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Donde aguarda el abismo

El escritor francés Emmanuele Carrère.

El escritor francés Emmanuele Carrère. FdV

El regreso de Carrère ha sido el gran acontecimiento literario de Francia de los últimos tiempos. Seis años después de “El Reino”, en la que relata su relación con la fe, el escritor parisino traza en “Yoga” su crisis existencial desde 2015 y lo hace de una forma en la que le puede interesar a cualquier lector; los mejores escritores poseen esa virtud.

Emmanuele Carrère cuenta en su regreso con “Yoga”, una novela sin corsés, la crisis existencial marcada por la depresión que lo llevó al internamiento hospitalario

El suyo no es solo el relato de la lucha contra la profunda depresión de tendencias suicidas que lo llevó a permanecer hospitalizado cuatro meses con el diagnóstico de trastorno bipolar siendo ya un sexagenario, sino también una zambullida literaria en el abismo personal. Es algo que no parece sencillo describir en una novela, aunque en este caso se aleje, como suele ser habitual en Carrère, de los corsés.

“Yoga” habla de un abatimiento melancólico, grave, pesado, del que no todo el mundo sale airoso. El autor recurre al vipassana, pero no cree en filosofías demasiado optimistas: el desarrollo particular de cada uno le inspira perplejidad, en cambio las pruebas que le permiten avanzar son ciertas. Llama yoga a los ejercicios que, además de mejorar la forma física, transforman la conciencia; el hecho de que esta se halle desordenada hace caer en el vacío al ser humano. Recuerda con nostalgia el pasado en que meditaba borracho y se siente reconfortado por la figura retrospectiva de Jean-François Revel, con quien se cruzaba en los veranos bretones empujando el carro del supermercado lleno de botellas de vino y capaz de escribir “libros de deslumbrante lucidez e inteligencia amarga”. No se imaginaba, como admite, que treinta años más tarde su maravillosa antología de la poesía francesa le salvaría, prácticamente, la vida.

“El adversario”, publicada en 2000

“El adversario”, publicada en 2000 Emmanuele Carrère

Hubo un momento en su trayectoria literaria en que Emmanuel Carrère decidió escenificarse a sí mismo en primera persona para poder sentirse un narrador involucrado. Hasta entonces, su carrera contaba con novelas pobladas de psicópatas o tipos corrientes que, de repente, se hunden en la demencia. Luego, en “El adversario”, publicada en 2000, contó la historia reconstruida de un farsante que en 1993 mató a sus padres, su esposa y sus hijos, tras hacerles creer que era médico. Pocos escritores han arriesgado tanto al meterse en la piel de un personaje como él hizo en “Limónov” (2011), un protagonista de carne y hueso, estrambótico aunque real, que parece sacado de una novela de aventuras y que le sirve, además, para recomponer un fresco inigualable sobre la reciente historia de Rusia.

En “Yoga” hay verdad y también ficción. Él mismo ha confesado que mintió para proteger a su familia. Ello no le libró, sin embargo, de las acusaciones de su exmujer, que le reprocha haber abusado de su privacidad sin consentimiento, dando lugar a un debate sobre la falta de honestidad precisamente de un autor que ha hecho de la honradez su estandarte literario. Es comprensible: resulta necesario enganchar al lector, y eso no se consigue con un mero ensayo sobre la meditación budista; Carrère trae con él su depresión, la enfermedad, el internamiento, y también la doble ruptura amorosa, las pródigas lecturas, el problema de la inmigración y hasta los ataques a “Charlie Hebdo”. Una vez que se abre el libro no hay manera de cerrarlo. Como él mismo ironiza: siempre pasa algo en las fosas nasales de cada uno.

En “Yoga” encontramos al escritor en enero de 2015. Está a punto de subirse a un tren camino de la Francia rural, para un retiro de diez días en el que pasará meditando en silencio la mayor parte del tiempo. En el transcurso del relato se dedica a destripar en qué consiste la meditación; no es algo que se explique solo de un modo. Aunque en las páginas suceden muchísimas cosas más: Carrère es un maestro en mezclar y agitar ideas, encuentros, relaciones personales... y lo hace con ritmo trepidante, igual que si estuviera disparando con una ametralladora. En el cóctel de autor, su vitalidad supera de largo a la del noruego Knausgård mientras se mueve con acreditada soltura en la crónica reflexiva que practica Geoff Dyer, a quien no pierde la oportunidad de elogiar.

El libro se divide en cinco partes que corresponden, se podría decir que cronológicamente, a las historias vividas por Carrère en los cuatro años que siguieron a la meditación budista. Cada una contiene secciones cortas con sugestivos e intrigantes encabezamientos que invitan al lector a seguir adelante con la certeza de que lo que viene a continuación le va a interesar.

“Seguimos sin morir mientras podemos”

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El ensimismamiento en el párrafo o en la frase existe, de lo contrario no sería Carrère, pero es de forma confesional y no siempre; solo cuando sus pensamientos lo conducen a lugares que invitan a ser explorados, como la historia del general Massu, uno de los responsables militares franceses durante la guerra de Argelia, que le cuenta al periodista del “New York Times Magazine” cuando le va a entrevistar en la plenitud de su depresión. Los lugares cambian: en París se mueve entre su apartamento y su café favorito, hasta descender al hospital psiquiátrico Sainte-Anne donde se producen los episodios más dolorosos de la historia de su trastorno bipolar. Hasta que “un gilipollas” –la excepción entre los médicos que le tratan– llama a su hermana Nathalie para preguntarle: “Su hermano ha formulado una petición de eutanasia. ¿Qué hacemos?”. La cuarta parte transcurre en la pequeña isla griega de Leros, donde el escritor se ve envuelto en la crisis de refugiados europea. Al desprenderse, sin un motivo aparente, de la intención troncal que atraviesa el libro, puede que sea la menos interesante de todas.

Y al final, aguarda la conclusión feliz del agua gentil en Mallorca. “Seguimos sin morir mientras podemos”, escribe el autor de “Yoga”.

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