontrar años después y retrató para la misma revista y que se convirtió en una de las imágenes emblemáticas del siglo XX. En Camboya fotografió los templos de Angkor, uno de los monumentos más espectaculares del mundo, patrimonio universal de la Unesco, incluidos en su obra “Santuario” (2002). Otros de sus libros son “Retratos,” “El sur del Sureste asiático” (2000) o “En la sombra de las montañas” (2007).

Mientras cubría los frentes de batalla y se desplazaba por países lejanos y exóticos, aún tenía tiempo para detenerse y observar las vidas cotidianas de las personas normales que habitan en ellos, registrar con su cámara sus costumbres, sus ritos y sus fiestas. Captar escenas de la calle con peluqueros, dentistas y costureras que ejercen sus oficios al aire libre, imágenes urbanas de pueblos deprimidos, paisajes espectaculares de vergeles exuberantes y desiertos de arenas ardientes que contrastan con sus fotografías de los gigantescos bloques de hielo de la Antártida. Captar el momento preciso y mostrar los contrastes que trascienden lo visual entre las personas y los escenarios en los que se mueven. Mujeres embutidas en burkas que contemplan carteles publicitarios de estrellas de Bollywood. El cuidado de ancianos en Birmania, cuentacuentos en Peshawar, mujeres engalanadas con joyas, cuentas de vidrio, conchas y semillas en Etiopía, el mercado flotante de verduras en Cachemira… McCurry guarda miles de fotografías tomadas durante medio siglo unas veces en los lugares por los que pasaba para cubrir la información y otras para conocerlos sin tener que estar pendiente de la inseguridad de la guerra y de los peligros que acechan en lugares de visita poco aconsejable. Algunas de esas fotografías inéditas (más de cien) se incluyen ahora en un lujoso fotolibro que acaba de publicar la editorial Blume con el título de “El mundo en mis ojos”.

Niño tibetano. | // S.M.

Niño tibetano. | // S.M.

Salteadas por frases de Rabindranat Tagore, C.S. Lewis, Van Gogh, Chesterton… van apareciendo ante los ojos del lector imágenes tomadas en India, Japón, Papúa Nueva Guinea, Cuba, Etiopía, Rusia, Estados Unidos… todas en color y todas de una extraordinaria belleza plástica. McCurry demuestra una vez más que el fotoperiodismo es también un género en el que la información y el documento no están reñidos con el arte más exquisito, poniendo en práctica una de las características del fotoperiodismo actual, un nuevo documentalismo, heredero de la tradición de los siglos XIX y XX, que permite al observador hacerse una idea más profunda de determinados temas de una actualidad más flexible que la de los medios clásicos; un documentalismo multicultural y heterogéneo que da acceso a temas vetados o desconocidos y que tiene nuevas formas de expresión artística.

Anciana en Cuba. Steve McCurry

A pesar de las acusaciones de utilizar Photoshop para embellecer algunas de sus imágenes (“Yo no soy un fotoperiodista sino un contador de historias. Yo tomo mis imágenes con un sentido estético”, se disculpó en unas declaraciones a la revista “Time”), este libro de McCurry es un documento impagable para valorar en toda su dimensión el género del fotoperiodismo y su sentido artístico.

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